Santiago Gómez Cora, actual entrenador del seleccionado argentino de rugby seven masculino, marcó el récord de 230 tries en el Circuito Mundial de Seven, superado en junio pasado por el keniata Collins Injera.

Un DT olímpico

Gonzalo García y Nicolás Podestá

28 DE MARZO DE 2018

El sol ilumina el césped del Olivos Rugby Club, mientras Santiago Gómez Cora, de jogging, remera azul y una térmica de manga larga gris debajo, manda a la cancha de sintético a sus dirigidos para el entrenamiento abierto a la prensa. Comienza con el precalentamiento de los jugadores, luego se enfoca en la recepción, pases, patadas, en los que participa de vez en cuando y le da mucha importancia a las salidas del equipo. En el transcurso de la práctica a Gómez Cora se lo nota pensativo y dialoga con sus dos ayudantes de campo, gesticula y da indicaciones. Las ganas de participar del entrenador son evidentes, siempre con pelota en mano e interviniendo en alguna que otra jugada.

Nacido el 25 de julio de 1978 en Lomas de Zamora, Gómez Cora se inició en el rugby en el Lomas Athletic Club, junto a su hermano Pablo. Practicaba varios deportes, desde fútbol, tenis hasta críquet. Pasaban los años e iba dejando algunas disciplinas, sobre todo los individuales. "La decisión de seguir en el rugby pasó por un tema social, por mi familia, mi hermano y las ganas de compartir la pasión con amigos”, cuenta. “Después se fue dando hasta llegar a jugar en la primera de mi club. Al año de debutar empecé en el seleccionado y de ahí a entrenar un poquito. A partir de ahí tomé la responsabilidad de dedicarme a este deporte por que el seven para mi es todo, me gustaba de chico y disfrutaba jugarlo e ir a verlo.

Roberto, su padre, lo llevaba a él y a su hermano Pablo al club, con sus amigos del colegio Nacional de Banfield jugaba al fútbol, en la calle y andaba en skate. En la vereda de su casa disfrutaba de jugar con la redonda hasta que oscureciera y su madre lo llamara para cenar.

En la familia Gómez Cora el rugby es algo que se habla casi todos los días. y ni hablar si en una mesa familiar se juntan Santiago, Pablo y Roberto, es la charla del almuerzo de los domingos. Además Joaquín y Manuel, sobrinos de Santiago, son fanáticos del rugby y también lo practican, es así que las conversaciones continuarán en las generaciones que vienen, solo resta saber si Milo, único hijo que apareció hace tres años en la vida del entrenador de los Pumas 7, seguirá el mismo camino.

A pesar de dedicarle mucho tiempo al rugby no dejó de lado sus estudios, paralelamente hizo la carrera de economía y administración de empresas. "Al principio iba a la UBA, hasta que un profesor me dijo que el deporte y el estudio no iban de la mano y que estaba equivocado. Me ponía exámenes los días de partido y no me dejaba viajar por que sino perdía la materia. Entonces para poder continuar me cambié a la UCES donde la Unión Argentina tiene un convenio. Estaba becado y me permitían viajar. Eran muy flexibles con los horarios". Ese cambio le permitió poder continuar con su carrera profesional y luego de 10 años de esfuerzo pudo recibirse de técnico en economía y licenciado en administración.

En el seleccionado debutó en noviembre de 2000, en Durban y Dubai. Pasaron 11 temporadas, 62 torneos, 230 tries, dos títulos en el Circuito Mundial (Los Angeles 2004 y San Diego 2009) y un subcampeonato Mundial en Dubai 2009 para que anunciara su retiro, el 2 de junio de 2010 en el estadio Murrayfield de Edimburgo. "Dejar de jugar es lo peor que te puede pasar, fue una decisión muy difícil. En mi caso podía seguir jugando pero decidí dejarlo por un tema de cumplir un ciclo, para cerrar una etapa de mi vida".

"En las entradas en calor de 10 ejercicios hacía cuatro, se ataba los cordones o miraba para el costado. Así y todo como jugador fue uno de los mejores del mundo, era letal, un definidor como pocos. Ahora como entrenador es serio, trabajador, a los chicos les exige que hagan todo perfecto y mantiene una buena relación con los jugadores", así lo describe el kinesiólogo y ex compañero de equipo, Martín Zucchiatti en un costado del campo mientras Gómez Cora dialoga con los medios de prensa.

