En la villa 1-11-14 se vive una realidad diferente a otras escuelas de estratos sociales más elevados y aunque les falten diversos recursos, las actividades son realizadas con la misma energía tanto por los chicos, como por los profesores.

Educación física en la escuela pública

Camila Ale

28 DE MARZO DE 2018

El sol de la tarde iluminacada rincón de la Villa 1-11-14, a pesar de estar en pleno invierno. Son las dos de la tarde de un martes y no haytanto movimiento en la calle. “Nunca pasa nada. Yo vengo en bici todos los días, pero bueno, a mí ya me conocen”, dice Silvia Vázquez, directora de la Escuela N°12 “José Enrique Rodó”delBajo Flores, justo en la entrada del barrio.
Las dos plantas del colegio, entre las que se distribuyen aulas, oficinas, baños, el laboratorio y la sala de computación, forman un gran óvalo cuyo centro funciona como patio interno.Afuera hay una cancha que se usa para practicarhockey y otras actividades, y una gran pared verde en la que hay pintado un árbol que en sus raíces lleva escrita la palabra DIGNIDAD.
“Al patio, todos los quinto y sexto a educación física”, dice Silvia, de pie en el corazón del patio interno. Los chicos bajan las escaleras corriendo al grito de “¡vamos, tenemos gimnasia!”. Los dos profesores de educación física, Leonardo y Carlos, tienen a cargo dos cursos cada uno y se dividen el parque a la mitad. La inspectora observa la clase.
Son 24 entre los dos cursos de quinto, hay siete que se quedan sentados porque por distintos motivos no podían hacer. Sus ropas eran muy diversas y coloridas, hay camisetas de fútbol, remeras de programas de tv, joggings de distintos colores con parches en las rodillas o costuras por todo el resto de la prenda, algunos agujeritos en sus zapatillas y hasta algunas de las chicas tenían tops con transparencias en la espalda que luego las cubriría el guardapolvo pero en la clase de gimnasia todos son libres de vestirse como quieren.
Los chicos trotan por la galería hasta queLeonardo da la señal de alto. Él dice luego: “La actitud frente a los chicos es todo. Siempre hay que seguir un protocolo, pero si ellos ven que titubeás, te comen crudo”.Los alumnos empiezan a haceruna serie de saltos dobles y combinados, buscando la miradade aprobación de los profesores y la inspectora.
El profesorLeo coloca unos conos y divide al grupo en tres, trae unas pelotas de hándbol y luego de asegurarse de que pican, las reparte entre las filas. “Sé que no todas las pelotas pican como quisiéramos pero tírenlas con más fuerzas así podemos hacer el ejercicio”, pide a sus alumnos. Luego de explicar unas tres veces por el alboroto que hay en el patio, ya que estánhaciendo gimnasia dos cursos más, a pocos metros de ellos, los chicos comienzan a hacer piques y tirar al aro.
“Hace unos meses había diez pelotas de básquet pero se fueron rompiendo y algunas desaparecieron así que hoy sólo queda una y con una no hago nada”, expresaindignado.
Antes de iniciar la actividad propuesta, suena la campana. La clase dura menos de veinte minutos y ambos profesores se quejan: “cada vez cortan más temprano”. Los chicos corren al baño, se lavan las manos y van a merendar.
Los maestros aseguran que el tiempo que transcurren los alumnosen el comedor es muchísimo y por esoalgunos docentes, junto a Silvia, están armando un proyecto para que funcione una vez finalizado el horario de clases, así todos puedan llegar a tener la cantidad de horas de aprendizaje de un chico promedio. Pero mientras tanto, mantienen y respetan la rutina ya que saben que muchos de los chicos que asisten al colegio, lo hacen también para poder comer.
La escuela se encuentra en el medio de cinco barrios: 1-11-14, Illia, Rivadavia 1, Rivadavia 2 y Juan XXIII. Las necesidades llevan a que muchas veces, en el colegio aparezcan madres pidiendo que les den de comer al resto de sus hijos. Siempre les dan algo y la escuela, que tiene a dos personas de seguridad en la puerta,mantiene el buen clima. Si bien ha habido casos en que madres o padres van a la institución alcoholizados o drogados a pedir comida, en cuanto el clima se vuelve violento y pesado, se acude a la policía para poder resolver la situación sin consecuencias graves.
Según la directora, hay mucho prejuicio respecto a la zona en la que se encuentra ubicada la escuela. Más allá de ser un lugar de necesidad y desesperación, donde hace unos meses hubo un operativo muy grande en la búsqueda de jefes del narcotráfico, hay muchos bandos entre comunidades, la gente respeta el ámbito escolar, ya que sus propios hijos son los que asisten a ese colegio. Pero a pesar de esto, los maestros que son asignados a este complejo escolar, suelen renunciar o pedir el cambio porque no quieren quedarse allí. Recién van seismeses desde que comenzaronlas clases y ya se fueron de la institución más de diez empleados, que son reemplazados por un tiempo y esos reemplazos son los mismos que se irán meses después.
“Es difícil trabajar en estas condiciones, no tenemos maestros suplentes ni secretarios y nos hacen falta muchísimas cosas, pero los que estamos comprometidos realmente con esta escuela, lo hacemos con mucho amor e intentamos dar todo por ella, que a veces no alcanza pero es todo lo que podemos dar y queremos mucho a este lugar y a su gente” afirmó Silvia.

