De Guillermo Stábile, goleador del Mundial del 30, a Eliana Stabile, futbolista del equipo femenino que se clasificó para Francia 2019. Fútbol, goles, género y el despertar de una pasión de selección.

 

 

Leyendas del gol y machirulos empedernidos

Santiago Carrodeguas

28 DE MARZO DE 2018

“Pero hay idiotas —la mayoría— que mueren sin enterarse de que fueron pendejos”. Carlos Fuentes.

Leyendas del gol y machirulos empedernidos

Eliana Stabile lanzó un derechazo al arco como si se tratara de algo que no se volvería a repetir. Contra sus deseos, la pelota siguió su curso bien arriba, apuntando a las estrellas. Ella le pidió que bajara, y al final, el balón le hizo caso, no sin antes besar al travesaño y entrar riendo a carcajadas.

-Papá, me estás engrupiendo.

Aunque no había mucha luz en la habitación, Humberto alcanzó a ver la mueca de disgusto que le mostraba su hijo desde la cama. Aunque se imaginaba la respuesta, hizo la pregunta obvia.

- ¿A qué te referís?

-Las mujeres no saben jugar a la pelota. Aparte, ¿Cómo van a poder dirigirla a su antojo si nuestros cracks a veces la sacan del estadio?

-Tenés que dejar volar tu imaginación y abrir un poco esa cabeza de tarambana. Si no las dejás aprender, es porque el julepe a que te superen es mayor a tus habilidades en el potrero.

- ¿Julepe? Eso es lo que tenía Cherro cuando vio a los franceses. Menos mal que Stábile nos salvó.

Aunque pelear con su padre le resultaba divertido, a Alfredo lo devoraba la curiosidad. Juntó fuerzas y disparó:

-¿Por qué tu protagonista tiene el mismo apellido?

-Creo que el fútbol femenino necesita a alguien como él, que inesperadamente llegó e hizo goles mágicos. Hoy todo el mundo habla de ese simple goleador de Huracán a pesar de que perdimos la final.

-No me hables de ese robo. Con Varallo lesionado y Monti cagado hasta las patas…

-Hay que aprender de nuestros errores y no echarle la culpa a factores externos. Creernos campeones morales no soluciona nada.

Alfredo estaba harto y quería terminar la conversación, por lo que decidió fulminarlo con un comentario digno de un papanatas.

-El fulbo es cosa de hombres.

Humberto creyó que se derrumbaba ahí mismo. Decididamente, su hijo era un torpe centroforward al que no le interesaba moverse para cabecear sus pases de centrojás. Antes de suspenderlo, atinó a lanzar una última contra:

-No escupas para arriba porque te puede caer en la cara.

Muchas cosas cambiaron desde esa noche en el año '30. El goleador implacable pasó de ser aclamado como jugador a que le tiraran monedas por la debacle de Argentina en el Mundial de Suecia. Le dijeron que era un viejo choto y se olvidaron del entrenador tricampeón con Racing . Luego de su fallecimiento recobraron la memoria de repente y fueron al entierro en Chacarita.

Alfredo mantuvo los prejuicios que tenía a los diez años. Siempre con la frente en alto, estaba seguro de que su padre se había equivocado. Aún cuando vinieron las primeras participaciones en Copas del Mundo y el inicio de la liga profesional femenina, no le importó. Después de todo, el público le daba la razón ignorándolas.

Todo cambió el día en que fue a ver el partido repechaje entre Argentina y Panamá. Ya estaba senil y le habían aconsejado evitar las emociones fuertes. Él replicó que nada lo aburría más que un partido entre mujeres. La cancha estaba repleta y su corazón duro como piedra. Escuchó la formación desganado hasta que un nombre le dio escalofríos.

Stabile, Eliana anunció la voz del estadio con tanto eco que parecía de ultratumba. Al final se tranquilizó al verla pararse de lateral por izquierda. A los 27' del primer tiempo, la piedra fue fulminada cuando la chica de pelo negro como el azabache anotó un gol idéntico al del cuento. Él no festejó ni lloró. Sencillamente dejó de escuchar, miró para arriba y vio la cara triunfante de Humberto. Al mismo tiempo, un espectador vestido de negro se apoyó en su espalda para comunicarle que el partido había terminado.

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