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El misionero disfrutó de la vista de la Villa Olímpica desde su balcón.

Medalla de oro en superación

Jonathan Avellaneda, el misionero que perdió una pierna a los cuatro años y a pesar de todo logró convertirse en saltador de altura, habló con El Equipo luego de su participación en los Juegos Paralímpicos. En Río 2016, el atleta logró superar su mejor marca en competencias tras saltar 1.71 metros. 

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Julián Ríos
27 de Septiembre de 2016

“La verdad es que nunca me puse en la cabeza el no puedo hacer esto. A veces pienso que si no me hubiera pasado lo que me pasó, yo hoy no estaría haciendo deportes. Quién sabe dónde estaría”, dice Jonathan Avellaneda, el primer y único atleta argentino en practicar salto en alto con una pierna, en la entrada del hotel de concentraciones del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), después del almuerzo que siguió a su entrenamiento matutino.

Avellaneda, el menor de ocho hermanos, nació el 21 de febrero de 1994 en Misiones, en un pueblo que es conocido con dos nombres, Colonia Delicia y María Magdalena. Allí, a los cuatro años, le ocurrió eso que él hoy considera un impulso para su carrera: “En una quinta estaba jugando con mis hermanos y quise saltar una zanja”, recuerda Avellaneda, de 1.75 metros de altura, pelo castaño oscuro, ojos marrones y piel morena. “No llegué, me caí y ahí estaba la yarará que me mordió la pierna izquierda. Me la amputaron debido a la cantidad de veneno que había en la pierna. Yo era muy chico y la serpiente, muy grande. Además es una provincia escasa de recursos y no quedaba otra”, relata el atleta.

Aunque al principio le costó mucho aceptarse a sí mismo, con la ayuda de su familia y las terapias, Jonathan logró seguir adelante. Adaptarse a su discapacidad para realizar actividades no fue un problema mayor y sus primos ayudaron mucho en eso ya que nunca lo dejaron de lado y siempre lo integraron. “Él fue adaptándose rápido”, dice Nicolás Avellaneda, primo con quien vive en Misiones, y agrega:“Siempre se unía a lo que yo y los demás hacíamos y nunca lo dejamos de lado ni le dijimos que no, aunque sí lo cuidábamos mucho para que no se lastime. Eso ayudó mucho, pero igualmente él siempre fue un luchador.”

Yoni, como le dice su familia, siempre se mantuvo físicamente activo tras su accidente, pero en 2010 comenzó a practicar deportes con regularidad. Para los Juegos Evita de ese año, su profesor de educación física le consultó si quería participar y él accedió. En ese torneo compitió en lanzamiento de jabalina, bala y natación y fue donde comenzó a tomarle “el gustito” al atletismo.

Sus padres, César y Felicia, siempre lo apoyaron porque, además, se perfeccionaba cada vez más como deportista. Pero también le recordaban que no debía abandonar los estudios y él cumplió. Cuando terminó el colegio, comenzó a estudiar Higiene y Seguridad pero tuvo que abandonar debido a que no podía entrenar, así que empezó la carrera de Secretariado que es más corta y le permitía entrenar y viajar a los torneos.

“El deporte te da hasta cierto punto.Podés estudiar más adelante, cuando sea. Yo tengo un acuerdo con mi mamá y es que, aunque tenga 25 o 30 años, voy a seguir estudiando igual”, dice Avellaneda.

“Él es una excelente persona en todos los sentidos y siempre mantuvo su humildad característica, nunca se creyó más que nadie, sigue siendo el mismo”, comenta su primo Nicolás, quien ve a Jonathan como una persona tranquila, amigable y muy alegre, “un verdadero aparato”. Por eso sus entrenamientos son estrictos, pero distendidos porque se escuchan chistes y música, puntualmente brasileña antes de cada salto, porque lo tranquiliza.

Avellaneda entrena todos los días en Misiones con su profesor, Leonardo Ibarra, que cumple con el cronograma diseñado por el Técnico Nacional de Atletismo, Federico Salazar. Aunque allí se entrene correctamente, en Buenos Aires cuenta con más recursos e instalaciones. Por ejemplo, en el CENARD realizan salto al banco, mientras que en el polideportivo misionero Malvinas Argentinas, donde se entrena, saltan escalones. “Hay algunas cosas que te limitan pero buscamos alternativas”, sostiene Jonathan.Su actual marca en entrenamientos es de 1.71 metros, la altura promedio de un adulto argentino, lo cual es bastante impresionante teniendo en cuenta su dificultad.

