Se casó la bruja cuando Messi tiró al tacho tanto discurso destructivo preparado y se formó un arcoíris que no fue otra cosa que ese orgasmo colectivo de una sociedad compuesta por millones de soledades.

Messi, sol y lluvia

Julián Princic

28 DE MARZO DE 2018

El día soleado siempre fue el bueno de la película, ¿o acaso a alguien se le ocurre asociar al sol con pensamientos negativos? Y por supuesto que todo lo contrario pasa con el día de lluvia: es gris, triste; es bajón.

Sin embargo, el sol nunca se va y a mí jamás me gustaron los que figuran todo el tiempo. No simpatizo por los que ganan siempre ni por los más fuertes. Soy de bancar al que la tiene más difícil, tal vez porque me gustan las épicas o porque me tocó ser de Independiente en una etapa gris, en días de lluvia.

Pero, de las cosas que nunca desaparecen, lo que más me molesta es el discurso fácil. Ese que parece de moda porque lo emite gente de moda pero está siempre. En general, lo disparan esos periodistas hechos a las apuradas, sin filtro, que gritan ante la falta de argumentos y que las ganan todas porque no juegan contra nadie.

Ellos son el sol porque están siempre y nos cegan al punto de hacernos creer que son los buenos. Se posicionan como parámetro, como punto de partida. Nos dicen que Messi es responsable y nosotros les creemos. Le dan indicaciones a Sampaoli sobre cómo armar un equipo y nosotros compramos.

Pero en Ecuador, al igual que en la tarde del domingo en Buenos Aires -y aunque no lo hayan notado-, llovió con sol. Porque en medio de tanta incandescencia mediática, cayeron gotas inesperadas. Se casó la bruja cuando Messi tiró al tacho tanto discurso destructivo preparado y se formó un arcoíris que no fue otra cosa que ese orgasmo colectivo de una sociedad compuesta por millones de soledades.

El arcoíris -o la clasificación al Mundial- solo nos distraerá por un rato: hasta que desaparezca por meras causas naturales y otra vez saquemos a relucir el desconsuelo de un pueblo quemado por el sol.

Sin embargo, Messi es de todos los colores todo el tiempo y por eso no deberíamos tener miedo de disfrutarlo. No deberíamos temer ni aunque Febo asomara enojado por perder protagonismo, ni aunque ardiese cada vez más fuerte.

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