A los 94 años se fue Roberto De Vicenzo, el golfista que se convirtió en leyenda para el deporte argentino.

Firmó una tarjeta llamada historia

Lautaro Wickmann

28 DE MARZO DE 2018

Se convirtió en leyenda a sus 94 años. Recordamos al primer golfista argentino en ganar uno de los cuatro torneos mayores del PGA Tour. Fue el único en lograrlo hasta 2007.

Aquel hombre arrugado estaba asombrado por el entusiasmo por ganar que expresaba su compañero de equipo, Diego Armando Maradona, en ese torneo amistoso organizado por Cáritas en 2002. Pero más anonadados se encontraban los espectadores en presencia de dos de los mejores deportistas que ha visto Argentina. Esa no era la única cualidad que compartían Maradona y el gran Roberto De Vicenzo. Casualmente, ambos entraron en la historia frente a narices inglesas.

La fluidez con la que hablaba y el léxico que manejaba se contradicen con su formación académica: dejó el colegio en sexto grado de la primaria. Las 231 veces que firmó la mejor tarjeta no son el motivo de su apodo. Fueron los kilómetros de aprendizaje recorridos y el ímpetu por dejar un legado vivo los que le impusieron el nombre de El Maestro.

El adiós a De Vicenzo obliga a recordar su figura e invita a los jóvenes que no lo vieron en acción a conocer de sus hazañas. En los próximos días, las nuevas generaciones se enterarán del Abierto de Inglaterra que ganó el 15 de julio de 1967 (considerado el día nacional del golf), o de la vez que firmó un golpe más del que había hecho en el Masters de Augusta de 1968, error que lo excluyó de pelear un desempate ante Bob Goalby. En dicha oportunidad asumió toda responsabilidad, a pesar de ser su compañero de equipo, Tommy Aaron, quien anotó mal. Se opuso a la “viveza argentina” y contrarió ese absurdo que supimos llamar “la nuestra”. Y sin duda sentirán orgullo los lectores tempranos cuando conozcan del día en que transformó un deporte individual en símbolo de triunfo nacional al ganar para Argentina la Copa del Mundo de 1953 en Montreal.

Cuando el físico le soltó la mano a su más preciada pasión, ocupó el lugar vacío con la tinta. Las experiencias le rebalsaban, así que decidió compartirlas sobre el papel de La Nación. “Ojalá este espacio haya servido para compartir esta gran pasión que es el golf. Hasta siempre”, deseó en la última edición de “Charlas con El Maestro” en 2009. Lo dijo con la tranquilidad de haber logrado lo que hoy confirmamos: dejar vivo su nombre en el recuerdo del deporte.

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