¿Qué hacemos con los memes y las burlas que, por la escalada de la abundancia, pueden volverse agresivas? ¿Y con los que piden parar la mano?

El rol del aguafiestas

Barbara Fritzler

28 DE MARZO DE 2018

La sociedad actual se podría considerar privilegiada. Tiene en su poder herramientas que en un pasado nadie hubiera soñado con su existencia, y es testigo de fenómenos únicos en la historia. Todos ellos se ven atravesados por la vorágine de las redes sociales: cuando pasa algo, hay que compartirlo. Y si bien esto puede resultar un beneficio para la comunicación en numerosos aspectos, ¿cuál es el lado dañino de las redes, en qué puede culminar?

Pocas personas son las que hoy desconocen el significado de la palabra “meme”. Los memes son imágenes que pretenden expresar un concepto humorístico, y los usuarios de Internet ven la chance de crear uno nuevo apenas se da un hecho de relevancia cotidiana (política, música, fútbol, etc). Son graciosos, sí, pero nunca faltan los oportunistas que por ególatras no diferencian el verdadero humor de aquel que cruza la línea.

Hace algunas décadas la opinión pública no tenía tantos medios para manifestarse, y sin embargo las críticas siempre afectaron a los más débiles. En el fútbol, es un caso conocido el de Robert Enke, el arquero alemán que se suicidó a causa de la depresión que le generaban los comentarios negativos y la constante agresión.

Hoy todo eso se ve magnificado por las plataformas virtuales que permiten a quien sea decir lo que sea. El humor es delicado, la ironía fina es para pocos; y oponerse a las agresiones se transformó en un sinónimo de aguafiestas. “Vamos, es humor negro, no seas tan sensible”. El fútbol, nuevamente, sirve para todo, y los memes no son la excepción.

En este caso, se puede decir que la Selección Argentina “les da de comer” a los que buscan dañar. O puede que no, puede que simplemente desde la ignorancia se intente hacer un chiste sin tener en cuenta su repercusión y cómo puede perjudicar a una persona hasta etiquetarla con algo que deberá cargar constantemente. Gonzalo Higuaín es el mejor ejemplo: erró una situación de gol clave en más de una final, y eso parece haberlo condenado a una eternidad de burlas que lo van a relacionar para siempre con esos hecho. La catarata de memes surgió en 2014 y continúa hoy, incluso con Higuaín fuera de los convocados. Basta con que aparezca para que las ideas se renueven: las imágenes lo muestran siempre equivocándose. Higuaín confundiéndose de cancha. Higuaín diseñando la polémica camiseta de Boca con el patrocinador arriba de la banda amarilla y no sobre ella. Higuaín intentando sacarse una foto agarrando la luna con los dedos (y fracasando). Higuaín en una escena de los Simpson en la que Bart le pide que firme su yeso, y se decepciona cuando el jugador en lugar del yeso firma la pierna.

Es peligroso no entender el poder que la opinión pública puede llegar a tener. El Pipita no es ningún fracasado: brilla en Europa, se cansa de hacer goles y gana millones. Sin embargo, se lo encasilló como el hombre al que nunca le alcanza, el que siempre se equivoca, el tonto. ¿Quién es el verdadero tonto?

Sin ir muy atrás, la lesión de Fernando Gago ante Perú generó las mismas repercusiones. Un jugador de fútbol que se rompió el tendón de Aquiles dos veces y que ahora sufre una de las peores lesiones en su rodilla, debería ser todo lo contrario a un “pecho frío”. No obstante, los comentarios son contagiosos. “Mirá, ahí entro Gago, seguro en cinco minutos se lesiona”. A una sociedad bizarra, cada vez más cerca de transformarse en una verdadera distopía, ni los gritos del mediocampista pidiendo que lo dejen jugar aun con la rodilla rota la conmueven. En realidad, los apuntados varían según la situación, generalmente no hay quien se salve de las humoradas. Y es que también hay que saber dirigirlas.

Corriendo el riesgo de ser el amargado, el que no sabe apreciar el humor negro, el “sensible”, todavía existe el que se opone. En el fútbol y en la vida, ser sensible no es un insulto, es ser inteligente. Y muchas veces la inteligencia duele, porque es abrir los ojos, deshacerse del cinismo cotidiano y comprender todo eso que los demás prefieren ignorar. Así que dale, no seas sensible. No nos arruines la fiesta.

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