Diciembre de 2001 fue el escenario en el que la sociedad no sólo se apoderó de las calles, sino que también fue el momento en el cual el pueblo racinguista pudo desatar el grito de gloria.

Racing campeón: cuando el fuego crezca quiero estar allí

@equipotyd

28 DE MARZO DE 2018

"El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”, le proclamó Pablo Sandoval a Benjamín Esposito en la película argentina “El secreto de sus ojos” para explicar el sentir de una persona que es atravesada por una pasión tan popular como el fútbol. En ese marco se puede tratar de comprender los acontecimientos que se sucedieron durante diciembre de 2001. Mientras Argentina atravesaba la mayor crisis de su historia tanto política, económica como social, quedando al borde de la desintegración ya que secuestionaba al propio modelo de representación democrática, existía un sector del pueblo al que no le importaban ni los cinco presidentes que desfilaron en una semana, ni el corralito bancario que impedía el libre retiro de dinero de los bancos, ni el estado de sitio impuesto en todo el país. Ellos tenían una preocupación superior: poder ver, luego de 35 años de espera, a su equipo campeón. Los hinchas de Racing jugaban un partido aparte. La política y el deporte, también.

Las esferas de la política y el deporte poseen intereses propios y son cruzadas por distintas relaciones de poder. Ambos campos, lejos de ser compartimentos estancos, son construcciones sociales y por lo tanto tienen una dinámica complementaria, desterrando el mito popular del sometimiento de la política hacia el deporte. Esta relación se cristaliza y se hace visible en momentos determinados, como en diciembre de 2001, cuando el Gobierno, hundido en un caos institucional, encontró en la disputa de los partidos que definirían el campeonato de Primera División Apertura 2001,una forma de demostrar que el país retomaba los carriles de la paz social. Por otro lado, las autoridades ligadas al fútbol estaban permeadas por distintas presiones (de hinchas, dirigentes y empresarios) que los obligaban a buscar soluciones para que no haya postergaciones. Es por eso que con la finalización del torneo, el deporte, sus dirigentes y los gobernantes salieron beneficiados.

A lo largo de esta investigación demostraremos que el campeonato en el que la Academia volvió a la gloria deportiva se enmarca también en una serie de hechos deportivos que confirman nuestra hipótesis: desde las finales jugadas entre Racing y Banfield en 1951, que definía el campeón del torneo y que estaban signadas por las presiones políticas de la época, pasando por la transmisión del amistoso entre Argentina y Polonia, en marzo de 1976, el mismo día que un Golpe de Estado quebró el orden institucional e instauró la más sangrienta de las dictaduras. Por otro lado, es imposible olvidar que ese gobierno de facto no sólo organizó el Mundial 1978, certamen que se disputó en el medio de la desaparición, tortura y muerte de miles de personas sino que además dejó que la pelota siguiera rodando (en un campeonato local que tuvo a Ferro como el gran protagonista) mientras enviaba a miles de jóvenes combatientes a perder su vida en la Guerra de las Malvinas en 1982. Por eso, el campeonato Apertura 2001 se inscribe bajo esta línea histórica-política y que lejos de ser un hecho aislado forma parte de un modo que tienen el poder y el deporte de relacionarse para beneficiarse mutuamente.

La “argentina” de Racing

Fernando de la Rúa asumió como Presidente de la Nación el 10 de diciembre de 1999. La Alianza, una coalición entre la UCR y el FREPASO, había ganado las elecciones con un discurso crítico de las presidencias de Carlos Saúl Menem, quien dejó un país envuelto en corrupción, desempleo y pobreza. Igualmente, la gestación de las condiciones económicas y sociales que desembocaron en la crisis del 2001 comenzó un cuarto de siglo antes. El legado económico de la dictadura cívico-militar se resume en un enorme endeudamiento externo que anuló las capacidades del Estado para continuar liderando el desarrollo económico, acompañado de un gran retroceso industrial y degradación social.

