Pignatiello logró la medalla de plata en los 800 metros libres y se la dedicó a su abuella que falleció una semana atrás. 

Del agua al cielo

Mariano Sánchez

28 DE MARZO DE 2018

Delfina Pignatiello fue la segunda nadadora más rápida de los 800 metros libres, lo que le otorgó la medalla de plateada, la segunda de la delegación Argentina en Buenos Aires 2018. La húngara Ajna Kesely se colgó la de oro y Marlene Kahler, representante de Austria, completó el podio. Mientras que Delfina Dini, la otra representante nacional en la final, culminó cuarta.

En los primeros 50 metros, Pignatiello lideraba la prueba, mientras que Dini fue la tercera en tocar la pared. A medida que las brazadas iban sumando metros, la húngara y la argentina ya se habían despegado del pelotón y comenzaron a luchar mano a mano por el primer lugar. Ya en la mitad de la carrera, la diferencia de ambas con su perseguidora más cercana era de 2” 30, que ya no era la cordobesa. En los últimos momentos, Kesely se despegó y logró un cómodo primer lugar en 8’27”60, Pignatiello lo hizo en 8:32.42, Kahler llegó en 8’36” 57 y Dini en 8’ 43” 71.

Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino, fue el encargado de repartir los reconocimientos. La primera medalla fue para el tercer puesto, luego fue el turno de la argentina. Cuando la voz encargada de la ceremonia anunció su nombre, los gritos envolvieron el estadio y las lágrimas la cara de Delfina. Ya con la medalla colgando de su cuello, la nadadora mostró su palma de la mano al mundo, la cual tenía la palabra abuela y un corazón. Su emoción y alegría no la abandonaron un segundo y, según afirmó ella, su abuela tampoco.

“Te amamos, Delfi”, gritó una chica desde la tribuna. “Delfi” levanta su mano agitando la bandera argentina mirando al sector de donde sonó el grito y, segundos más tarde, confesó: “Fue un año muy duro, entrene mucho para esto. Hace una semana falleció mi abuela, así que esta carrera fue especialmente para ella”. Mientras suelta estas palabras mirando al cielo, las lágrimas le desbordan los ojos y nadan por la mejilla hasta caer.

Como fue costumbre en estos días de competencia, el natatorio del Parque Olímpico estaba colmado de espectadores. Nadie se quiso mover, la expectativa y el aliento fue grande y constante, aunque esto inquietó a la medallista. “No esperaba que viniera tanta gente, se sintió mucho el apoyo. Sí, voy a aceptar que hubo mucha presión, pero intenté disfrutarlo”, afirmó la deportista de San Isidro en un mano a mano para un programa de televisión.

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