Con su hermano lesionado, Pablo Simonet se vistió de figura argentina en Río 2016 y ya sueña con mejorar para el Mundial de Francia de enero próximo.

"Le podemos pelear a cualquier selección del mundo"

Julián Agüero

28 DE MARZO DE 2018

Para ser gladiador se necesita dar muchas batallas, y si hay alguien que sabe de eso es, sin duda, Pablo Simonet. Parte de una familia en la que se vive y se respira handball, el crack argentino se formó en el club Villa Ballester, más tarde emigró al Ciudad Encantada de España, conquistó suelo francés en el UsIvry Handball y actualmente se desempeña en club español Balonmano Benidorm de Alicante.

Con gran talento y una garra incansable, Pablo hace honor a su apellido cada vez que le toca jugar, y en Brasil no sucedió lo contrario. Ahora, el jugador y figura de la Selección Argentina en los últimos Juegos Olímpicos se encuentra en el continente europeo con su equipo, y se prepara para el Mundial de Handball de Francia de enero del próximo año.

Aun así, el número 8 de la Albiceleste se dio tiempo para responderle a El Equipo algunas preguntas sobre la última competencia en Río de Janeiro y también para reflexionar acerca de los aspectos en los que debe mejorar la Selección. Y aunque la actuación de Los Gladiadores fue muy destacada, el lateral izquierdo se quedó con un trago amargo: “El objetivo que era pasar de ronda no se cumplió y por eso no nos vamos conformes”. Sin embargo, el crecimiento se notó y él lo sabe: “Estamos felices con el progreso que tuvimos como equipo y de demostrarnos verdaderamente que le podemos pelear a cualquier selección del mundo. Eso para nosotros es mucho, aunque esperamos la próxima ganar en vez de estar cerca”

Durante la competencia, parecía que el conjunto de Eduardo Gallardo le podía ganar a cualquiera, y adentro los jugadores lo veían así. “Nos sentíamos confiados. Estábamos muy metidos en el torneo y creo que quedó reflejado. La gente no toma dimensión a veces de lo lejos que estamos del nivel europeo porque les hacemos buenos partidos hacer unos años, pero en verdad hay mucho más”, confesó Simonet. Además, comentó que el orgullo es todavía más grande, ya que a pesar de que la mitad del equipo juega en la liga amateur de Argentina, el nivel está a la par de un equipo completamente profesional que se dedica solo al deporte.

-La entrega del equipo fue al 100% ¿Y la hinchada argentina fue un plus anímico en los partidos?

-Fue algo impresionante. Parecía que estábamos en Buenos Aires. Había mezcla de familia, amigos y gente que quizás no tenía idea del handball pero que iba y le gustaba y te alentaban a morir. Soy consciente de que no sé si otra vez en mi vida jugaré otros JJ.OO. y en el último partido, cuando terminó, me quede en la mitad de cancha (el estadio seguía repleto) mirando a la gente que saltaba y cantaba por Argentina. Me emocione y se me puso la piel de gallina. Mirar a mis viejos y a mi hermano (Diego que se perdió este torneo por lesión) me terminó de quebrar, y así me fui de la cancha. Emocionadísimo y ovacionado. Cosas que jamás me voy a poder olvidar.

-Ahora en pocos meses se viene el Mundial de Francia ¿Con lo hecho en Brasil llegan confiados?

-Sí. Se viene ahora en enero. Falta muy poco y los rivales son del mismo nivel que en los juegos, así que vamos a tener que seguir por el mismo camino y tambiéntenemos que aprender a cerrar los partidos los tenemos.

-¿Aprender a cerrar los partidos es quizás lo que le falta al equipo para estar al nivel de rivales como Francia?

-Sí. Aunque siendo realistas, Francia es el equipo que más nos conoce y nunca nos deja acercarnos. No así Croacia o Dinamarca. Esos encuentros se aprenden a ganar después de los errores que nos pasaron en Río.

Argentina integrará el grupo D junto a Qatar, Dinamarca, Egipto, Suecia y Baréin. Y el 8 advierte que se debe mejorar en la finalización de los partidos, para liquidarlos y estar en el mismo escalón que las potencias de handball. Pero a él, el jugador más joven del equipo, parece no afectarle los momentos difíciles en la cancha, o al menos eso demuestra cuando a la hora de clavar esos goles con mucha comba característicos en su ataque, incluso contra Francia cuando parecen quemar las papas. “Jajaja. Son lindos recursos que me gustan hacer desde que soy chiquito. Lo miraba a Luc Abalo, un extremo de Francia, y me salía bien. Y a veces no lo pensás, salen y además de ser lindo es necesario para que la bola entre, tuve la suerte de que entraran. Y en momentos calientes es aún más lindo jaja”, finalizó.

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