“Racing Club Asociación Civil ha dejado de existir”, dijo la síndico Liliana Ripoll en marzo de 1999, luego de conocerse el fallo de la Cámara de Apelaciones de La Plata, que dictaminaba la inmediata liquidación de todos los bienes de Racing: jugadores, sedes y estadio. El club de Avellaneda, sumergido en décadas de malos gobiernos, con nulos éxitos deportivos y con graves problemas económicos, acentuados en la última década, era la cara visible de una crisis que también afectaba a las instituciones deportivas.

En 2001, tras dos años de mandato, el gobierno de coalición no sólo había profundizado la crisis sino que decidió que la mejor forma de salir de ella era haciendo retornar a Domingo Felipe Cavallo al Ministerio de Economía. El artífice del plan de convertibilidad y uno de los mejores alumnos del FMI, regresaba para intentar enderezar a un gobierno que había tomado el camino del endeudamiento. Los llamados “Blindaje” y “Megacanje” (consideradas las estafas financieras más grandes que sufrió el país), sólo fueron una solución para que el capital especulativo fugase su dinero.

En diciembre de 2000 la justicia le otorgó por el lapso de 10 años el gerenciamiento del departamento de fútbol de Racing a la empresa Blanquiceleste S.A., a cargo de Fernando Marín. Esto significaba el ingreso (en parte) de las sociedades anónimas a la máxima categoría del fútbol argentino y encima en uno de los clubes más populares del país. Este acuerdo judicial-deportivo contó con la bendición de Julio Humberto Grondona, el máximo dirigente del fútbol local. Si bien siempre fue reticente a la privatización del fútbol, en este caso vio con buenos ojos que alguien se haga cargo de las enormes deudas que tenía la institución, sobre todo con la AFA.

Así era el panorama al inicio del segundo semestre del 2001. Mientras el gobierno presentaba un durísimo plan de ajuste, acordado con el FMI, que arrojaría a un mayor número de ciudadanos a la desocupación, pobreza y marginalidad, por el lado de la Academia, los hinchas renovaban las esperanzas al comenzar un nuevo torneo (Apertura 2001) en el que el equipo, dirigido por Reinaldo Carlos “Mostaza” Merlo, contaba con muchas incorporaciones, gracias a la inyección de dinero de la gerenciadora, que los hacía pensarse como animadores del campeonato.

El Estadio Juan Domingo Perón albergó la “final” adelantada entre Racing y River. Fue el 2 de diciembre, por la fecha 15 del torneo. El equipo de “Mostaza” llegaba puntero (36 pts.) y los de Núñez soñaban con recortar distancias (31 pts.). Los dirigidos por Ramón Díaz, con gol de Esteban Cambiasso, ganaban 1 a 0 hasta que el colombiano Gerardo Bedoya estableció el empate sobre el final del partido para desatar la locura racinguista. Un día más tarde, el Gobierno Nacional publicó el decreto 1570 en el que anunciaba el límite en las extracciones de efectivo en los bancos y la cancelación de las transferencias al exterior. El “Corralito”, confeccionado para contener una crisis terminal, desató otro tipo de locura. El descontento social ganó terreno y ya no había plan que lo contenga.

El 19 y 20 de diciembre de 2001 quedarán marcados en la historia como el momento en el que el pueblo salió a las calles para ponerle un freno a las políticas neoliberales que estaban llevando al país a la desintegración social. “Que se vayan todos” era el cántico popular que demostraba la crisis de representación del sistema democrático. “Piquete y cacerola, la lucha es una sola” era el grito de combate que unía a los distintos sectores sociales. El decreto 1678 firmado por el Presidente donde establecía el estado de sitio por el lapso de 30 días, solo recrudeció la protesta social. Las salidas de Domingo Cavallo y la posterior renuncia de De la Rúa no terminaron con la fuerte represión, que dejó un saldo de más de 39 muertos en todo el territorio nacional.

