Uno de los máximos referentes de Lanus, José Sand, inició su carrera en el club en 2007 y estuvo hasta 2009, pero el año pasado volvió. El sueño se le esfumó entre las manos, pero nunca dejó de insistir por alcanzarlo. 

El ídolo que lo dio todo

Pablo Oliva

28 DE MARZO DE 2018

José Sand, "El Pepe" que viste con la camiseta 9 de Lanús, un guerrero sin armas que pivotea y vuelve loco a los defensas rivales, este correntino de 37 años que hasta hace unos meses pensaba que su carrera como futbolista se terminaba. La vida le demostró que tenía preparado algo más: desde el retorno al club que siente como su hogar recuperó la memoria goleadora, esa que los hinchas de River y Racing le pedían a gritos, pero no pudo demostrar.

Ayer perdió la final de la Copa Libertadores contra Gremio, pero eso no quita que por primera vez logró colocar a Lanús en una instancia que no imaginaba. Partido tras partido, Pepe fue clave para que Lanús llegara a este lugar.

Como los dos goles convertidos para iniciar la remontada trascendental al club de donde surgió, River Plate, y donde supo ser goleador histórico de sus categorías inferiores con 138 tantos. Los de ese día sirvieron para depositar a Lanús en la final de este certamen.

Pasó toda su vida corriendo atrás de la pelota. En su niñez lo hacía en las calles de tierra en la ciudad de Bella Vista, Corrientes, donde se inició como arquero, como su padre Raúl Sand, hasta los 10 años cuando motivado por su mamá, Amancia del Carmen, se vistió de delantero y así arrancó su carrera como goleador.

Fue un largo recorrido desde el 17 de julio de 1980 que llegó a este mundo hasta el día en que jugó su final más importante. Con poco lugar en los equipos grandes, Pepe, adoptado y reconocido como ídolo en Lanús, admite que La Fortaleza es su hogar. "Mi casa siempre fue Lanús", ha repetido constantemente el 9 del Grana.

Amante de los caballos y las carreras, demuestra un poco de dónde viene. Con actitudes humildes y con respeto, Sand exhibe adentro de las canchas el alma de corcel indomable que tiene, siempre bien parado, expectante, predispuesto a bancar pelotas que sirven de descarga, y pivoteando para buscar un mejor lugar para dar un pase o simplemente generar espacio para lo que más le gusta que es rematar al arco.

Imitando a ese animal al que tanto admira, un pura sangre que marca que el tiempo sólo pasa para los que ya no la quieren pelear y se dan por vencidos ante la adversidad de los años, él prefiere seguir galopando, busca incansablemente lograr su objetivo, el cual hoy concretó.

Cuando retornó al club de sus amores, lleno de emoción, declaró: "Luché mucho por volver y quiero retirarme acá". Su lucha no fue solo futbolística, sino también su carrera tuvo golpes familiares muy duros como la pérdida de una hija recién nacida cuando todavía jugaba en Colón. "Mi hija me ilumina desde el cielo", manifestó en su momento. Ese es el motivo del festejo señalando hacia arriba en cada gol que hace. El no poder triunfar con clubes grandes también fue doloroso en su historia: "Siempre hay cosas que van quedando. No rendir en clubes grandes fue una cuenta pendiente. En Racing no anduve bien y en River tuve un semestre bueno pero después fueron momentos irregulares".

De la mano de Jorge Almirón, el correntino devoto del Gauchito Gil festejó cuatro títulos: torneo local 2016, la Copa Bicentenario, la Supercopa Argentina y el logro más grande e importante de la historia de esta institución como lo es la Copa Libertadores de América. Su reencuentro con Lautaro Acosta, aquel con el que brilló en su primera etapa en el Sur, les permitió brillar nuevamente y hoy vuelven a dejar en lo más alto a un equipo que jamás dejó de creer en sí mismo. Así como tampoco el Pepe dejó de creer en sus condiciones, ésas que hoy, en Lanús, prácticamente lo distinguen como una divinidad.

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