Con dos definiciones previas para el infarto -en cuartos contra San Lorenzo y en semifinales frente a River- Lanús se metió en la final de la Libertadores por primera vez. Aunque no pudo consagrarse, vale la pena recordar el camino. 

Cómo fue el camino a la final

Juan Cruz Gutiérrez

28 DE MARZO DE 2018

Nacional le pegó un cachetazo de entrada y en su propia casa, La Fortaleza. Les estaban avisando que la Copa Libertadores no es para cualquier equipo. Viajaron hasta Brasil para visitar a Chapecoense, y no hubo piedad por parte de Lanús: 3-1 en tierras brasileñas. No hicieron falta más golpes ni dolores de cabeza como en el principio. El Granate se pudo vengar con Nacional en el Centenario y volvió a salir victoriosos contra Chapeco y el Zulia venezolano. El primer objetivo ya estaba superado: primeros en su grupo.

La Libertadores tomó vacaciones en junio y dejó que Lanús se enfocara en el otro objetivo: el torneo local. Los resultados no acompañaron y Boca logró salir campeón en la anteútima fecha.

Jorge Almirón puedo encontrar en Lanús un campo fértil para ver crecer su ideología: el juego prolijo con salida desde el fondo y sin revolear la pelota. Los jugadores apoyaron su idea: Andrada se calzó los guantes pero también salió a tocar con sus compañeros, Velázquez y Gómez volaron por los laterales para acompañar a Marcone y a Román Martinez, el Pepe Sand dejó de esperar en el área los centros de Lautaro Acosta y decidió salir al terreno desconocido: tres cuartos de cancha para ser otra opción de pase.

Luego de la siesta que duró todo junio, Lanús partió a la famosa altura de La Paz para jugar contra The Strongest los octavos de final. Andrada se hizo figura sacando todo lo que le pateaban y Pasquini clavó ese zurdazo desde 40 metros para ponerlos en ventaja. Aunque Bejarana empató faltando dos minutos, el gol de visitante y la victoria 1-0 en la vuelta, gracias a Sand, alcanzó para pasar a cuartos.

Esperaba San Lorenzo. Ningun Granate se olvidará de esos dos partidos. El desempeño no fue bueno en el Nuevo Gasómetro. Blandi hizo dos goles y pudo haber sido peor. Después de ese 2-0, parecía complicada una remontada; Almirón fue cuestionado durante toda la semana y el partido de vuelta se hacía esperar.

Hasta que llegó el jueves a la noche, en La Fortaleza. Mirá si el equipo habrán sentido la presión, que en apenas 20 minutos ya volvió a tener vida, con Sand y Pasquini que pusieron el 2-2 en el global y llevaron todo a una definición por penales. Allí, Andrada se hizo gigante: atajó los remates de Caruzzo y Blandi y se convirtió en el héroe de la noche.

Pero la épica sería aun más grande en la semifinal, ante River. En el Monumental, muy lejos de ser el Lanús de siempre, el equipo no encontró el rumbo. 75 minutos aguantó la embestida de River, con el agregado de no patear nunca al arco rival. Scocco le dio la ventaja definitiva en la ida al Millonario, y otra vez tenían la responsabilidad de dar vuelta el resultado.

Con más o menos espereanzas, otra vez el Granate volvió a llenar La Fortaleza, esta vez para recibir a River. El inicio pareció una película de terror para los del Sur: Scocco de penal y Montiel de cabeza ponían a River 2-0. Almirón miraba desconcertado a quién sabe dónde buscando alguna respuesta. Necesitaban 4 goles para poder clasificar y, mágicamente, los hicieron.

Debió haber otro penal para River, pero el VAR, que por primera vez se aplicaba en competiciones internacionales de CONMEBOL, no se hizo presente. Justo antes del final del primer tiempo, el Pepe Sand puso el partido 1-2 y en el arranque del segundo tiempo logró el empate.

A los 20 minutos del segundo tiempo, Sand la tiró al área con bronca, casi con desgano. Silva la aguantó un poco y Pinola regaló la línea de fondo. Ahí, de rastrón va el centro, mientras Acosta la empujó adentro del arco. En un abrir y cerrar de ojos, Lanús estaba 3 a 2 y le faltaba sólo un gol para la hazaña.

Y para lograrla, apareció el VAR. Román Martinez intentó un pase entrelíneas que nunca llegó a encontrar destino, porque en la medialuna del área Montiel tomó de la camiseta a Pasquini. El árbitro hizo caso omiso y los jugadores granates se le fueron encima. Pero un llamado del línea al árbitro cambió la historia: el VAR entró en acción para revisar la jugada y el referee cobró penal que Silva cambió por gol.

El partido estaba 4-2 y así finalizó. Lanús lograba dar vuelta un resultado que parecía imposible y llegaba, por primera vez en su historia, a la final de la Copa Libertadores. El desenlace es historia conocida. La épica, más allá de no poder haber gritado campeón, no se olvidará nunca.

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