El sol de la tarde iluminacada rincón de la Villa 1-11-14, a pesar de estar en pleno invierno. Son las dos de la tarde de un martes y no haytanto movimiento en la calle. “Nunca pasa nada. Yo vengo en bici todos los días, pero bueno, a mí ya me conocen”, dice Silvia Vázquez, directora de la Escuela N°12 “José Enrique Rodó”del Bajo Flores, justo en la entrada del barrio.

Las dos plantas del colegio, entre las que se distribuyen aulas, oficinas, baños, el laboratorio y la sala de computación, forman un gran óvalo cuyo centro funciona como patio interno.Afuera hay una cancha que se usa para practicarhockey y otras actividades, y una gran pared verde en la que hay pintado un árbol que en sus raíces lleva escrita la palabra "DIGNIDAD".

“Al patio, todos los quinto y sexto a educación física”, dice Silvia, de pie en el corazón del patio interno. Los chicos bajan las escaleras corriendo al grito de “¡vamos, tenemos gimnasia!”. Los dos profesores de educación física, Leonardo y Carlos, tienen a cargo dos cursos cada uno y se dividen el parque a la mitad. La inspectora observa la clase.

Son 24 entre los dos cursos de quinto, hay siete que se quedan sentados porque por distintos motivos no podían hacer. Sus ropas eran muy diversas y coloridas, hay camisetas de fútbol, remeras de programas de tv, joggings de distintos colores con parches en las rodillas o costuras por todo el resto de la prenda, algunos agujeritos en sus zapatillas y hasta algunas de las chicas tenían tops con transparencias en la espalda que luego las cubriría el guardapolvo pero en la clase de gimnasia todos son libres de vestirse como quieren.

Los chicos trotan por la galería hasta queLeonardo da la señal de alto. Él dice luego: “La actitud frente a los chicos es todo. Siempre hay que seguir un protocolo, pero si ellos ven que titubeás, te comen crudo”.

Los alumnos empiezan a haceruna serie de saltos dobles y combinados, buscando la miradade aprobación de los profesores y la inspectora.

El profesor Leo coloca unos conos y divide al grupo en tres, trae unas pelotas de handball y luego de asegurarse de que pican, las reparte entre las filas. “Sé que no todas las pelotas pican como quisiéramos pero tírenlas con más fuerzas así podemos hacer el ejercicio”, pide a sus alumnos. Luego de explicar unas tres veces por el alboroto que hay en el patio, ya que estánhaciendo gimnasia dos cursos más, a pocos metros de ellos, los chicos comienzan a hacer piques y tirar al aro.

“Hace unos meses había diez pelotas de básquet pero se fueron rompiendo y algunas desaparecieron así que hoy sólo queda una y con una no hago nada”, expresa indignado.

Antes de iniciar la actividad propuesta, suena la campana. La clase dura menos de veinte minutos y ambos profesores se quejan: “cada vez cortan más temprano”. Los chicos corren al baño, se lavan las manos y van a merendar.

Los maestros aseguran que el tiempo que transcurren los alumnosen el comedor es muchísimo y por esoalgunos docentes, junto a Silvia, están armando un proyecto para que funcione una vez finalizado el horario de clases, así todos puedan llegar a tener la cantidad de horas de aprendizaje de un chico promedio. Pero mientras tanto, mantienen y respetan la rutina ya que saben que muchos de los chicos que asisten al colegio, lo hacen también para poder comer.

La escuela se encuentra en el medio de cinco barrios: 1-11-14, Illia, Rivadavia 1, Rivadavia 2 y Juan XXIII. Las necesidades llevan a que muchas veces, en el colegio aparezcan madres pidiendo que les den de comer al resto de sus hijos. Siempre les dan algo y la escuela, que tiene a dos personas de seguridad en la puerta,mantiene el buen clima. Si bien ha habido casos en que madres o padres van a la institución alcoholizados o drogados a pedir comida, en cuanto el clima se vuelve violento y pesado, se acude a la policía para poder resolver la situación sin consecuencias graves.

Según la directora, hay mucho prejuicio respecto a la zona en la que se encuentra ubicada la escuela. Más allá de ser un lugar de necesidad y desesperación, donde hace unos meses hubo un operativo muy grande en la búsqueda de jefes del narcotráfico, hay muchos bandos entre comunidades, la gente respeta el ámbito escolar, ya que sus propios hijos son los que asisten a ese colegio. Pero a pesar de esto, los maestros que son asignados a este complejo escolar, suelen renunciar o pedir el cambio porque no quieren quedarse allí. Recién van seis meses desde que comenzaronlas clases y ya se fueron de la institución más de diez empleados, que son reemplazados por un tiempo y esos reemplazos son los mismos que se irán meses después.

“Es difícil trabajar en estas condiciones, no tenemos maestros suplentes ni secretarios y nos hacen falta muchísimas cosas, pero los que estamos comprometidos realmente con esta escuela, lo hacemos con mucho amor e intentamos dar todo por ella, que a veces no alcanza pero es todo lo que podemos dar y queremos mucho a este lugar y a su gente”, afirmó Silvia.

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