El final del entrenamiento está por llegar. Pero antes, el ex wing de 37 años dispone de un partido informal. De un lado, jugadores con pechera verde y del otro, con remera celeste. Al finalizar los integrantes del plantel se dirigen a un costado del campo de juego para hidratarse, por su parte el entrenador, parado en la mitad de cancha, discute con su cuerpo técnico algunos aspectos de lo ocurrido en el día.

"A la edad que tiene es un entrenador con mucha experiencia, creo que va aprendiendo y evolucionando día a día”, dice Lucas Chioccarelli, mananger del equipo, luego de beber unos sorbos de agua fría para refrescarse del calor, por un costado lo jugadores se dirigen a los vestuarios. “Tiene un lindo vínculo con los chicos al haber compartido equipo con algunos y al estar cercanos en edad. Puede compartir desde su experiencia lo vivido como jugador ahora como DT".

El sol ilumina el césped del Olivos Rugby Club, mientras tanto Santiago Gómez Cora, de jogging, remera azul y una térmica de manga larga gris debajo, manda a la cancha de sintético a sus dirigidos para el entrenamiento abierto a la prensa. Comienza con el precalentamiento de los jugadores, en busca de la puesta a punto para los Juegos Olímpicos, luego se enfoca en la recepción, pases, patadas, en los que participa de vez en cuando y le da mucha importancia a las salidas del equipo. En el transcurso de la práctica a Gómez Cora se lo nota pensativo y dialoga con sus dos ayudantes de campo, gesticula y da indicaciones. Las ganas de participar del entrenador son evidentes, siempre con pelota en mano e interviniendo en alguna que otra jugada.

Nacido el 25 de julio de 1978 en Lomas de Zamora, Gómez Cora se inició en el rugby en el Lomas Athletic Club, junto a su hermano Pablo. Practicaba varios deportes, desde fútbol, tenis hasta críquet. Pasaban los años e iba dejando algunas disciplinas, sobre todo los individuales. "La decisión de seguir en el rugby pasó por un tema social, por mi familia, mi hermano y las ganas de compartir la pasión con amigos”, cuenta. “Después se fue dando hasta llegar a jugar en la primera de mi club. Al año de debutar empecé en el seleccionado y de ahí a entrenar un poquito. A partir de ahí tomé la responsabilidad de dedicarme a este deporte por que el seven para mi es todo, me gustaba de chico y disfrutaba jugarlo e ir a verlo. En su momento no era mi sueño máximo, pero con la velocidad que tenía era una posibilidad. Me terminó de formar como persona, es lo que más amo y conozco, donde me siento cómodo por que lo viví como jugador y hoy como entrenador.”

Roberto, su padre, lo llevaba a él y a su hermano Pablo al club, con sus amigos del colegio jugaba al fútbol, en la calle y andaba en skate. En la vereda de su casa en Banfield, disfrutaba de jugar con la redonda hasta que oscureciera y su madre lo llamara para cenar. Asistió al colegio Nacional de Banfield en el que era uno más, hacía lío como cualquiera pero sin sobrepasar los limites de las autoridades, aunque alguna que otra vez llegaba a su casa con una que otra amonestación. Estudiando no era el abanderado, pero tampoco tenía muchas materias previas.

Pablo es un compañero de vida para el entrenador de 1,80 metros. Esa buena relación llevó a que compartieran muchas cosas, desde la infancia hasta un mismo vestuario: "Como hermano es muy generoso, todo lo que tiene lo comparte conmigo, con sus sobrinos y mi mujer. Siempre hablamos, actualmente compartimos comidas, hijos, el sentimiento por el rugby y algún viaje en familia si se puede. Es muy solidario y humilde, muy familiero, aunque alguna que otra pelea había de vez en cuando, como típico hermano menor cobraba un poco y por ser el más pequeño de la familia era el protegido. Pero siempre compartimos las vacaciones. Hicimos todo juntos con la diferencia de dos años que nos llevamos", dijo el ex rugbier.

En la familia Gómez Cora el rugby es algo que se habla casi todos los días. y ni hablar si en una mesa familiar se juntan Santiago, Pablo y Roberto, es la charla del almuerzo de los domingos. Además Joaquín y Manuel, sobrinos de Santiago, son fanáticos del rugby y también lo practican, es así que las conversaciones continuarán en las generaciones que vienen, solo resta saber si Milo, único hijo que apareció hace tres años en la vida del entrenador de los Pumas 7, seguirá el mismo camino. En el horizonte cercano Santiago irá junto a los Pumas en busca de una medalla para así quedar en la historia del deporte argentino.