Con un país al borde del colapso, Racing debía jugar la última fecha del torneo contra Vélez, para terminar con 35 años de sequía y angustias. “Con tantos muertos no podíamos jugar. Más allá de que no nos brindaran seguridad, nosotros queríamos suspender la fecha porque lo que pasó fue terrible”, explicó Grondona (Nota diario OLÉ 21/12/01) mientras la AFA anunciaba la postergación total del fútbol argentino a jugarse el fin de semana del 21, 22 y 23 de diciembre. El tan ansiado grito de “campeón” de los hinchas racinguistas debía posponerse y nadie daba certezas sobre cuándo se finalizaría el torneo.

Política y Deporte: poder, mitos y pasión

En este contexto de plena ebullición social la política y el deporte se debatían sobre cómo reencauzar el orden. Por el lado de la política, existía una lucha dentro de los distintos sectores de poder, por establecer cuál de ellos dirigiría los destinos del país. Los días siguientes a la salida de De la Rúa fueron dignos de un récord Guinness. Del 20 de diciembre al 1 de enero, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde vistieron la banda presidencial, lo que demostraba las peleas intestinas dentro de la esfera política. Mientras que del lado del deporte también existían disputas entre los distintos actores para establecer la forma en la que la pelota rodara nuevamente. ¿Hay un punto de encuentro entre estos dos actores? ¿Hay subordinación de uno sobre el otro?

En este tipo de escenarios es donde se cristaliza la relación entre el campo político y el deportivo y además es el contexto propicio para el surgimiento de mitos y creencias que se alejan del análisis crítico de una sociedad en su conjunto.

La concepción de “campo” como la define el sociólogo Rodrigo Daskal, en una entrevista con nuestro equipo de investigación, es una “construcción imaginaria (“campo político”, “económico”, “deportivo”) pero que nos sirve como herramienta para pensar las particularidades que tiene cada uno de ellos”. Daskal, además, explica que los vínculos entre ellos “son antiguos y existieron siempre, en términos de deporte moderno. Hay que evitar las visiones reduccionistas que suponen que una cosa depende de la otra o que, en realidad, el deporte es una marioneta o un instrumento de la política”. De esta forma desterramos la creencia instrumentalista que existe sobre la política y el deporte y nos acercamos a un entendimiento de relaciones de poder (internas y externas) entre actores que en ciertos momentos acuerdan y se materializan en casos concretos.

El sábado 22 de diciembre hubo una reunión cumbre en Casa de Gobierno. Julio Grondona, Fernando Marín, Sergio Marchi (Futbolistas Argentinos Agremiados), Miguel Ángel Toma (Ministro de Interior) y Ramón Puerta (Presidente interino de la Nación) sostienen más de cinco horas de reunión y al finalizar el encuentro son Toma y Grondona quienes anuncian que el Estado ofrece las condiciones de seguridad adecuadas para que se jueguen los partidos definitorios del Torneo de primera (Vélez-Racing y River-Rosario Central) y tres partidos más del ascenso.

La resolución del conflicto fue el puntapié inicial para una serie de teorías y mitos que hasta el día de la fecha se sostienen. La creencia más fuerte de que el estado de sitio fue levantado para que “Racing saliera campeón”, se diluye por el propio peso de los hechos. Fue De la Rúa quien redactó el viernes 21 de diciembre, junto a su renuncia, el decreto 1678/01 que ponía el cese al estado de sitio para todo el territorio nacional. El Gobierno de Puerta, y a pedido de la Provincia de Buenos Aires, sostuvo por 10 días el estado de sitio en ese territorio, pero eso no dificultaba que se jugara el partido. Primero, porque los encuentros de Racing y River se disputarían en Capital Federal y luego porque tampoco eso prohibía las reuniones, pensando en los miles de hinchas de Racing que se reunirían en su estadio para ver el partido final.

En esa vía también se cree que Racing contó con mayores privilegios que San Lorenzo, que el 19 de diciembre (en pleno caos social) debió suspender el partido de vuelta en el Nuevo Gasómetro con Flamengo por la final de la Copa Mercosur y de esta forma tenía que esperar a enero para levantar su primera copa internacional. Era sabido que el calendario de los jugadores brasileros no podía modificarse porque, entre otras cuestiones, ya tenían estipulada sus vacaciones.

