La nadadora chaqueña, que es especialista en los 50 m. estilo libre y en los 100 m. mariposa y pecho, compartió con El Equipo un día habitual de su entrenamiento en el Cenard.

Daniela Giménez: “Seguramente Tokio sea mi último Juego Paralímpico”

Rodrigo Brusco

28 DE MARZO DE 2018

Bien temprano, a las 8, aún cuando muchos continúan su adagio de sábanas y almohadas, Daniela Giménez camina confiada al lado de una de las piletas olímpicas del CeNARD. La mira, se coloca sus antiparras y sube a la plataforma. Un nuevo día ha comenzado en la vida de esta chaqueña de 24 años que tiene miles de sueños cumplidos y otros tantos por cumplir. “Gracias a nuestras becas, puedo desarrollar mi carrera como nadadora y aunque parezca mentira, Argentina tiene una de las mejores subvenciones del mundo, por encima de Australia y otras potencias", sostiene.

Se prepara para saltar hacia el agua, se agacha y toca su pie derecho con la mano diestra. El izquierdo, en cambio, es acariciado por la terminación de su antebrazo zurdo, ya que tiene una amputación congénita. De nacimiento, la naturaleza atentó contra la simetría bilateral que define al ser humano y la privó de hacer ciertas cosas, pero le regaló un camino que a muchos les gustaría recorrer, el de una gran deportista profesional.

Se impulsa y practica un leve vuelo hacia el cubo acuático ante la atenta mirada de su entrenador, Juan Manuel Zucconi. Con cada brazada recorre su historia. Recuerda a sus amigos, que a los cinco años la invitaron a nadar. A aquella profesora que le hizo conocer el mundo paralímpico. A su esperanza de progreso. Gira su cuello, eleva la cabeza por sobre la superficie e inspira, carga sus pulmones. Ya no está el público que la vio en Beijing 2008, Londres 2012 ni Río 2016. Está sola, preparando su cuerpo y su mente para lo que vendrá.

Direcciona la cara dentro del agua y continúa su nado, las burbujas que exhala dibujan un recuerdo de cada Juego Paralímpico en el que participó. La primera, pinta la espectacularidad de China con todas sus luces y fuegos artificiales. La siguiente le muestra al Big Ben y el momento en el que conoció, por aquel entonces, a un viejo amor. Aquel atleta por el que decidió irse a vivir a Australia en 2013 por un año. Explica por qué decidió volverse: “Las raíces tiran y realmente yo ya no quería estar más allá ni él quería resignar su país para venir a Argentina. El deportista en Australia tiene horarios que le permiten trabajar porque se entrena hasta el mediodía y las becas son inferiores económicamente hablando. Entonces, a partir de las 12, yo me quedaba sin hacer nada”.

La última esfera de aire está llena del color de Río de Janeiro, la siente como propia a pesar de esos nervios generados por las presiones que finalmente le jugaron una mala pasada.

-¿Qué es Brasil para vos?

-Brasil es parte de mi vida, es mío. Lo siento como mi segundo hogar, de hecho, mi mejor amigo es brasileño.

El fondo azulejado le marca el camino, le recuerda que no siempre se obtiene lo que uno quiere, porque a pesar de haber ido tras una medalla, un diploma en los Juegos nunca está tan mal.

-¿Estás conforme con lo logrado en los últimos Juegos?

-Aunque mis amigas me digan que ser novena del mundo es impresionante, no estuvo ni cerca de lo que yo esperaba de mí.

Ve su sombra nadando debajo de ella y aunque esté sola, sabe que siempre estará acompañada. “El pasado quedó atrás, es tiempo de mirar hacia adelante”, asegura.

Toca con su mano el final de la pileta y emprende el regreso.

Al volver sobre su estela, piensa en su tiempo, en su marca récord lograda en los últimos Juegos. Sabe que se viene el Mundial de México en septiembre y deberá dar su mayor esfuerzo por eso, para aclimatarse a la altura del Distrito Federal, realiza dos viajes antes del torneo. Uno fue en abril y el próximo será a unas semanas del inicio. Ve su antebrazo izquierdo realizar un breve recorrido a su lado y entiende por qué este deporte le regaló a sus mejores amigos, aquellos que esta misma disciplina se encarga de que los vea poco a causa de los viajes y las exigencias. Pero ellos siempre estarán ahí cuando más los necesite.

Llega una vez más al otro extremo, ya han pasado un par de horas. El reloj extiende sus agujas indicando que las 11.30 han llegado. Es tiempo de pasar al gimnasio. Luego será el momento de almorzar y una sesión de masajes. Así, cada día de su vida, con las energías renovadas de quien no sólo es atleta, sino también es estudiante de Márketing y Negocios deportivos en la Universidad Católica Argentina.

-¿Cuántos Juegos más te tendrán como participante?

-Estoy casi segura de que Tokio 2020 significará mi despedida del mundo Paralímpico, quiero seguir ligada a mi pasión desde otro lado, desde un lugar que la pueda disfrutar más.

Esa pasión es la que le abrió las puertas a los quince años y aún hoy la mantiene con los mismos sueños y ambiciones de una verdadera campeona de la vida.

Fotos de Pablo Dondero.

MAS NOTAS DE ESTA SECCION

Delfina Pignatiello

"Entrenar hasta que los sueños se hagan realidad"

A sus 17 años, Delfina Pignatiello es la máxima figura de la natación argentina. Ganó dos medallas doradas y una plateada en el reciente Mundial Juvenil de Indianápolis y es una de las grandes esperanzas para los Juegos Olímpicos de la Juventud del año próximo en Buenos Aires. "Gana el que mejor entrenado está, el que mejor cabeza tiene y el que saca ventaja en los aspectos técnicos" le dijo a El Equipo.

Delfina Pignatiello

Bicampeona mundial

Delfina Pignatiello, la nadadora de 17 años que se coronó recientemente en el Mundial Juvenil, tanto en los 800 mts. como en los 1500 libres, charló con El Equipo y contó cómo se prepara para los Juegos Olímpicos de la Juventud del año próximo en Buenos Aires y para Tokio 2020.