Los entrenamientos duran entre dos y cuatro horas, y tienen varias etapas. Primero ensaya la carrera previa al salto, que consta de cuatro pasos, y luego empieza a saltar; da un paso y salta, da dos y salta, da tres y salta, da cuatro y salta, siempre aumentando la altura en cada salto. Luego analizan los videos para corregir lo malo y mejorar lo bueno. Observan la posición y el movimiento de las manos, la pierna, la cadera, la cabeza.

En 2013, la Selección Argentina de Atletismo Paralímpico lo llamó para representar al país en la disciplina de salto en alto. Para ese entonces él practicaba natación, lanzamiento de jabalina, de bala y salto en alto. “Si me llamaban primero para ir a natación, también decía que sí. Que me hayan llamado después de tan poco tiempo de entrenamiento fue increíble, y más siendo de un pueblito tan chico como del que vengo yo. No todos tienen la oportunidad de representar a la selección en los Panamericanos, Mundiales y Juegos Olímpicos”, expresa Avellaneda.

“Durante las competencias soy muy tranquilo. Si hay alguna marca que tengo que pasar y los nervios me ganan, me da mucha bronca pero nunca lo demuestro. Si pasé alguna marca en especial tampoco muestro felicidad ni nada por el estilo. También depende de la competencia”, dice el misionero, que se caracteriza por no ser calentón y ante cualquier error que comete, charla con sus entrenadores para poder solucionarlo y mejorar.

Algo que él y sus compañeros hacen en las competencias, es estudiar a sus rivales. Los investigan a través de Internet y miran videos para estudiar sus técnicas, debilidades o el nivel en el que están, lo cual los ayuda al momento de competir. “Es como una maña que tenemos”, afirma Avellaneda. Pero no todo es pensar en la competencia y estudiar rivales ya que es otra de las cosas que, según él, juega en contra y estresa.

Para Jonathan, haber dado lo mejor en Río y ponerse metas es obligatorio, ya que fue un privilegio representar al país en el torneo más importante del mundo y, aunque el nivel de competencia fue elevado, pudo cumplir con su objetivo para estos Juegos y logró superar su marca personal de 1.69 en competencias y así alcanzar los 1.71 metros que había conseguido en los entrenamientos. Un logro importantísimo para seguir creciendo y superándose.

Juegos Paralímpicos

Ping pong sobre ruedas

La delegación argentina de tenis de mesa adaptado, que ya está compitiendo en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, se entrenó arduamente en el CENARD para llegar en óptimas condiciones al torneo. En la fase preliminar, sólo Cópola consiguió un triunfo, mientras que Depérgola y Eberhardt perdieron dos partidos cada uno. 

Se hicieron de goma

La Selección Argentina femenina de básquet en silla de ruedas tuvo que afrontar algunos inconvenientes para poder entrenarse en los días previos a viajar a los Juegos Paralímpicos.

“Superaremos lo hecho en Londres 2012”

José María Valladares, presidente del Comité Paralímpico Argentino (COPAR), confía que en Río de Janeiro la delegación nacional superará lo hecho hace cuatro años en la capital inglesa.

Fútbol para amputados, un símbolo de lucha y pasión

Nadie dijo que para jugar al fútbol se necesitaban ambas piernas y los integrantes de la Selección Argentina de fútbol para amputados son un ejemplo de esto. El equipo que está en constante superación fue subcampeón de la Copa Confederaciones disputada en Bogotá y desde agosto son miembros de la Federación Argentina de Fútbol para Amputados. 

El otro abanderado

El tenista Gustavo Fernández encabezará la delegación argentina en el estadio Maracaná en la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos de Río 2016, con el anhelo de lograr una medalla.

(d) noticias

San Miguel recordó a las víctimas de la tragedia de Mendoza

Dos racimos de globos volaron el pasado domingo en el Estadio Malvinas Argentinas, en la previa del partido de San Miguel frente a Midland, para homenajear a los fallecidos en el accidente que ocurrió el 25 de junio, en el que un colectivo volcó a quilómetros de San Rafael. Walter Berardi, uno de los técnicos del club y padre de Tatiana, quien podría haber viajado en ese micro, dialogó con El Equipo y contó cómo vivió aquel momento.

AFA

El fin de la polémica

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Una cantera interminable

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