El seleccionado masculino de hockey venció 2 a 0 a Inglaterra y se quedó con el tercer puesto del Mundial de La Haya en una histórica participación. Australia fue el campeón.

Corazón de León

@equipotyd

28 DE MARZO DE 2018

Cuando a fines de mayo, antes de viajar a La Haya, los Leones decían que iban bien preparados, pero que sería difícil pasar de ronda, nos estaban mintiendo. Este grupo de hombres, dirigidos por un loco apodado Chapa, sabía de su potencial y sus rivales no. Por eso fueron la revelación y se quedaron con el tercer puesto en el mundial derrotando a equipos como Alemania, el mejor en Londres 2012, e Inglaterra, y sólo fueron superados por el campeón y subcampeón, Australia y Holanda respectivamente. Fueron la sorpresa, pero solo para los espectadores.

El abrazo interminable y la desazón de algunos jugadores luego de la derrota en la semifinal dejo en claro que iban por todo.

La estrategia fue la protagonista durante la primera parte. Ambos equipos sabían que arriesgar podía significar perder el partido, entonces, intentaron mantener la posesión y las líneas bien agrupadas para no pasar sobresaltos. Les fue bien a ambos. Los pocos tiros al arco fueron controlados sin problemas por uno y otro arquero.

La segunda parte pareció otro partido. Los dirigidos por el Chapa Retegui, advertidos del miedo a perder de los británicos, fueron por el bronce y lo consiguieron. Se plantaron bien arriba en el campo rival y presionaron insistentemente como supieron hacerlo a lo largo del torneo. La iniciativa dio sus frutos. A los 55’ Matías Paredes definió de manera brillante y adelantó a la Argentina, que solo un minuto después, y por intermedio del mismo jugador, puso el 2 a 0 y definitivo.

Sin embargo, los británicos no se rendían, incluso jugaron sin arquero para aumentar la cantidad de jugadores de campo. No les sirvió. Los Leones se habían abrazado al título y no lo iban a soltar.

Cuando el árbitro decretó el final, la alegría y los abrazos invadieron la cancha holandesa porque el seleccionado argentino, con un corazón de oro, había entrado en la historia grande del hockey.


Australia no tuvo rival ni en la final


El equipo oceánico goleó 6 a 1 a Holanda en el último partido del campeonato y se consagró como bicampeón del mundo.

Parecía que el local iba a dar la sorpresa porque a los 14’ Jeroen Hertzberger adelantó a su equipo, pero el resultado fue solo una ilusión. Los australianos, que dispararon quince veces al arco contra las seis de los holandeses, empataron el partido a los 20’ por intermedio de Ciriello y, cuatro minutos más tarde, Govers hizó el segundo. Así terminó la primera mitad.

La segunda parte fue un monólogo. A los 37’ Turner marcó el tercero y Ciriello hizó el cuarto y quinto a los 47’ y 53’, respectivamente. Con la copa en el bolsillo y el trámite definido, Dwyer selló el último gol para que la fiesta sea completa.

De esta manera Australia volvió a ganar el Mundial, como lo hizo en el 2010, y le demostró al mundo que hoy, no tiene rival.

Cuando a fines de mayo, antes de viajar a La Haya, los Leones decían que iban bien preparados, pero que sería difícil pasar de ronda, nos estaban mintiendo. Este grupo de hombres, dirigidos por un loco apodado “Chapa”, sabía de su potencial y sus rivales no. Por eso fueron la revelación y se quedaron con el tercer puesto en el mundial de La Haya derrotando a equipos como Alemania, el mejor en Londres 2012, e Inglaterra, y sólo fueron superados por el campeón y subcampeón, Australia y Holanda respectivamente. Fueron la sorpresa, pero solo para los espectadores.

El abrazo interminable y la desazón de algunos jugadores luego de la derrota contra el bicampeón Australia, dejo en claro que iban por todo.

La estrategia fue la protagonista durante la primera parte. Ambos equipos sabían que arriesgar podía significar perder el partido, entonces, intentaron mantener la posesión y las líneas bien agrupadas para no pasar sobresaltos. Les fue bien a ambos. Los pocos tiros al arco fueron controlados sin problemas por uno y otro arquero.

La segunda parte pareció otro partido. Los dirigidos por el Chapa Retegui, advertidos del miedo a perder de los británicos, fueron por el bronce y lo consiguieron. Se plantaron bien arriba en el campo rival y presionaron insistentemente como supieron hacerlo a lo largo del torneo. La iniciativa dio sus frutos. A los 55’ Matías Paredes definió de manera brillante y adelantó a la Argentina, que solo un minuto después, y por intermedio del mismo jugador, puso el 2 a 0 y definitivo.

Sin embargo, los británicos no se rendían, incluso jugaron sin arquero para aumentar la cantidad de jugadores de campo. No les sirvió. Los Leones se habían abrazado al título y no lo iban a soltar.

Cuando el árbitro decretó el final, la alegría y los abrazos invadieron la cancha holandesa porque el seleccionado argentino, con un corazón de oro, había entrado en la historia grande del hockey.

Australia no tuvo rival ni en la final

El equipo oceánico goleó 6 a 1 a Holanda en el último partido del campeonato y se consagró como bicampeón del mundo.

Parecía que el local iba a dar la sorpresa porque a los 14’ Jeroen Hertzberger adelantó a su equipo, pero el resultado fue solo una ilusión. Los australianos, que dispararon quince veces al arco contra las seis de los holandeses, empataron el partido a los 20’ por intermedio de Ciriello y, cuatro minutos más tarde, Govers hizó el segundo. Así terminó la primera mitad.

La segunda parte fue un monólogo. A los 37’ Turner marcó el tercero y Ciriello hizó el cuarto y quinto a los 47’ y 53’, respectivamente. Con la copa en el bolsillo y el trámite definido, Dwyer selló el último gol para que la fiesta sea completa.

De esta manera Australia volvió a ganar el Mundial, como lo hizo en el 2010, y le demostró al mundo que hoy, no tiene rival.

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