A pesar de dedicarle mucho tiempo al rugby no dejó de lado sus estudios, paralelamente hizo la carrera de economía y administración de empresas. "Al principio iba a la UBA, hasta que un profesor me dijo que el deporte y el estudio no iban de la mano y que estaba equivocado. Me ponía exámenes los días de partido y no me dejaba viajar por que sino perdía la materia. Entonces para poder continuar me cambié a la UCES donde la Unión Argentina tiene un convenio. Estaba becado y me permitían viajar. Eran muy flexibles con los horarios". El tener que encerrarse con sus compañeros a estudiar y rendir exámenes, lo mantenía con los pies en la tierra. Ese cambio le permitió poder continuar con su carrera profesional y luego de 10 años de esfuerzo pudo recibirse de técnico en economía y licenciado en administración.

En el seleccionado debutó en noviembre de 2000, en Durban y Dubai. Pasaron 11 temporadas, 62 torneos, 230 tries, dos títulos en el Circuito Mundial (Los Angeles 2004 y San Diego 2009) y un subcampeonato Mundial en Dubai 2009 para que anunciara su retiro, el 2 de junio de 2010 el estadio Murrayfield de Edimburgo. "Dejar de jugar es lo peor que te puede pasar, fue una decisión muy difícil. En mi caso podía seguir jugando pero decidí dejarlo por un tema de cumplir un ciclo, para cerrar una etapa de mi vida". Pero logró superar esa transición de jugador a entrenador y encontrar el equilibrio para que el vestuario no sea un velorio ni una fiesta.

En la previa a un partido muchos jugadores necesitan estar sentados, callados y concentrados para enfocarse de lleno en lo que se viene, pero otros como el ex tryman del circuito de seven, se divertían en la previa, así lo describe el kinesiólogo y ex compañero de equipo, Martín Zucchiatti en un costado del campo mientras Gòmez Cora dialoga con los medios de prensa: "Era un gran mimo por que antes de jugar había que estar serios, pero Santi recién lo hacía entrando a la cancha. En lo previa es como que la entrada en calor le molestaba, estaba de más. Ponía cara de serio y de preocupación solo cuando el entrenador lo retaba. En las entradas en calor de 10 ejercicios hacía cuatro, se ataba los cordones o miraba para el costado. Así y todo como jugador fue uno de los mejores del mundo, era letal, un definidor como pocos. Ahora como entrenador es serio, trabajador, a los chicos les exige que hagan todo perfecto y mantiene una buena relación con los jugadores, supo separar bien, poner distancias entre lo que es un técnico y un jugador estando lo suficientemente cerca para que los jugadores se sientan respaldados y confiados”.

El final del entrenamiento está por llegar. Pero antes, el ex wing de 37 años dispone de un partido informal. De un lado, jugadores con pechera verde y del otro, con remera celeste. Al finalizar los integrantes del plantel se dirigen a un costado del campo de juego para hidratarse, mientras que el entrenador, parado en la mitad de cancha, discute con su cuerpo técnico algunos aspectos de lo ocurrido en el día.

"A la edad que tiene es un entrenador con mucha experiencia, creo que va aprendiendo y evolucionando día a día”, dice Lucas Chioccarelli, mananger del equipo, luego de beber unos sorbos de agua fria para refrescarse del calor que calienta el campo de juego. “Tiene un lindo vínculo con los chicos al haber compartido equipo con algunos y al estar cercanos en edad. Puede compartir desde su experiencia lo vivido como jugador ahora como DT. Somos casi vecinos, compartimos muchas cosas en lo cotidiano, desde ir de compras hasta ir a comer, tenemos gente en común."

Santi un tipo que sabe de esto, es especialista de seven, es un referente y creo que de Argentina es el número uno y la palabra autorizada”, dice Gastón Revol, capitán del plantel, antes de retirarse hacia los vestuarios junto a sus compañeros. “Si bien no es lo mismo jugar que entrenar, su obsesión por el juego nos ayudó mucho a mejorar todo. Siempre está encima nuestro pidiéndonos más.”

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