Aunque la noticia de Lanús finalista pudiera disiparse con el correr de los días tras no haber obtenido la Copa Libertadores, el equipo del Sur marcó para siempre el camino de una institución que sintetizó un proceso deportivo y llevó al club a la final más importante del continente.

Un partido que se recordará por siempre

Ezequiel Raimo Lugo

28 DE MARZO DE 2018

¿Cómo se le explica al pueblo granate que el fútbol es sólo un juego? Si desde el momento en el que lograron la clasificación al certámen continental están inmersos en un sueño del que aún no despiertan. ¿A cuántos hijos, nietos y padres se les hablará de este equipo histórico? Porque para los verdaderos hinchas, la historia va más allá de un resultado. Los jugadores recibieron la ovación de las personas que se conmovieron con un plantel que se fue gestando desde la llegada de Guillermo Barros Schelotto.

El proceso que continuó Jorge Almirón llegó a su fin. O quizá sólo se postergó el sueño del mundo granate que se mantendrá en vilo hasta recuperar la identidad de un equipo que escaló hasta lo más alto y permanece en la cumbre. Sin el premio, pero con entereza.

La Fortaleza se convirtió en el Coliseo romano por unas horas y los guerreros se alistaron para la batalla más importante de su historia. Cayeron de pie ante un equipo copero. Quizá sea este el camino para continuar codeándose con los grandes equipos de América.

Hoy todos los hinchas sufren la pérdida de la Libertadores y el luto durará horas, días, meses o hasta años. Sin embargo, cuando el sueño haya terminado y llegue la hora de despertar, las lágrimas derramadas al finalizar el partido simbolizarán el agradecimiento para un grupo que llevó a Lanús a una constante ilusión copera. ¡Salud, Grana!

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