Delfina Pignatiello, la nadadora de 17 años que se coronó recientemente en el Mundial Juvenil, tanto en los 800 mts. como en los 1500 libres, charló con El Equipo y contó cómo se prepara para los Juegos Olímpicos de la Juventud del año próximo en Buenos Aires y para Tokio 2020.

Bicampeona mundial

J.I. Saravia, M. Chiacchio, A. Olszewski y P. Vicente

28 DE MARZO DE 2018

Suena la alarma, el sol todavía no asoma y Delfina Narella Pignatiello se despierta en su casa de Martínez. De lunes a viernes se levanta a las 5 para estar en la pileta 5.45. Su madre Paula Beltrame dice que es muy exigente con los horarios y que no quiere perder un segundo de entrenamiento. Luego de una hora y media, sale apurada hacia la Escuela Cardenal Spínola, la cual se encuentra a 19 cuadras del Polideportivo Municipal, lugar donde se entrena. Al colegio llega despeinada, con la cara llena de cloro y sin maquillaje, pero con el uniforme que a ella le gusta, pollera escocesa verde y roja, chomba blanca y buzo de egresados violeta con flores azules en la capucha. “Cuando salgo de cursar voy a mi casa, almuerzo liviano, descanso un rato y luego continúo con mi rutina diaria”.

La pileta olímpica y cerrada cuenta con un ambiente húmedo y una temperatura de 31 grados, además de un gran bullicio y un constante movimiento de personas. Desde dos gradas, 20 padres observan a sus hijos nadar en la parte más baja. En el borde hay 20 botellas, patas de rana y manoplas.

Las vallas blancas delimitan el espacio entre los espectadores y los nadadores, que en ocho andariveles, separados por boyas azules, rojas y blancas, realizan el segundo turno del entrenamiento de las 16. Allí, la nadadora de 17 años se prepara en el Campo de Deportes Número 1 del Municipio de San Isidro, junto a sus compañeros y bajo el mando del entrenador Juan Carlos Martín, al que conoció a los 11 años a través de su mamá, que es profesora de educación física.

Delfina viste una malla gris topo con líneas rosas fosforescentes. Se calza un gorro multicolor y antiparras negras. Es la primera en tirarse a la pileta, cuando suena el silbato de su profesor. Se zambulle en el segundo andarivel y comienza su entrada en calor. Realiza 18 brazadas de ida y de vuelta durante diez minutos. Al mismo tiempo, intenta mejorar la respiración y la manera en que entra y sale la mano del agua, indicaciones sugeridas por el australiano Bill Sweetenham, ganador de cinco medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, en el evento Campus Buenos Aires 2018 en febrero.

Del otro lado, se retira un grupo de niños hacia los vestuarios y los padres se levantan de la tribuna para esperarlos en la puerta de los vestidores. Los pequeños se llevan las toallas colgadas de las vallas para dar paso a la siguiente clase, en la que un guardavidas rubio les enseña a tirarse a la pileta a través de un aro verde, mientras son observados por los familiares desde los tablones de madera.

Luego de finalizar el precalentamiento, Delfina toma agua y vuelve a arrancar con series de 1.500 metros. Al lado suyo están sus compañeros de entrenamiento, quienes le sirven de apoyo moral constantemente, ya que es propensa a fastidiarse consigo misma ante un desempeño inesperado. “Vive cada entrenamiento al máximo”, dice su madre. “Es un deporte muy riguroso y yo soy muy autoexigente: o me frustro mucho o me presiono para mejorar”, dice Delfina. “Si me propongo algo no paro hasta conseguirlo”, agrega.