Otra de las creencias populares es aquella que especula con que Racing debía salir campeón para presentar a las sociedades anónimas como exitosas. Otra vez los acontecimientos refutan esta postura. Solamente tres años atrás, en una reunión del Comité Directivo de AFA se votó en contra del proyecto presentado por Mauricio Macri (en ese momento, Presidente de Boca) que consistía en darle un marco legal a las sociedades anónimas deportivas. “Grondona no tenía intenciones de mostrar que el fútbol privado (las S.A.) podía ser exitoso. Él era un enemigo de eso, no por convicción, sino por poder. Si entraba un grupo, un sector a inyectar dinero como pasa en países europeos, Grondona iba a perder poder”, comentó el periodista Alejandro Wall, quien analizó ese momento del país y de Racing con nuestro equipo. El traspaso del gerenciamiento del departamento de fútbol de Racing a manos de Marín hay que entenderlo como una forma de quitarle espacio a la justicia en la conducción del club y asegurarse el cobro de la deuda que tenía la institución de Avellaneda con la casa madre del fútbol.

Por otro lado existe la visión instrumentalista y maniquea donde se coloca a la política a gobernar desde un lugar oscuro donde el deporte, “transparente” y “bondadoso”, es un títere. “Se usó el campeonato logrado por Racing para tapar lo que ocurría en el país”, asevera el clamor popular y sin embargo los actores principales de ese momento dan cuenta de que existían intereses y presiones de ambas partes para que ese partido se jugara.

“Nosotros presionamos desde nuestro lugar. Marín y Merlo lo sabían. Estábamos pensando en terminar todo lo que habíamos luchado y terminarlo cuanto antes. Se barajaba la posibilidad de que sea en enero y podría haber sido con otro equipo, porque vencían préstamos y demás. Había mucha gente esperando ese momento. 35 años. Entonces, suspenderle un partido a gente que lo esperó tanto tiempo y hasta gente que se murió en ese camino, me parecía una falta de respeto”, explicó José Chatruc, quien nos dio sus argumentos sobre ese momento y que ahuyentó la idea de que el campeonato de Racing haya estado “arreglado”. “Invito a que vean los partidos. Con Chicago o Estudiantes por ejemplo (…) Vélez tenía premio por ganar, porque ellos tenían un premio por la sumatoria de puntos y especulo que había un incentivo por parte de River”, sentenció el exjugador que aportó 6 goles para el campeón.

“Nosotros queríamos jugar. No era por la plata. Era por la gloria Es el egoísmo de ‘a mí lo que me importa es ser campeón’ y no fijarte que lo realmente importante es que hay un país en juego. Si lo miras a la distancia, decís ‘es un partido de futbol, se puede jugar en otro momento’ y tratar de solucionar lo político y lo social, que era lo más importante”, expresó al equipo de investigación Martín Vitali, quien además sostuvo que ganar era la herramienta que ellos poseían para hacer feliz a una parte del pueblo. “Que Racing saliera campeón o no, no cambiaba la realidad. El quilombo del 2001 iba a seguir igual. Nosotros podíamos jugar y darle por lo menos una alegría a la gente. Algo hicimos”, concluyó el lateral derecho del equipo de Mostaza.

¿Y por el lado de Vélez qué pasaba? Dentro de un equipo que ya no peleaba por nada y un plantel que ya pensaba en sus vacaciones se encontraba Mariano Chirumbolo, un pibe que quería cumplir el sueño de debutar en primera. “Yo estaba a punto de debutar, estaba en una nube. Era una sensación rara con todo lo que pasaba en el país, con las fiestas. Yo estaba en mi mundo”, nos relató el exdelantero velezano, quien no sólo cumplió ese día con el anhelo de debutar sino que además fue el autor del empate, que dejó sin aliento a los racinguistas. Hoy, con 36 años y alejado del entorno del fútbol entiende que su sueño podría haberse pospuesto por un tiempo. “Coincidió y les vino bien tanto al ámbito de la política y el deporte que ese partido se jugara para aflojar la tensión de lo que ocurría en el país. Viéndolo a la distancia y con más conciencia social diría que no se juegue”, aclaró el exjugador.

