Hay futbolistas que sin ser figuras en sus equipos, o sin siquiera jugar el Mundial, han participado del mundial desde una perspectiva en la que muchos profesionales no se involucraron

Jugadores protagonistas fuera del campo de juego

Matías Tolosa

28 DE MARZO DE 2018

César Luis Menotti, técnico del seleccionado albiceleste para la Copa del Mundo de 1978, insistió hasta último momento para que Jorge Carrascosa cambie su decisión de no participar de la competencia, pero era algo que no estaba dispuesto a hacer teniendo en cuenta el contexto social y político que transcurría el país y el fútbol en general. Los festejos de goles se confundían con los gritos de dolor que provenían de los centros de detención.
Ese primer Mundial que organizó y ganó Argentina se vio envuelto en un proceso de terrorismo de Estado que de todos modos no influyó directamente en la realización del torneo, pero sí es recordado en la actualidad por la enorme cantidad de desaparecidos y como la competencia a la que el “Lobo” Carrascosa desistió a pesar de ser quien estaba destinado a levantar el trofeo. Daniel Passarella, quien heredó la capitanía de la selección, señaló años más tarde que se arrepiente de disputar esa competición: “Si hubiera sabido exactamente lo que pasaba, no hubiese jugado ese torneo. Hoy pienso que muchos padres y madres han perdido a sus hijos mientras nosotros jugábamos la Copa del Mundo”.
No fue sólo el argentino el gran ausente de esta edición mundialista ya que Paul Breitner,capitán de Alemania que había sido el país campeón en 1974 y que jugaba en Real Madrid, también se negó aviajar a Sudamérica por el contexto en el que se jugarían los partidos.“Alemania es el actual campeón y eso le hace tener unas responsabilidades especiales. La Selección no debe dejar que la utilicen como una marioneta, porque los deportistas, aunque tengan en el deporte su principal preocupación, no deben ser eunucos políticos”, aseguró el lateral alemán antes de renunciar al torneo.Otro jugador que tomó conciencia de lo que estaba pasando en Argentina fue el arquero sueco Ronnie Hellström. El día que comenzó el Mundial, Hellström acompañó a Las Madres de la Plaza de Mayo en su manifestación en la Casa Rosada en lugar de asistir a la ceremonia de inauguración.
En sentido contrario, el futbolista holandés Rudolf Krol se vio involucrado en una situación de encubrimiento hacia la dictadura que rápidamente el jugador desmintió. Se trató de una carta falsa publicada, traducida del inglés, por “El Gráfico” en la que la figura de Holanda le comunicaba a su hija de tres años en Argentina todo estaba bien, citando frases como “Papá está bien. Tiene un batallón de soldaditos que lo cuidan y que de sus fusiles disparan flores. Argentina es tierra de amor”.El autor de la carta ficticia fue el periodista Enrique Romero, corresponsal del medio, que cuando Krol negó haberla escrito, confesó que fue él quien la redactó, pero que el holandés estaba de acuerdo. El defensor aseguró que no le diría nada en inglés a su hija porque es holandesay el plantel amenazó con retirarse del Mundial, aunque siguieron jugando hasta perder la final que consagró al seleccionado argentino.

César Luis Menotti, técnico del seleccionado albiceleste para la Copa del Mundo de 1978, insistió hasta último momento para que Jorge Carrascosa cambie su decisión de no participar de la competencia, pero era algo que no estaba dispuesto a hacer teniendo en cuenta el contexto social y político que transcurría el país y el fútbol en general. Los festejos de goles se confundían con los gritos de dolor que provenían de los centros de detención.

Ese primer Mundial que organizó y ganó Argentina se vio envuelto en un proceso de terrorismo de Estado que de todos modos no influyó directamente en la realización del torneo, pero sí es recordado en la actualidad por la enorme cantidad de desaparecidos y como la competencia a la que el “Lobo” Carrascosa desistió a pesar de ser quien estaba destinado a levantar el trofeo. Daniel Passarella, quien heredó la capitanía de la selección, señaló años más tarde que se arrepiente de disputar esa competición: “Si hubiera sabido exactamente lo que pasaba, no hubiese jugado ese torneo. Hoy pienso que muchos padres y madres han perdido a sus hijos mientras nosotros jugábamos la Copa del Mundo”.

No fue sólo el argentino el gran ausente de esta edición mundialista ya que Paul Breitner,capitán de Alemania que había sido el país campeón en 1974 y que jugaba en Real Madrid, también se negó aviajar a Sudamérica por el contexto en el que se jugarían los partidos.“Alemania es el actual campeón y eso le hace tener unas responsabilidades especiales. La Selección no debe dejar que la utilicen como una marioneta, porque los deportistas, aunque tengan en el deporte su principal preocupación, no deben ser eunucos políticos”, aseguró el lateral alemán antes de renunciar al torneo.Otro jugador que tomó conciencia de lo que estaba pasando en Argentina fue el arquero sueco Ronnie Hellström. El día que comenzó el Mundial, Hellström acompañó a Las Madres de la Plaza de Mayo en su manifestación en la Casa Rosada en lugar de asistir a la ceremonia de inauguración.

En sentido contrario, el futbolista holandés Rudolf Krol se vio involucrado en una situación de encubrimiento hacia la dictadura que rápidamente el jugador desmintió. Se trató de una carta falsa publicada, traducida del inglés, por “El Gráfico” en la que la figura de Holanda le comunicaba a su hija de tres años en Argentina todo estaba bien, citando frases como “Papá está bien. Tiene un batallón de soldaditos que lo cuidan y que de sus fusiles disparan flores. Argentina es tierra de amor”.El autor de la carta ficticia fue el periodista Enrique Romero, corresponsal del medio, que cuando Krol negó haberla escrito, confesó que fue él quien la redactó, pero que el holandés estaba de acuerdo. El defensor aseguró que no le diría nada en inglés a su hija porque es holandesay el plantel amenazó con retirarse del Mundial, aunque siguieron jugando hasta perder la final que consagró al seleccionado argentino.

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