Fuera de la pileta, se esfuerza en el colegio. Sus amigas la ayudan con la tarea cuando ella emprende un viaje o cuando llega de cada práctica. “Saben el esfuerzo que hago día a día, por eso me comprenden y no me invitan a salir a la noche. Sí lo hacen para merendar o cenar tranquilamente”. Delfina, en el afán de no perder entrenamientos y con el objetivo puesto en los próximos Juegos Olímpicos que se disputarán en Tokio en 2020, resignará su viaje de egresados a Bariloche, aunque interrumpirá su participación en las Olimpiadas Escolares Juveniles (Juegos Odesur) en Chile para poder concurrir a su fiesta de fin de curso, porque cree que es “una noche única”.

El entrenador, chomba blanca, pantalón de jogging azul y cronómetro digital colgado, hace sonar su silbato durante dos horas y media y, sentado en una silla blanca de plástico, estira su brazo derecho y les hace señas a sus dirigidos. Él siempre dice: “Entreno a hombres y mujeres y no a niños y niñas”. Delfina, mientras nada, observa lo que Martín le indica. A pesar del ruido que hay en el ambiente puede concentrarse en lo que su “segundo papá”, como ella lo llama, le pide en el trascurso de la práctica.. Cuando en la pileta se escuchan las zambullidas de los más chicos, el silbato vuelve a sonar y los cinco dedos levantados le indican el tiempo que realizó. La comunicación a través de las señas intenta darse de igual manera en el marco de una competencia, pero no es fácil observar las indicaciones por la distancia entre los dos.

***

Los domingos se levanta temprano para aprovechar el día y espera con ansias los asados de Germán, su papá. También, su tío Sebastián Beltrame, presidente del fútbol infantil de River Plate, aprovecha el día para ver a su sobrina. “Lo que yo quiero es que sea feliz y pueda disfrutar de lo que hace”, dice. Por la tarde disfruta de libros como “Viaje al centro de la tierra”, de Julio Verne, o la saga entera de Harry Potter. “La natación para mí es como el Quidditch para Harry, dice. Además ve series como Sherlock y 13 Reasons Why. “A las 18 hago la tarea del colegio y después sigo mirando Netflix”, dice Delfina, que es la abanderada del Cardenal Spínola. Si no nadara, le gustaría tocar el piano, el violín y el ukelele, aprendió algunas canciones con su hermano Gianluca. También haría yoga (participó de algunas clases en algunas competencias) y danza hip hop. Además le gusta mucho la música, en especial el género electrónico.

“Me encanta viajar, aunque los vuelos que son muy largos los sufro mucho. Suelo ir con mi entrenador. El lugar que más me gustó fue Singapur, donde estuve en agosto de 2015. Mi objetivo principal es volver a Asia en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020”, dice Delfina. “Con mi marido nos vamos turnando para los viajes, aunque no podemos ir a todos e intentamos diagramar nuestras vacaciones para esto. La acompañamos hasta donde podemos”, añade su madre.

“Algunos medios pusieron que me dicen ‘Calu’, pero todos los que me conocen no me llaman así. Solo mi mejor amigo Juani, ya que me encuentra parecida con la actriz Calu Rivero”, dice la nadadora sentada arriba de un podio, al costado de la pileta. Delfina comenta que todavía, luego de haber pasado por muchas notas, se pone muy nerviosa con los periodistas. Cuando son publicadas, sus abuelos, Roque y Machi, la llaman emocionados felicitándola, ya que la ven progresar mucho en lo que más le gusta hacer y en su familia “hay una repercusión terrible”. “Da un poco de miedo ver que algunos medios se anticipen, en el afán de tener una primicia, y ejerzan presión sobre ella cuando dicen que es ‘una niña prodigia’”, dice su tío.

“Cuando termine la escuela quiero seguir estudiando, aunque todavía no tengo decidido comenzar con una carrera universitaria, pero sí quiero retomar mis clases de inglés, para ir a los Estados Unidos. Para eso tengo que dar dos exámenes”, dice. Su tío agrega: “Es un ejemplo para todos porque se enfoca de lleno en los estudios escolares y en la natación”

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DELFINA PIGNATIELLO

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