El jueves primero de junio de 1978, a las 15, Alemania Federal y Polonia jugaron el partido inaugural del campeonato mundial de fútbol. Ese mismo día, media hora después, en la Plaza de Mayo las Madres reclamaban la aparición de sus hijos.

Mientras las madres marchaban

Stefania Vera, Juan Ignacio Saravia y Matías Chiacchio

28 DE MARZO DE 2018

“Comienza el Mundial de Fútbol”, tituló Clarín el 1 de junio de 1978, día en el que se enfrentaban Alemania Federal, el último campeón cuatro años antes, y Polonia en el Estadio Monumental. Al mismo tiempo, en Plaza de Mayo se reunían las Madres, como todos los jueves desde abril de 1977, en reclamo por los hijos desaparecidos en la última dictadura cívico-militar.

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas irrumpieron por sexta vez un ciclo democrático en Argentina. La presidente en ese momento era María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabelita. El Teniente General Jorge Rafael Videla, el Almirante Emilio Massera y el Brigadier General Orlando Agosti fueron los encargados de establecer una Junta Militar denominada Proceso de Reorganización Nacional, con el fin de instalar una dictadura.

Aquel gobierno de facto llevó a cabo un plan sistemático de secuestro de personas que tenían pensamientos diferentes al orden que establecía, como aquellos que se identificaban con el comunismo, peronismo o la izquierda. El saldo de desaparecidos que dejó este movimiento fue de 30 mil. A partir de este calvario, nacieron las Madres de Plaza de Mayo como una asociación que buscaba recuperar la identidad de sus hijos y nietos raptados. “Nosotras nos encontrábamos todos los días, íbamos al Ministerio del Interior en Balcarce 24, pero nos decían que fuéramos la semana siguiente porque no estaban las listas. Necesitábamos saber si nuestros hijos estaban detenidos”, explicó María del Rosario Cerruti, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.

La inauguración de la Copa del Mundo en Argentina ya se palpitaba. El mediodía se aproximaba, las puertas del estadio se habían abierto a las 11 y las 67.579 personas, según la página oficial de FIFA, que asistieron al primer encuentro del campeonato, se acercaban al barrio porteño de Núñez. En paralelo, las Madres se juntaban para luego ir a la Plaza de Mayo.

“En el marco de la amistad entre el hombre y los pueblos, y bajo el signo de la paz declaró oficialmente inaugurado el onceavo Mundial de Fútbol”, sentenció Videla desde el Palco Oficial, acompañado por el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, y por el cardenal Juan Carlos Aramburu. A las 15 comenzó el partido entre Alemania y Polonia. Treinta minutos después, a once kilómetros de distancia, la agrupación se reunió en la Plaza frente al Cabildo.

Dos horas y media antes de la marcha, comenzó la ceremonia inaugural. Alrededor de 200 alumnas del Instituto Nacional de Educación Física realizaron una coreografía sobre el campo de juego. Desde las tribunas se podía distinguir la frase “Argentina 78” que formaron, vestidas de celeste y azul. Arrodilladas en sus respectivos lugares, dejaron volar palomas blancas. La bandera nacional entró acompañada por la melodía de “Mi bandera”, escrita por Juan Chassaing. Detrás de ella ingresaron otras 146 de diferentes países.

Ángel Norberto Coerezza, árbitro argentino vestido de negro, hizo sonar su silbato y estiró su mano en dirección al Río de la Plata, para poner en marcha el primer partido de la competencia. Mucha expectativa invadía el ambiente, pero se fue disipando por el desempeño de las dos selecciones. El público, que estaba muy abrigado por los 15 grados de temperatura máxima que azotaba a la Capital Federal, se levantó de los asientos de madera con el primer avance por la izquierda de Antoni Szymnowski, defensor polaco, pero su envío al área fue, rápidamente, despejado por Rainer Bonhof, el número 6 del último campeón en 1974. El seleccionado con más llegadas al arco fue Polonia, aunque no pudo concretarlas al igual que el conjunto dirigido por Helmut Schoen. Desde las tribunas del Monumental, sobre el final del encuentro y ante el disgusto de la gente por lo que veían, se escuchaba: “Que se vayan, que se vayan”.

El empate sin goles entre las dos selecciones europeas llevó consigo una gran cantidad de medios de comunicación internacionales. Aquella tarde los reporteros presentes en la Plaza de Mayo, alertados por la situación política del país, eran aún más que los que se encontraban en Núñez para cubrir el inicio del certamen más popular del deporte profesional. Las Madres fueron acompañadas durante la marcha, además, por dos jugadores suecos llamados Ralf Edstorm y Staffam Tapper. María del Rosario Cerruti estuvo presente en la marcha y recordó: “El miedo era constante, soñábamos de noche que nos perseguían, que nos arrastraban, que nos llevaban. Pero siempre fue menos que la desesperación por encontrar a los hijos”.

“El periodismo argentino estaba muerto, no nos acompañaba nadie. Solo el Buenos Aires Herald que publicaba habeas corpus. Fueron los periodistas extranjeros los que hicieron la difusión más grande”, agregó. Como consecuencia de la exposición aquel día, el movimiento social llegó a la Organización de los Estados Americanos el 26 de octubre. También arribó al Vaticano el 9 de noviembre, donde fueron recibidas por el presidente de Italia Sandro Pertini, prisionero en la época del fascismo.

“No pudimos hacer nada porque el Papa Juan Pablo II, como todo político, no estaba interesado en brindarnos una atención. La Iglesia no se quiere meter en problemas”, manifestó Cerruti. A partir de sus denuncias, el 6 de septiembre del año siguiente llegó la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos a la Argentina para llevar a cabo investigaciones vinculados a los reclamos presentados.

Producción:Patricio Vicente, Adrián Olszewski y Tomás Sánchez de Bustamante

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