La política siempre entró a las pistas y a los estadios, a veces para bien y otras, para mal. Las guerras impidieron la disputa de cinco Juegos Olímpicos y dos Mundiales de fútbol, pero grandes figuras hicieron su contribuciòn a la paz en medio de los peores conflictos. 

El deporte no es la guerra

Joaquín Arias

28 DE MARZO DE 2018

Deporte y guerra. Guerra y deporte. Los libros de historia lo certifican: cada vez que se cruzaron, el impacto y las consecuencias de los resultados fueron explosivos. Para mal, pero también para bien. Del mismo modo que las bombas supieron jactarse de decirle al espectáculo deportivo “tu ingreso acá no es bienvenido”, la pelota supo lucir el traje de mensajera de paz y archivar –al menos por un rato- las armas.

Desde 1896 se celebraron 28 ediciones de Juegos Olímpicos de verano y 20 Mundiales de fútbol. No se realizaron únicamente en cinco ocasiones y todas se debieron al mismo motivo: conflictos bélicos. La Primera Guerra Mundial inhibió los Juegos de 1916, mientras que la Segunda imposibilitó el desarrollo de las competencias olímpicas de 1940 y 1944, y las Copas del Mundo de 1942 y 1946.

Si de citas olímpicas se trata, los dos boicots más trascendentales tuvieron igual desencadenante: la Guerra Fría, aquel período histórico de enfrentamiento político, económico, tecnológico, ideológico y social entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Luego de que el gobierno de Jimmy Carter adujera que la presencia militar soviética en Afganistán en diciembre de 1979 era una invasión y violaba los derechos internacionales, atletas y deportistas norteamericanos , los EE.UU se ausentaron a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 (los primeros organizados en una nación socialista) junto con otros 64 países, entre ellos Argentina. Ante un boicot, otro boicot. Cuatro años después, la U.R.S.S. y otras 14 naciones con influencia comunista no enviaron a sus representantes a competir en Los Ángeles 1984. ¿El argumento? La ciudad de los sueños no ofrecía las garantías necesarias para la seguridad de los atletas.El deporte

Entre el 8 y el 27 de junio de 1969, las selecciones de Honduras y El Salvador se enfrentaron en tres oportunidades para definir su rumbo hacia el Mundial de México 1970. Así como muchos malinterpretaban que el choque entre argentinos e ingleses en 1986 debía representar una prolongación de los campos de batalla malvinenses, el cronista polaco Ryszard Kapuscinski aseguró en su libro “La guerra del fútbol” que aquellos encuentros suscitaron una lucha armada de 100 horas de duración entre los países centroamericanos, que se extendió desde el 14 hasta el 18 de julio. No obstante, en el artículo “¿La guerra del fútbol?”, publicado el pasado 19 de agosto por el periodista Andrés Burgo en Página 12, se corrobora que la pelota no fue la que desató la contienda que provocó alrededor de seis mil muertes, sino que la principal causa fue una reforma agraria en Honduras.

En octubre de 2005, Costa de Marfil, república de África Occidental en la que desde hacía tres años los conflictos se solucionaban militarmente, comenzó a encontrar en Didier Drogba un pacificador. O “un hombre de paz”, o “más grande que el presidente”, como lo ponderaban sus compatriotas. Después de obtener el primer boleto mundialista con su selección, el delantero lanzó una petición que exigía el cese de las armas y una convocatoria a elecciones.

Sin embargo, Drogba se terminó de transformar en un hijo pródigo de la nación marfileña en 2007, cuando en la presentación del trofeo como el futbolista del año africano le impuso al presidente jugar en Bouaké, una ciudad en la que estaba instalado el cuartel general opositor. Así ocurrió y el 3 de junio de 2007, Drogba, Kalou y compañía jugaron por primera ocasión en el Estadio Municipal de la ciudad y generaron que lo que sonaran no fueran explosiones sino festejos al unísono de cada uno de los cinco goles del seleccionado. La gente entendió a ese encuentro como la primera reunión verdadera de paz en mucho tiempo. La misma gente que le confesó a su Didi que podía ir tranquila a su casa porque la guerra había terminado.

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LA GUERRA DEL FUTBOL

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