Por el lado dirigencial dialogamos con Fernando Marín, el presidente de Blanquiceleste S.A., empresa que él gerenció durante seis años, quien expuso cómo se gestó el cónclave para que la pelota pudiera rodar. “Cuando me enteré de la suspensión me agarró una lipotimia. Después, me fui a comer a lo de Mauricio (Macri). Puerta era el Presidente y yo sabía de su relación con él. Le dije ‘por favor, hablale. Que me reciba. Si jugamos en febrero no salimos campeones´. Lo llamó y Puerta nos dio cita para el otro día, sábado. En Casa de Gobierno nos recibió Puerta con el Ministro de Seguridad Miguel Ángel Toma y el Jefe de Policía. Yo estaba con Grondona, Paladino, que era el secretario y mi hijo. El Jefe de Policía nos preguntó si nosotros garantizábamos la seguridad. Yo le dije ‘totalmente’. Logré que se juegue gracias a esta relación”, declaró el exgerenciador.

Dirigentes, jugadores e hinchas. Todos unidos y presionando para que el partido se jugase. Testimonios que dan cuenta que el fútbol no sólo tiene autonomía propia sino que además tiene intereses propios y a veces distintos a otros sectores. El fútbol, como deporte, es un hecho político en sí mismo con sus propias lógicas de poder, con sus propias tensiones, con sus propias pujas. La relación entre Grondona y Marín en ese momento encontró un punto de encuentro, pero es sabido que el vínculo de amistad de este último con Macri lo tornaba un enemigo en otro contexto. “Mauricio cuando intentó la apertura del fútbol hacia las sociedades anónimas no tuvo un buen entendimiento con Grondona, que tenía la manija. Era un momento difícil como para enfrentarlo”, reveló Marín.

Ahora, el Gobierno Nacional, ¿podía usar a la reanudación y finalización del torneo en términos políticos?De hecho lo hizo y así lo marcan las distintas declaraciones de sus funcionarios de turno como es el caso de Puerta, quien vio que la transmisión del partido era una buena forma de mostrar a un país que retornaba a la normalidad.O la postura de Toma, que “extremó las medidas de seguridad” (Nota diario Olé 23/12/01)durante el partido para evitar disturbios y para quelos festejos de los hinchas de Racing transcurriesen pacíficamente, tanto en el Cilindro como en el Obelisco.

Pero también vale preguntarse si la consagración de Racing y la inevitable alegría de su gente podía “tapar” la desocupación, la pobreza, el hambre y las muertes por la represión a la que había llegado el país tras años de malos gobiernos. “Que eso bueno que le pasaba a esa gente no implicaba un mal para nadie. No era que si Racing jugaba ese partido la sociedad argentina quedaba desposeída. Ya estaba desposeída y no veía que si jugara Racing fuera a haber más represión, no veía que claramente un sector político y social de los que disputaban quedar mejor parados en esa situación ganara demasiado si Racing jugaba”, reflexionó el periodista Ariel Scher, quien compartió sus pensamientos con nuestro equipo.

Tirando paredes con la historia

Como se expuso en un comienzo, este hecho histórico en el que Racing se alzó con un nuevo título nacional, se enmarca en una serie de eventos que han corrido la misma suerte y que con el tiempo han quedado envueltos en mitos que sedimentaron la historia y desgastaron a los propios hechos en sí.

