Regresó de Italia para cerrar su carrera en el club del cual era hincha. Y se dio el gusto de ganar todo: fue campeón argentino, de América y del mundo. Le aportó experiencia y cerebración a un equipo joven y dinámico. Un crack que rompió todos los esquemas.

Bocha Maschio, el cerebro

Javier López Ezcurra

28 DE MARZO DE 2018

Humberto Dionisio Maschio fue un delantero formidable que desplegó su talento en Argentina y en Italia. Nació futbolísticamente en Arsenal de Llavallol y, tras un breve paso por Quilmes, arribó en 1954 al equipo que más alegrías le daría: Racing Club de Avellaneda. Conquistó el corazón de los hinchas académicos al levantar con sus propias manos un campeonato local, la Copa Libertadores y la Intercontinental.

Su nivel superlativo le permitió integrar una de las mejores delanteras en la historia de la Selección Argentina: “Los Carasucias” con la que ganó el Campeonato Sudamericano de 1957 en Lima (Perú) y hasta se dio el lujo de disputar el Mundial de Chile 1962 para Italia. Sin dudas, un futbolista que marcó la década de los 60. Humberto Maschio, el Bocha. Su recuerdo por el histórico Equipo de José permanece intacto.

-¿Por qué decidió finalizar su paso por Italia y regresar a Racing?

-Pizzuti era el técnico de Racing. Y él me decía si quería volver porque necesitaba un hombre que haga la pausa. Hablé con el presidente de la Fiorentina para irme. Si clasificamos a la Copa me dejaban ir. Yo no sabía cómo estaba Racing, quería terminar mi carrera dignamente en el club del cual soy hincha. Me encuentro con que el equipo venía 15 partidos invictos.

-¿Cuáles eran las virtudes de aquel equipo?

-Tenía dinámica nuestro equipo, una velocidad gracias a un preparador físico extraordinario (Rufino Ojeda). Yo jugaba los 90 minutos y no terminaba cansado. Le daba mucha bolilla al entrenamiento, eso lo aprendí de Pizzuti. Era superior a todos los equipos. Yo le aporte pausa, tranquilidad y experiencia. Éramos un equipo vertiginoso, bravos y muy unidos. Esa era la gran virtud. Un equipo de jóvenes pero con personalidad.

-Y encima sobresalía por su actitud ofensiva permanente...

-Claro, y el mérito era todo del entrenador. Jugábamos siempre al ataque. Emociona que te reconozcan tanto. Nunca creíamos que perderíamos un partido, pero sin ser soberbios. Nos teníamos mucha fe. Teníamos mucho entusiasmo. Nos sentíamos locales en cualquier cancha.

-¿Como era Pizzuti?

-Un tipo muy sereno, un fenómeno. Nos cuidaba. Nos preguntaba por la familia. Nos aconsejaba. Se podía acostar a las seis de la mañana y era el primero en el entrenamiento.

-En la Copa Libertadores de 1967, casi se matan todos en un vuelo en el que viajaban a Colombia para enfrentar al DIM. ¿Qué recuerdo tiene?

-Tenía que bajar un jet y no pudo por tormenta. Fuimos en dos avioncitos. Había algunas esposas de mis compañeros. El Panadero Díaz le pidió una pastilla a la azafata y ella no quería porque se movia mucho. De repente se levantó para darle el vaso de agua y se vino a abajo. Yo dije: “nos venimos a abajo”, Pizzuti gritó: “chau”, pero por suerte zafamos. Las mujeres, más guapas que nosotros, empezaron a decir “zafaron de esta, ahora son campeones” y cantaban “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de José”. La tragedia de Chapecoense (N.deR en 2016) me hizo acordar mucho.

-¿Qué sensación tiene al recordar la Intercontinental?

Cuando sos joven no le das importancia. La gente te hace recordar esa imagen. Fuimos los primeros campeones del mundo. Un hecho muy lindo.

-¿Cómo fue el recorrido hacia el Centenario?

-A Uruguay viajamos en avión. Era un partido bravísimo. Había muchos argentinos pero todos los uruguayos estaban a favor del Celtic. A muchos hinchas de Racing los agredieron. El Celtic era un equipo que jugaba muy bien al fútbol. En Montevideo salieron al choque. Fue muy sucio. Hubo cinco expulsados.

-¿Dónde los trató peor el público, en Escocia o en Uruguay?

El de Uruguay! A Escocia viajó con nosotros el actor Sean Connery. No era hincha de Racing, sino de Rangers! Se subió en la escala de Londres. Le pidió permiso a los dirigentes si podía viajar con nosotros al hotel. Fuimos a la cancha con el. Pero no habló nunca.

-¿Era complicado el Celtic? ¿Cómo planteó el partido Pizzuti?

Era un equipo veloz, con jugadores habilidosos. Los marcadores de punta sabían proyectarse. Eran parejitos. Pizzuti nunca nos hablaba del rival. Solo para esta vez. Viajó a Glasgow a ver al Celtic y nos dio una cartilla a cada uno de cómo jugaba cada jugador. “Leanla bien. Hagan lo que dice”, nos advirtió.

-¿Qué recuerdo tenés del gol del Chango Cardenas?

-Yo estaba a su izquierda. Antes se decía que yo le grite que pateara al arco. Esa historia es mentira. Pateó por su cuenta.

- ¿Cómo fue el regreso a Buenos Aires?

Aterrizamos en Ezeiza y nos llevamos una linda sorpresa. En la panamericana había banderas de todos los clubes. Una emoción. Éramos el club del país. Eran como las once de la noche y volvíamos para el estadio. Veíamos banderas de todos los clubes. Boca, River, Independiente, Banfield, de todos. Fue maravilloso.

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