El ex CEO de la empresa Torneos, que a pocas semanas de que estallara el escándalo de FIFA en 2015 se entregó a la justicia, declaró la semana pasada en una corte estadounidense. Lo que parecía una película, que arrancó hace más de dos años, sigue brindando escenas cinematográficas y cada vez son más los implicados. 

Alejandro Burzaco y FIFA-Gate: la realidad superó a la ficción

@equipotyd

28 DE MARZO DE 2018

El hotel Baur au Lac, en Zúrich, Suiza, amanece el 27 de mayo de 2015 envuelto en una primavera que empezaba a despedirse para darle paso al verano, caluroso, seco y turbulento. En diagonal a la doble puerta de entrada del Baur au Lac, se puede observar un gran alboroto en las calles, acompañado por el ruido de los pasos de hombres vestidos de negro y con una insignia estadounidense que apuran el ritmo en el andarivel de entrada al hotel. El FBI está en Suiza y tiene un objetivo entre ceja y ceja: romper con la calma y la corrupción. El FIFA-Gate ya es una certeza.

Para no cortar con el mito de que los argentinos son ávidos y tienen una viveza criolla que los distingue del resto de los mortales del planeta tierra, Alejandro Burzaco, quien fue CEO de la empresa Torneos, se despertó antes que el resto de la comitiva de FIFA que descansaba en el Baur au Lac. Con la confirmación de que los hombres de negro venían también por él –acusado de coimear a dirigentes del ente del fútbol mundial y CONMEBOL para que su compañía se asegure los derechos televisivos de competiciones importantes- Burzaco se hizo pasar por un turista y gambeteó la seguridad, cual laucha por tirante, o cual Messi en un potrero, y esquivó las patadas transformadas en esposas y la tarjeta roja convertida en una cárcel estadounidense.

Estuvo prófugo de la justicia y en Estados Unidos comenzó una caza de brujas con su nombre y apellido como paralelismo con las señoras de pelos enrulados y escobas que fueron cazadas y asesinadas en Inglaterra en el siglo XVII. A Burzaco, ni cazador ni cazado, le duró 14 días el juego del gato y el ratón. Cercado como si fuese Messi ante Chile en la final de la Copa América 2015 o Anna Schnidenwind en Inglaterra en 1782, Burzaco se entregó a la justicia, el 9 de junio de 2015.

Su liberación constó de una fianza cercana a los 20 millones de dólares, para que así le concedan la prisión domiciliaria al rosarino -rosarino, pero no Messi, aunque con una símil característica en gambetear conflictos- tras pagar 10 millones de dólares más. No utilizó la pierna zurda para tirar caños antológicos ni levantó la cabeza para ejecutar un pase de empeine a 40 metros de distancia. Pero Burzaco supo hacer uso de sus artimañas de poder para dejar en el camino y ridiculizar a la justicia.

Pasaron más de dos años de esos episodios tan controversiales y sorprendentes que dejaron atónitas a millones de personas, que en su gran mayoría vive y respira fútbol. Ese deporte que en los últimos años empezó a tomar un olor nauseabundo, el de la corrupción. Hoy, casi todos los dirigentes de aquella gestión están imputados y tienen una gran condena social, que desaprueba esos actos de esos tipos sin escrúpulos que planearon llenar sus cuentas bancarias con una pasión que atrae a millones de espectadores.

Alejandro Burzaco, quien bajo la figura de arrepentido ventiló lo que eran los arreglos y salpicó a muchos funcionarios. Como a Pablo Paladino, coordinador general de Fútbol Para Todos, y al abogado Jorge Dehlon, quien tomó la decisión extrema de quitarse la vida, aparentemente por las acusaciones del ex CEO de Torneos. El rosarino admitió que no sabía si podía volver a Argentina. Estas escenas son dignas de cualquier película, ni siquiera Francis Ford Coppola (director de “El Padrino”) se habría imaginado un escenario como el de la semana pasada con el FIFA-Gate. A veces, la realidad supera a la ficción.

Aquellos que supieron juntarse en hoteles para arreglar negocios en distintas partes del mundo ahora se ven las caras en la Corte de Brooklyn. Todos ruegan que las declaraciones de sus colegas no los hundan aún más. Según el periodista estadounidense Ken Bensinger, las palabras de Burzaco tocaron a muchos. Tal es el caso de Manuel Burga, ex presidente de la Federación Peruana de Fútbol, quien habría amenazado al rosarino por los dichos ante los jueces, y lo que habría sido la causa del llanto del argentino y la posterior suspensión de la jornada de declaración. Como para agregar escenas cinematográficas.

Este caso no sólo involucra al deporte, también a la política. El hermano de Burzaco, Eugenio, quien ayudó a Alejandro para pagar la fianza, es el secretario del Ministerio de Seguridad de la Nación y fue jefe de la Policía Metropolitana. Al parecer, lo que diga el ex CEO de Torneos puede salpicar muchísimo a otros funcionarios del gobierno nacional. Alejandro Casar González, periodista de La Nación, aseguró que el empresario negoció con el Grupo Clarín, aunque quiera desligarse de eso. Pero no sabe si lo que declaró Burzaco es certero, porque no es juez.

La familia, expectante, espera lo que le deparará el destino al rosarino. Los hijos viajan de vez en cuando para visitar a su padre, seguramente con el deseo de que algo libere al empresario de sus cargos. Pero ya es tarde, la pelota ya se manchó, aquellos culpables deben hacerse a la idea que van a pasar un largo tiempo tras las rejas, que nunca fueron intocables como alguna vez pensaron.

Producción: Agustín Loza, Julieta Castellano, Mateo Balbiani, Germán Trucchi, Natalia Garaygorta, Federico Bairgian y Lucas Rey.

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