La directora del colegio secundario del club Independiente repasa las particularidades de tener alumnos-deportistas y los desafíos para que no dejen la escuela.

"El desempeño escolar es tenido en cuenta a la hora de decidir si juegan o no"

Maximiliano Das

28 DE MARZO DE 2018

Como tantos otros clubes, Independiente abarca, también, la educación. Karina Swereda, quien fue profesora de Historia en el colegio secundario durante 15 años hasta que, en 2012, asumió la labor de directora, le explicó a El Equipo cómo es la formación intelectual de los jóvenes que integran las divisiones inferiores de fútbol de la institución.

-¿Cuántos jóvenes de la pensión vienen a estudiar acá?

-Acá hay, aproximadamente, una población de 610 alumnos, de los que 35 son de la pensión y 50 jugadores de las inferiores que viven cerca. En el predio de Villa Domínico hay otros 30 chicos que, quizá, por una cuestión de rendimiento o por una educación insuficiente que recibieron con anterioridad, se les hace un poco ardua la inserción a esta escuela, entonces van a la Nº 12 de Avellaneda, donde tienen un nivel de exigencia, tal vez, más bajo y que pueden equilibrarlo con el nivel que traigan de donde vengan.

-¿Vienen sólo chicos jugadores de fútbol o hay también de otros deportes?

-Vienen integrantes de los equipos de waterpolo, básquet y handball. También tenistas, pero son sólo los jugadores de fútbol quienes gozan de algún tipo de beca, si se quiere, o diferenciación con respecto a los demás estudiantes.

-¿Se le da un papel más importante a la educación física por tratarse del secundario del Club Atlético Independiente?

-En nuestro plan existen dos horas semanales de práctica deportiva por fuera de lo que es la educación curricular, o sea, cuatro horas semanales en total. No es una asignatura que haga énfasis en la competencia, sino que pretende ser de formación y recreación: se les enseña distintos deportes y, si después están interesados en alguno de ellos, lo pueden practicar en este club o en el que decidan hacerlo.

-¿Cómo difiere la educación acá con otro secundario donde quizá no abundan alumnos-deportistas?

-La mayor diferencia se da en el lugar que tiene el deporte. La gran mayoría de los chicos, aparte de las horas de educación física curricular y no curricular, suelen practicar alguna disciplina en el club. Además, en los seis años de escuela primaria tienen natación. Esto les da una base muy importante, y a aquellos a los que les gusta, los inclina hacia una carrera que tenga que ver con lo deportivo, sea profesorado de educación física o kinesiología (aunque esta última no sea estrictamente de la rama).

-¿Son muchos los alumnos-futbolistas que terminan dejando la educación?

-Con respecto a los chicos de pensión, a fin de año les dan la continuidad o no continuidad, entonces, a aquellos que no se quedan a entrenar les perdemos el rastro. De los que sí llegan a sexto año, en líneas generales, en las últimas camadas se ha recibido la gran mayoría. A veces cuesta hacerles entender la importancia de la educación por estar tan preocupados en estar entre los concentrados o dentro del equipo titular, pero una vez recibidos nos agradecen la insistencia.

-¿Y se ayuda a quienes, por compromisos, ya sea con la primera o con las selecciones nacionales con límite de edad, se ausentan en fechas de examen?

-Sí. Obviamente, al ser jugador nuestro, si no estuvo para las evaluaciones, se las reprograma para cuando sí esté; si estuvo entrenando en el predio de AFA, se le manda vía mail los trabajos prácticos. Se le da la facilidad de, si no lo pudo hacer cuando había que hacerlo, que lo haga cuando vuelva. Ahora, por ejemplo, hay un chico -Rodrigo Márquez- que tiene todas las asignaturas aprobadas a pesar de haberse entrenado en Ezeiza y de haber viajado a México (a disputar el torneo internacional Cuatro Naciones) con el seleccionado sub-17.

-¿Cómo se incentiva el estudio en la universidad?

-Nosotros tenemos en sexto año un taller que se llama De la escuela a la universidad, que durante todo el año los chicos visitan universidades, averiguan sobre carreras y tecnicaturas.

-¿Y cuántos de los alumnos-futbolistas van a la facultad?

-Una vez recibidos, se les pierde el rastro, pero sé que, por ejemplo, de la camada que egresó en 2016 algunos están estudiando profesorado de educación física, un par, kinesiología y otro, abogacía.

-¿Son muchos los alumnos-futbolistas que se llevan materias a las instancias de diciembre o marzo?

-Hay una cantidad considerable que se lleva materias, pero no por falta de capacidad, sino porque el interés está situado en otro lado. Asimismo, el rendimiento en el colegio varía mucho si el técnico lo convoca o si no; si está sano o lesionado; si viven acá o son del interior. En esta época del año, los de la pensión comienzan, también, a extrañar y dudar si van a continuar el año que viene.

-¿Hay buena predisposición por parte de los alumnos-futbolistas?

-Sí. No sé si para estudiar, pero sí para venir al colegio. En este ámbito se sienten menos exigidos porque no hay una demanda desde lo deportivo, no hay entrenamientos, no existe la rigurosidad de los horarios. Los de pensión encuentran en nosotros la familia que tienen lejos, a pesar de tener una contención en Villa Domínico. De todas formas, al trabajar en conjunto con los que son sus entrenadores, el desempeño escolar es tenido en cuenta a la hora de decidir si juegan o no.

-¿Cree que los padres de los alumnos-deportistas le dan la importancia que merece la educación o priorizan al fútbol?

-Hay de todo. Existen casos de chicos cuyas familias viven en el interior que llaman regularmente por teléfono, o, cuando tienen la posibilidad de venir a Buenos Aires, se acercan a la escuela a conocernos y hablar con nosotros y hay otras familias que no.

-¿Cómo atravesaron los Juegos Olímpicos de la Juventud a la institución?

-Realmente, acá los Juegos pasaron un tanto desapercibidos; no hubo un entusiasmo particular por el evento ni se hizo hincapié en él.

-¿Cómo trataron el movimiento por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la Educación Sexual Integral (ESI)?

-Lo que estamos haciendo en torno a eso tiene que ver con un compromiso por parte del Centro de Estudiantes, que se está conformando de nuevo, y nuestro equipo de orientación escolar (dos psicólogas y una trabajadora social). Se organizaron talleres que comenzaron desde los años que tenían mayor conflicto e interés, y a partir de allí continuamos más allá de la semana específica de la Educación Sexual Integral.

-¿Por qué se está conformando de nuevo el Centro de Estudiantes?

-Cuando desde el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se estableció que era obligatorio que todos los colegios secundarios tuvieran centro de estudiantes, lo formamos, pero después perdió importancia. Con todo el movimiento que comenzó con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo un grupo de sexto año comenzó a usar el Centro como medio para participar.

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