El caso de las finales entre Racing y Banfield en 1951 es el primer caso. “Evita dio la orden: Banfield tenía que ganar”, es una de las afirmaciones de la época y que perduran hasta la fecha. El deseo de la “abanderada de los humildes” anclaba en que un equipo de los denominados “chicos” pudiera vencer a un grande, en clara sintonía con la transformación llevada a cabo por las políticas peronistas. A pesar de las aspiraciones de Evita, la Academia logró el tricampeonato gracias a un bombazo de afuera del área de Mario Boyé porque como dice Daskal “lo que sucede termina decidiéndose en la cancha. Hay condiciones que se modifican e intenciones de determinados actores, pero el propio deporte termina decidiendo lo que ocurre”.

Como caso paradigmático tenemos al Mundial 1978 disputado en la Argentina. El golpe de estado en marzo de 1976 instaura una dictadura que a base de represión, proscripción, tortura y muerte modificaría las bases socioeconómicas del país. Con el paso del tiempo se instaló la visión que el gobierno utilizó al deporte para tapar su plan siniestro. Sin embargo, esta es una visión que habría que complementarla con información. La sede del Mundial ya estaba elegida con anterioridad al golpe y además existían buenos vínculos con la dirigencia de la AFA (que no sufrió intervención, a diferencia del resto de las instituciones), sobre todo con su Presidente, Alfredo Cantilo, quien en la inauguración del Mundial bregaba por “una tierra de paz, libertad y justicia” y que enfatizó “el triunfo del deporte en un marco de paz y cordialidad”. Elogios que se producían a menos de 1000 metros de la Escuela de Mecánica de la Armada, centro clandestino de detención. La dirigencia de la época vio con buenos ojos la inversión multimillonaria que se realizó en infraestructura.

La correlación de fuerzas seguramente en ese momento le daba al gobierno dictatorial mayor poder para imponerse, pero eso no convierte a la dirigencia del fútbol en simples marionetas, reduciendo todo a “buenos” y “malos”.Por otro lado, los caminos entre el deporte y la política no son unidireccionales ya que hay casos donde el deporte funciona como plataforma de lanzamiento.“La política incide muchísimo en la materia deportiva, pero creo que incide más la materia deportiva en la política. La prueba es ahora, donde un presidente (Macri) fue lanzadoa la política por el deporte. Es muy barato y la dimensión que aporta el deporte es inconmensurable. Ninguna propaganda en los medios puede compararse con estar todas las semanas en los medios deportivos”, fundamentó el abogado Norberto Outerelo,especialista en Derecho del Deporte, quien dialogó con el equipo de investigación.

Todo gol es político

La propuesta de este trabajo de investigación era desterrar la idea que la política funciona como un “motor original” y que el resto de los campos son meros receptores de sus estímulos, sin capacidad de reacción. Demostramos, a través del caso de Racing 2001, principalmente, y luego con un recorrido por casos simbólicos, que la interrelación entre actores del sector político y deportivo se encuentra lejos de ser un terreno de sometimiento sino que nos encontramos en un espacio de disputa constante de poder (por dentro y por fuera de cada “esfera” o “campo”) donde se trata de construir un sentido determinado de las palabras, de las acciones, de los hechos, de la historia.

Además comprobamos que la existencia de los mitos que rodean a este tipo de eventos, tienen más relación con lo que Ariel Scher denomina una “zona de identidad afectiva”, en la que se genera un espacio fértil para la proclamación de aseveraciones sin sustento debido a la empatía o no que se tenga con ese equipo, con ese gobierno, con ese hecho histórico.

Diciembre de 2001 fue el pueblo en las calles, organizado y luchando contra las políticas de sometimiento al capitalismo salvaje. Diciembre de 2001 también fue el pueblo racinguista, entregándose a las más placenteras de las lágrimas, luego de 35 años sin poder gritar campeón. No hay contradicciones, en esa tensión constante se mantiene vivo el fuego que forja a una sociedad.

Textos y producción: Rodrigo Arias, Camila Barredo, Franco Fagioli, Gonzalo Mena, Sebastián Vidal y Tomás Zappietro

Tomás Zappietro Rodrigo Arias, Camila Barredo, Franco Fagioli, Gonzalo Mena, Sebastián Vidal yTomás Zappietro

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