Miles de personas se movilizaron en distintos puntos del país contra el femicidio y por la igualdad de género. Después de un paro histórico y mientras Messi metía tres goles en la Champions, las mujeres metieron un gol de mitad de cancha. Otra vez.

Paremos la pelota

Catalina Sarrabayrouse

28 DE MARZO DE 2018

Ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo¨, dijo una vez el escritor Eduardo Galeano. En estos días donde se ha hablado tanto sobre femicidio, violencia de género, entre otros temas de este tenor es difícil comunicar algo que no se haya hecho aún pero es importante plantear lo que está sucediendo y no darle la espalda.

Las mujeres estamos siendo violentadas, sometidas y sufrimos día a día el machismo del hombre. Al ir caminando por la calle tenemos que tolerar y escuchar un comentario incómodo y que ninguna de las personas que camina a tu lado y lo escuchó reaccione ante eso. ¿Tenemos que soportar que esto se haya vuelto natural? Al igual que la odisea de problemas que debemos afrontar cada noche al regresar del boliche. Caminar por la calle suena imposible porque la exposición ante alguna situación donde nos encontremos vulnerables es inmensa y la salida en un taxi también nos deja expuestas. Hemos escuchado más de una vez que alguna mujer fue abusada en un medio de transporte y el miedo reina en nosotras. Luego de que algún hecho horroroso ocurre los comentarios son proporcionalmente repudiables. Un extenso análisis sobre la vestimenta de la mujer tendrá lugar junto a alguna foto que sea considerada adecuada para justificar los hechos ocurridos. Parece que por usar una pollera corta o un escote pronunciado tenemos que tolerar ser violadas o atacadas. Parece que salir con amigas a bailar es motivo suficiente para que un hombre tenga el derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento. Parece que tomar alcohol por las noches causa violaciones. Parece, eso parece, de acuerdo a los registros y los enfoques desde varios de los medios masivos de comunicación.

Esto es solo una parte de lo que sucede en esta sociedad machista donde incluso en el ambiente laboral las mujeres nos encontramos en condición desigual. A la hora de aplicar la capacidad intelectual no siempre es lo primero a observar por parte del empleador, el ¨buen¨ cuerpo siempre entra en tela de juicio. A su vez la maternidad nunca es un tema menor, si tenemos hijos chicos es un problema y si aun no somos madres también lo es. Esos mismos hombres que estuvieron 9 meses en el útero, hoy miran con desconfianza a aquella mujer que no abandonó la idea de ser madre y aplica para su trabajo.

El mundo del deporte tampoco conoce la palabra igualdad y menos aún si es acompañada de: género ¿Cuántas mujeres entrenan un equipo en la primera división de algún club de fútbol? ¿Cuántas mujeres arbitran un partido? En un país donde este deporte es el preferido de miles de habitantes ¿Tiene la misma importancia cuando es practicado por mujeres que cuando lo es por hombres? Ni hablar del periodismo deportivo, el comentario: ¨Es mujer, de fútbol no puede hablar¨, tiende a sonar en la boca de más de uno. Ni hablar, claro, de la agresión que sufrió María Eugenia Rocco, árbitro asistente en el partido entre Deportivo Merlo y Argentino de Quilmes.

La lucha iniciada en distintas partes del país y del mundo por miles de mujeres que tienen el coraje para enfrentarse a una sociedad que no las cuida requiere también de los hombres. No porque nos sea difícil lograr un cambio por una condición de inferioridad sino porque siempre juntos podemos más. A la hora de marchar a pesar de que los hombres no caminan de noche con miedo a que alguien los manosee, ni son juzgados por su forma de vestir, ni sufren discriminación en todos los ambientes por su sexualidad seguramente tengan algún ser querido del sexo opuesto. Alguna hermana que caminó por la calle y le gritaron algo que la incomodó. Alguna amiga que un novio le pegó una cachetada por haber salido con sus amigas. Alguna prima que no pudo ingresar en un trabajo por miedo a que al tiempo pida licencia por maternidad. Alguna tía que le halagaron su cuerpo y jamás tuvieron en cuenta su intelecto. Alguna novia que fue juzgada por su primera experiencia sexual. Incluso su mamá pudo haber tolerado un jefe que abuse de su poder con tal de llevar un pan a la mesa. Incluso por sus hijas que reciben cada cumpleaños una cocinita porque es el regalo que la sociedad envía a las pequeñas niñas. Incluso por sus futuras hijas que algún día crecerán y ninguno de ellos va a querer que la violen y luego aparezca muerta en alguna bolsa.

Marchando, caminando o hablando pero, siempre luchando por poner un fin a esta situación es que se necesita que cada mujer y cada hombre ayude a terminar con esta atrocidad.

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