El nadador Robel Kiros Habte fue la peor marca de los 100 metros libres. Se convirtió en una de las sensaciones de los Juegos Olímpicos por su tiempo y estado físico.

Para el recuerdo

Mariano Nullo @mnullo

28 DE MARZO DE 2018

“En el andarivel número cinco, Robel Kiros Habte, de Etiopía”, resonó la voz del Estadio Acuático Olímpico. Entre aplausos, se escucharon risas y murmullos cuando el africano ingresó, minutos antes de que saltara al agua. El público de la natación, acostumbrado a físicos tallados a mano y a músculos trabajados durante años, no pudo hacer más que reír cuando vieron la llamativa barriga de este nadador.

Ya preparados para lanzarse al agua, no importaba si en los otros carriles iba a estar corriendo Michael Phelps, un delfín con gorro y antiparras o el mismísimo Poseidón. Todas las miradas estaban puestas sobre el desempeño de Robel Habte. Un minuto, 4 segundos y 95 centésimas fue lo que tardó el etíope en cubrir los 100 metros de distancia que lo separaban de la gloria. Lamentablemente para él y para todo el público que se volvió admirador suyo ni bien se lo vio entrar al estadio, sus rivales le sacaron más de 13 segundos de ventaja, un número insólito para una competencia de natación de alto rendimiento. Aplausos y saludos con sus rivales, quienes no entendían cómo este tipo de dudosos 81 kg (información según la página oficial de Río 2016) competía a su lado, fueron el epílogo de la noche del africano.

Ahora, la pregunta que surge es: ¿quién es Robel Kiros Habte y cómo hizo para participar en los Juegos? La respuesta no es tan sorprendente. No, no se hizo pasar por nadie. Tampoco vivió a base de helado y cerveza desde el día de su clasificación hasta hoy. Y por supuesto que no logró la marca mínima para conseguirse un lugar en Río.

Se trata de una política de inclusión de la Federación Internacional de Natación (FINA), con la idea de promover este deporte en el continente africano. Tal es así, que nuestro amigo Robel consiguió una invitación para participar de los Juegos. Y, a pesar de no haberlo hecho de la mejor manera, se lo notó muy feliz: “Doy gracias a Dios por poder participar de un Juego Olímpico. En Etiopía todos corren, yo quería hacer algo distinto, quería nadar y aquí estoy”.

Entre tantos récords, trabajo y profesionalismo, los Juegos Olímpicos nos regalan también estas historias curiosas y de color, que colaboran para que sean la mejor competencia deportiva del mundo.

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