El tren para ser futbolista pasa una sola vez y bien lo sabe Eduardo, quien de chico rechazó jugar en Independiente por su fanatismo bostero. Hoy, más de 40 años después, no se arrepiente.

"Si no jugaba en Boca no lo hacía en ningún lado"

Santiago Fernández

28 DE MARZO DE 2018

Eduardo Aranda tiene 57 años y vive en Villa Santa Rita junto a su esposa y a sus dos hijos. Hoy lleva una vida tranquila, es hincha de Boca Juniors y por lo tanto, fanático del futbol en sí pero cuando era adolescente tuvo una oportunidad que le pudo haber cambiado la vida.

Eduardo, hombre entusiasta, comentó: “Nací en Avellaneda pero gran parte de mi infancia la viví en Lanús y mi primer colegio fue el Alta Enseñanza ubicado en Zona Sur”. La institución ofrecía mucho deporte como actividad física y que por excelencia el practicaba fútbol, ya que era “lo que más le gustaba”. Comenzó a entrenar dicha actividad en el club El Porvenir, donde lo llevaban por parte del colegio y en donde estuvo hasta los 10 años más o menos. Su posición en la cancha era la de un cinco predilecto, con buen juego y manejo de pelota y de mucho ida y vuelta pero no de tanta marca. Orgulloso, subrayó que era el capitán de su equipo y que se destacaba en varios partidos. Asimismo, agregó: “Mi ídolo era Marcelo Trobbiani, era mi modelo. Yo sólo quería jugar como él”.

Aranda clarificó que “en sus comienzos, no fueron ni sus abuelos ni sus padres lo que lo llevaron para el lado de la pelota, sino que simplemente era una cuestión de favoritismo y era lo que más le llamaba la atención”. Repitió que empezó a jugar sólo, por el barrio y la razón de “jugar con sus amigos”. En una época donde había mucho potrero.

De un instante al otro, indicó que por más que lo apasionaba, no sabe si en verdad era lo que él quería ser futbolista sino que jugaba para divertirse ya que en ese entonces “era muy temprano para saber lo que realmente quería en su vida”. En su cabeza había una ideología firme: “A la par del colegio, jugar al fútbol”.

En estos días muchos jóvenes anhelan ser futbolistas pero él insinuó que no, que no lo tenía como meta, que sólo lo veía como una cuestión de jugar y divertirse. Su familia era de clase media baja, gente de barrio, sencilla y de trabajo. Eduardo reveló: “Nunca pensé que si me convertía en jugador, me familia se hubiese sentido aliviada por nuestro futuro, y más que ellos me exigían que estudie, me inculcaban eso”. Aclaró: “Me dejaban cierta libertad para hacer otras cosas pero siempre priorizando el estudio”. Primero el colegio, después el fútbol, por parte de ellos pero para él, rebelde, el futbol hubiese sido primero aunque siempre obedeció la orden de sus padres.

Años más tarde, en el '73 y con los 13 años ya cumplidos, le llegó la oportunidad de su vida. Eduardo se llenó de cierta nostalgia y relató: “Yo ya me había venido a vivir a Capital Federal y en ese entonces, con mis amigos, jugábamos un torneo llamado Torneos Evita, muy reconocidos en esa época”. Los Torneos Nacionales Evita se crearon con el fin de manifestar la solidaridad y el respeto a través del deporte y donde algunos niños por primera vez tuvieron un chequeo médico completo.

Al terminar uno de los partidos, se me acercó una persona que me dijo ser dirigente de Independiente, que estaban buscando jugadores y que me quería llevar a jugar a las divisiones inferiores del club”, prosiguió.

-¿En qué consistía la propuesta?

-La propuesta era jugar directamente sin hacer alguna prueba previa. Ya tenía la edad justa para estar en séptima y así, se salteaba dos categorías. Y yo no quise ir…

-¿Por qué?

-Era tal mi fanatismo por Boca que me dije a mí mismo que si no jugaba en el club del que soy hincha, no jugaba en ningún otro lado.

Sin embargo, detalló que tampoco fue a probarse en Boca debido que “no manejaba como su prioridad ser futbolista profesional”. Su foco estaba en el estudio y en seguir una carrera universitaria después. No pretendía dejar el estudio por nada y eso le parecía bien para progresar en la vida. Exclamó que “la oportunidad se apagó, resultó ser una vez y nada más”. Pensándolo en frío analizó: “La decisión fue la correcta ya que quizás ser futbolista no era mi vocación”.

Más allá de su elección final, al poner como prueba la carrera de El Beto Márcico, alegó que le hubiese encantado tener una historia así, le llamaba la atención una aparición espontánea. Después, a los dos años comenzó a replantearse un poco por qué no dijo que sí a la propuesta porque “por ahí es una oportunidad que no aparece otra vez, que no sabés si se vuelve a dar”.

También remarcó gustarle la idea de una masiva convocatoria como las que lleva a cabo en la actualidad Caruso Lombardi cuando arriba a un equipo nuevo y que eso le hubiese cambiado la decisión del “NO”, sea en el club que sea.

Eduardo se puso analítico con respecto a qué hubiese pasado si decía que sí al dirigente de Independiente y manifestó: “Creo que tenía las condiciones para haber llegado pero que uno nunca sabe que va a pasar”. Detalló: “Me hubiese gustado haber compartido equipo con jugadores como Hugo Gatti, Francisco Sá y Carlos Córdoba, a tal punto de volverme loco y hacer una carrera significativa en Boca”. Por otro lado remarcó que “jamás hubiese aceptado una oferta de ningún club, ya fuese del extranjero”.

Aranda reconoció que los grandes jugadores de Independiente de aquel entonces, como Bochini y Bertoni y la gran época del club, le jugaban un poco a favor a la hora de decir que sí pero que el orgullo por el club del cual es hincha y la pronta edad en la que la oportunidad le llegó lo llevaron a negar tal oferta.

Admitió que no se siente defraudado, dejando de lado las fantasías de lo que hubiese sido si seguía escalando, por no haber aprovechado ese momento y que su vida no cambió a partir de eso, ya que seguía enfocado en el estudio.

Al terminar el secundario, yo tenía el deseo de ser médico pero era un momento difícil para entrar en la facultad porque había 1000 inscriptos de los cuales sólo ingresaban 300”, prosiguió.

Muchos colegios de gran nivel como el Nacional de Buenos Aires y el Carlos Pellegrini tenían alumnos que entraban sin rendir exámenes, entonces las vacantes disminuían. “Probé dos años y cuando no pude ingresar seguí por el lado laboral”, resaltó. Trabajó con su padre en una fábrica de mueble durante tres años.

Sobre su vida afirmó: “Estoy bastante conforme”. Trabaja en un negocio de materiales eléctricos llamado Paternal SRL, hace aproximadamente 20 años. Tampoco busca que su hijo siga los pasos que él no pudo tomar ya que “no es partidario de influenciar a los chicos a hacer lo que uno quiere o puedo haber hecho en su vida” y que cada persona tiene que hacer lo que siente o lo que le gusta.

La historia de un chico humilde que comienza a patear una pelota por placer y goce con sus amigos, que entra a un club de barrio en Gerli y terminando disputando los Juegos Evita con la oportunidad de poder jugar en club como lo fue y es Independiente, sin aceptarla, es sin duda un cuenta de fábula hecha real.

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