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Ya sabe lo que es triunfar en juveniles./Independiente

Orellana, el chico que encontró en la pileta su cable a tierra contra la discriminación

Este nadador paralímpico sufrió no poder ser como el resto de sus compañeros, pero le cuenta a El Equipo como la natación lo ayuda a no tener más ganas de romperles el tabique a los que lo molestan, como ya ha sucedido.

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Spano Gonzalo @Gonzaspano
05 de Mayo de 2016

Agustín Orellana abandonó temprano la reunión familiar para acompañar a su pareja al trabajo y, a pie para no llegar con tiempo de sobra, siguió su camino hasta el encuentro. Sin embargo, 15 minutos antes de lo pactado, abrió la puerta con su mano izquierda y entró. Buscó la mesa, se sentó y apoyó los dos brazos en ella. La merienda, el permitido de la semana del nadador paralímpico de 19 años, fue el domingo por la tarde, a dos cuadras de la sede de Independiente, su lugar de entrenamiento, en el centro de Avellaneda. Las paredes del café, donde predominaban el amarillo, naranja y rojo, insertaban una falsa expectativa de un día soleado en un domingo colmado de nubes, que amenazaba con aguaceros en todo momento. La única mesa ocupada en su perímetro era de un grupo de mujeres. Mientras tanto, la ensordecedora máquina de hacer café perfumaba el ambiente.

Orellana, que compite en natación adaptada, tiene parálisis obstétrica en el brazo derecho desde que nació. “Al nacer, me sacaron todo el cuerpo pero la cabeza quedó adentro. Entonces me clavaron los dedos en el cuello y me arrancaron el tronco de los nervios, por eso no siento nada”, le cuenta a El Equipo. El nadador comenzó con la práctica del deporte con sólo tres años, por los problemas que conlleva su discapacidad. Pero fue a partir de los siete que arrancó con el entrenamiento para competir en los torneos nacionales. “Fui mucho tiempo al psicólogo. Me habían pasado a un colegio con mucha discriminación y era por recomendación del club. Lo trabajé mucho y hoy por hoy estoy bien”, afirmaba el partícipe de los Juegos Parapanamericanos de Toronto 2015.

-¿Por qué te enfocaste en la natación?

-Empecé para mejorar la columna, para estar más derecho. Fue por recomendación médica. En el club Ranitas, donde arranqué, estuve tres años, a los seis me pasé a Independiente y me vio mi entrenadora. Después me agarró otra profesora pero me entrenaba con supervisión de la primera. Y a los 10 ya me volvió a entrenar ella. Me entrena hace diez años. Me vio y me preguntó si quería competir.

Mientras hablaba, cortaba con su mano izquierda el tostado con un forzado movimiento de muñeca que iba de abajo hacia arriba.

-Yo al principio me negaba a competir natación adaptada porque quería ser como los demás. En el barrio todos los chicos se trepaban de árboles y yo también quería. Me trepaba hasta un punto y ellos me decían que me quede ahí por las dudas. Me sentía diferente. Quería jugar a la pelota, al vóley, pero cuando empecé me encantó. Me encantó competir y el ambiente que había.

-¿Hiciste algún otro deporte?

-Hice fútbol y vóley. En vóley usaba las dos manos y a veces usaba el pie. Me gustaba mucho y me adapté, pero jugué dos años nada más. De hecho, jugando al vóley me quebré dos veces el hombro y no sentí nada, por eso dejé de jugar, por las dudas de lesionarme. Puedo ponerme el hombro y sacármelo de lugar y no sentir nada. Si siento dolor lo siento una hora y media después de que pasó, en el momento no me doy cuenta.

-¿Qué es la natación para vos?

-Es mi cable a tierra, cuando tengo muchas cosas en la cabeza lo uso para relajarme.

***

Con el cambio de secundaria, para poder entrenarse, su brazo generó en sus nuevos compañeros un nuevo blanco de burlas. Pero a Orellana todavía no lo conocían bien ni tampoco de lo que era capaz de hacer: “Yo estaba sentado adelante y mi compañero atrás mío. Me decía cosas, me insultaba, y me calenté, estiré el brazo para atrás, lo agarré de la nuca y lo estampé contra la mesa. Le rompí el tabique contra la mesa”.

El carácter de Orellana no sólo sale a la luz cuando lo molestan o le hacen algo que no le gusta. El nadador, que forma parte de las categorías S8, SM8 y SB8 (las categorías van del 1 al 10, mientras más alto sea el número, menor es la discapacidad que tiene el atleta), compite en los 100 metros mariposa, los 100 metros pecho y los 200 metros combinados. “Espalda y crol lo aprende a nadar cualquiera. A mí me encanta buscar el estilo más difícil”, afirma. Estas disciplinas lo llevaron a competir en lo más alto y a quedar en cuarta posición en las tres competencias (a 6 centésimas del tercero en los 200 combinados) en los Juegos Parapanamericanos de Toronto en 2015. Una prueba de temperamento también superó en su primer Abierto internacional, en Brasil, mientras corría 2010. Ese campeonato fue su favorito porque competía con deportistas de mayor edad que la suya y en el que consiguió el tercer puesto en los 200 combinados y el cuarto en los 100 mariposa.

-¿Quién es tu ídolo?

-Ídolo no tengo, pero admiro a mi compañero de equipo, Ariel Quassi, que comparto entrenamientos hace ocho años. Es una persona que quisiera copiar para en un futuro si tengo un compañero más chico poder hacer lo mismo que él hizo por mí.

De los tres nadadores que quedaron en el podio por encima de Orellana en Toronto, dos son mexicanos y tienen la misma discapacidad que él, parálisis obstétrica. Para ellos, la solución para mejorar sus tiempos fue amputarse el brazo. Al nadar, el brazo sin movilidad queda colgando y corta el agua, eso actúa en el deportista como un freno constante al arrastrar el miembro.

Aunque cree que es una buena manera de descontar segundos, el oriundo de Villa Domínico se negó a la posibilidad de recurrir al método. “Me ofrecieron sacarme el brazo pero yo me negué siempre –asegura- Me puede favorecer para nadar pero para la vida social no me favorece en nada”.

Y como cuando era chico, que usaba una férula para desenvolverse como delantero en el Cultural de Sarandí, donde deleitaba a la gente con sus goles, el joven de 19 años encontró la solución para competir al nivel de los mexicanos. La operación para que su brazo quede estirado es la mejor manera de contrarrestarlos: “Yo en lugar de tener hueso en el codo tengo clavos, me los van a sacar para estirar el brazo y me van a fijar la muñeca. Así, puedo meterlo adentro de la malla y es como tener un solo brazo”.

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