La refugiada siria Yusra Mardini nadó en los Juegos Olímpicos de Río sin demasiado éxito, pero un año antes hacía lo mismo para salvar a una quincena de compatriotas de un naufragio en el Mar Mediterráneo. 

Nadar por la vida

Juan Manuel Collazo @jmcollazo

28 DE MARZO DE 2018

Cada edición de los Juegos Olímpicos tiene muchas historias para destacar, pero siempre hay una que sobresale por encima del resto. Río 2016 llegó en un momento tenso para el planeta, en medio de atentados, amenazas y gente que debe escapar de sus países para salvar su vida. El Equipo Olímpico de Refugiados nació para nuclear a los atletas que pasaron por esta situación, pero la siria Yusra Mardini se lleva todas las miradas: aunque no se destacó en los 100 metros mariposa y libres, hace un año salvó a 15 personas en el agua.

El sangriento conflicto armado en Siria comenzó en 2011 y no volvió a detenerse, arrasando con todo a su paso, incluidos los lugares de entrenamiento en los que a sus 13 años comenzaba a prepararse Mardini. En sintonía con miles de compatriotas, cuatro años después ella y su hermana tomaron una decisión tan difícil como necesaria por el peligro: exiliarse de su país.

Claro que las condiciones para emigrar no estaban ni cerca de ser las mejores. Un bote de goma para siete tripulantes pero con 15 encima, en muy mal estado, fue la embarcación para huir hacia Grecia. Lógicamente, el motor no tardó en fallar y el barco quedó a la deriva. La vida y la muerte pendían de un hilo y sólo cuatro sabían nadar: Yusra, su hermana Sarah y dos más. Sin dudarlo ni un segundo (tampoco había tiempo para hacerlo), los cuatro se tiraron al agua helada y comenzaron a avanzar tirando de una soga.

“Había gente que no sabía nadar y no iba a quedarme sentada quejándome de que me iba a ahogar. Si lo iba a hacer, al menos lo haría sintiéndome orgullosa y de mí y de mi hermana”, contó Mardini, que consiguió llegar hasta la costa de Lesbos tras desplazarse por tres horas y media por el Mar Mediterráneo y así puso su vida y la del resto a salvo, en suelo europeo.

Es evidente que a esta asiática de apenas 18 años ya había conseguido una hazaña, pero faltaba otra que sería su merecido premio. Una beca del Comité Olímpico Internacional le permitió volver a entrenar pero ya en Alemania, su nuevo hogar, lejos de los bombardeos y las constantes sirenas de alerta. Pero lo que no se imaginaba es que exactamente un año después de convertirse en heroína estaría nadando entre las mejores del planeta en unos Juegos Olímpicos en los 100 metros mariposa y libres.

La decisión del COI de permitir que compitan los atletas refugiados bajo la bandera olímpica ya era un hecho y una de las diez elegidas fue Yusra. La emoción y la ovación que se llevó tras sus 41° y 45° puestos en el Estadio Acuático de Río fueron más grandes que a cualquier medallista. El esfuerzo, la entrega y el hecho de no rendirse jamás tuvieron su premio para esta siria que arriesgó su vida para salvar muchas más.

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