Tiempo de lucha y resistencia: Buenos Aires contra la destitución de Dilma Rousseff en Brasil.

Un golpe blando que pegó muy duro

Milena Portella (@carolinamille)

28 DE MARZO DE 2018

Las banderas verdes y amarillas teñían la tarde soleada del miércoles 31, y los carteles en apoyo a Dilma Rousseff se hacían cada vez más presentes en la Embajada de Brasil para escuchar la decisión del Senado Federal.

Después de la lluvia y varios días grises, el sol volvió a salir en la ciudad, pero no en el corazón de esos brasileños. Un resultado negativo estaba por ser sentenciado en Brasilia y junto a él la destrucción de los logros alcanzados en los últimos 12 años.

Desde la reelección de Rousseff en 2014 por 54,5 millones de votos, la oposición junto a medios de comunicación influenciables no permitieron que la gobernanta ejerciera su mandato. Inconformados con la inclusión social y desaparición del hambre en un país que fue el último en abolir la esclavitud, no encontraban manera de retirar del poder a un gobierno que llevaba 12 años derrotándoles en las urnas.

Eran cada vez más las calumnias en contra de la mandataria, junto a la hipocresía de los que la condenaron por estar involucrados en actos de corrupción. La idea del impeachment a Dilma parecía como una idea floja de la oposición hasta que el expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, expuso su desafiliación con el gobierno petista y dio apertura al proceso de destitución de Rousseff.

Una sesión calumniosa e infame donde se olvidaron el verdadero motivo por el que estaban allí y votaban por Dios y por sus familias, pero no se debatía si Dilma había cometido algún crimen. Cuatro meses después la escena volvió a repetirse, pero esta vez en el Senado Federal donde 61 votos fueron más fuertes que los de 54,5 millones de brasileños. Fue dictado el comienzo de un Golpe de Estado Parlamentario y fin del sueño de un obrero paulistano que puso el primer ladrillo en convertir a Brasil en una de las potencias mundiales.

Desde la madrugada del 31 de agosto cuando finalizó la sesión en el Senado, en Brasil estallaban rumores que se habían logrado 61 votos para que Dilma no fuera más la mandataria del país. A pesar de los dichos, las esperanzas de los brasileños eran pequeñas, pero aún existían.

“No esperen de mí el silencio de los cobardes. En el pasado fueron las armas, y hoy es la retórica jurídica, quieren terminar con el Estado de Derecho (…) No lucho por mi mandato, vanidad o poder, y sí por la democracia, verdad y justicia”, dijo Dilma Rousseff en su presentación de defensa en el Senado Federal.

Alrededor de las 14 horas, el presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski, oficializó la apertura de la votación del impeachment de la presidenta apartada. Los corazones pulsaban más fuerte y el miedo se hacía presente desde Oiapoque hasta Cerrito al 1350. Miedo a ver los derechos, progresos y conquistas logradas en los últimos años llegando a su fin por las medidas previstas por el entonces interino Michel Temer.

Temer aún como vicepresidente tomó medidas catastróficas, como subir la edad mínima para la jubilación, el aumento de impuestos, corte de subsidios, que incluye al de atletas que logró que Brasil tuviera un creciente desempeño en los últimos Juegos Olímpicos, principalmente en Río 2016. Además, de un ministerio sin mujeres y con cortes en programas sociales y cargos en el gobierno.

El himno brasileño salía de las diferentes voces de los 61 senadores que aprobaron el impeachment de Dilma. Mientras celebraban en Brasilia, una nación se desamparaba en llanto. Empezaba un día amargo y triste para la historia brasileña donde la tristeza parecía no cesar.

En Buenos Aires la noche se acercó y junto a ella ataúdes de cartón, rosas blancas y lágrimas. El viento soplaba cada vez más fuerte sobre las banderas verdes y amarillas vestidas con una franja negra, y las palabras amigas junto a los abrazos trataban de confortar a los corazones que se acercaban a la Embajada en aquella noche.

Llegado el momento los manifestantes cerraron el pasaje sobre Cerrito, y los autos ya no podían circular más por allí. Mientras la situación provocó el enojo de algunos, otros pararon y se sumaron al acto.

Las velas lucían las frases en repudio al Golpe en Brasil en un extenso cartel puesto sobre el piso enfrente a la Embajada. Con el pasar de las horas los respectivos emisarios dejaban el recinto, pero eso no provocó que las músicas contra Temer y en apoyo a Rousseff perdieran fuerza.

Curiosos se asomaban desde las ventanas de los edificios y restaurantes en la Avenida 9 de Julio: eran centenares de voces que marchaban con sus carteles y banderas hasta el Obelisco bajo la custodia de la Policía Federal.

“En un tiempo, página infeliz de nuestra historia, pasaje desteñido en la memoria de nuestras nuevas generaciones, dormía nuestra patria tan distraída, sin percibir que era restada en transacciones tenebrosas”, con las palabras del cantautor brasileño Chico Buarque cerraban el acto abrazados. En siete días volverían a unirse.

De un lado trajes finos, champagne y caviar. Del otro, repudio, gritos y parlantes. El 7 de septiembre, día de los 194 años de la Independencia de Brasil, miles de brasileños salieron a las calles de su país en contra al gobierno de Michel Temer, y la migración brasileña en la ciudad también se manifestó bajo el lema: “¿Independencia para quién?”. Un día tan especial dejó de ser festivo para dar espacio a protestas en contra al gobierno de Michel Temer.

La lluvia cesó y el viento ya no soplaba tan fuerte, bajo un cielo gris decenas de personas iban acercándose a la parte trasera de la Embajada de Brasil en Buenos Aires con carteles, banderas y equipamientos de música para ayudar en la organización. Mientras los diplomáticos ingresaban al recinto, los manifestantes les entregaban panfletos contra Temer.

Con el pasar de las horas más personas iban acercándose al recinto, pero no eran sólo brasileños: representantes de organizaciones sociales y políticas argentinas se sumaron a demostrar su apoyo frente a la situación que vivía el país vecino, a pesar de que Mauricio Macri fue el primero en reconocer al gobierno de Temer como legítimo luego de la destitución de Rousseff.

El desinterés de los embajadores lucía por el extenso balcón, reían y disfrutaban del evento como si no hubiera manifestantes del otro lado de la calle. La noche se acercaba y sobre las paredes de la Embajada lucían las palabras “Fuera Temer”, que luego daba espacio para una foto de la ex mandataria destituida.

“No existe Independencia sin democracia”, manifestó la migración brasileña. Lo que era para ser un día festivo resultó más un día de batalla, como los que viven desde el pasado 31.

Los uniformes camuflados, las botas marrones y armas fueron sustituidos por sacos y corbatas. Se vive un Golpe de Estado en Brasil, pero diferente a lo que nos acostumbramos a ver y leer. Desde Oiapoque, punto extremo norte del país, al Chui, extremo sur, y por todas las ciudades del mundo, los brasileños prometen seguir en las calles. La lucha continúa.

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