Gonzalo Bettini, el lateral derecho de Banfield, apadrina un comedor comunitario en la Villa 21-24 de Barracas donde las necesidades son muchas y los recursos, más bien escasos. "Está bueno entender que hay personas que no tuvieron las mismas posibilidades que uno. Siempre es mejor conocer a que te cuenten la historia" dijo el futbolista que decidió jugar al lado de los más humildes.

Un gol de media cancha

Rodrigo Ayrton Aguirre y Gastón Antonelli

28 DE MARZO DE 2018

Mediodía frío en Luis Guillón. El reloj marca las 12 y Gonzalo Bettini se acerca a la hora pactada a unos bancos del predio deportivo de Banfield para empezar una distendida charla con El Equipo después del habitual entrenamiento bajo las órdenes de Julio César Falcioni. El barro en su pierna derecha y la transpiración que todavía le recorre el cuerpo son símbolos de una práctica exigente que acaba de finalizar.

Si bien el viento intenta hacerse protagonista, el lateral derecho no pierde en ningún momento su alegría característica y se saca el cassette para hablar durante casi 40 minutos, entre otros temas, sobre el nuevo rol que adoptó fuera de los límites del terreno de juego: ser padrino del comedor "Mamá Sopa".

Ubicado en el centro de la Villa 21-24 en el barrio de Barracas, el sitio que alberga por día a más de 60 chicos a la hora de la comida se convirtió en el nuevo lugar donde Bettini pasa algunas tardes. "Es la primera vez que colaboro de forma tan puntal, encarando un proyecto y metiéndome de lleno en la cuestión. La idea es ayudar en lo que ellos necesiten y darles una mano en lo que es la difusión del comedor", comenta el futbolista de 26 años que debutó en 2011 en Banfield y que lleva acumulados más de 100 partidos en la Primera de ese club.

-¿Cómo surgió la idea de involucrarse en el proyecto?

-Me introdujo Oscar Trotta, un ex director del hospital Garrahan, quien me llevó al comedor. Siempre es mejor conocer y no que te cuenten la historia. Así te das cuenta en la realidad que están sumergidos los chicos. Por eso ni dudé en meterme a colaborar con ellos.

-¿Qué importancia tienen estos eventos solidarios en tu vida?

-A veces uno no toma conciencia de los beneficios que ha tenido a lo largo de la vida. Me parece que está bueno entender que hay personas que no tuvieron las mismas posibilidades que uno, que la pelean mucho y que a veces las realidades son muy diferentes. En consecuencia, todo lo que pueda hacer para colaborar un poco está bueno.

-¿Qué sentiste cuándo visitaste por primera vez el comedor?

-La sensación que me dio es que cada persona que entra y que es ajena al lugar ve un hilo de ayuda y de esperanza que te conciben que las cosas pueden mejorar. Además, vi a muchos pibes jugando a la pelota, situación que me identifica mucho, y eso quiere decir que este deporte incluye mucho a la gente.

-Específicamente, ¿cuáles son las necesidades del comedor?

-La idea es ampliar el lugar y para eso necesitan materiales. Después, como ellos la vienen peleando hace mucho, pienso que no le podemos facilitar todo de una porque quizá con tantas cosas les cuesta manejarse. Primero vamos a entregarles gran parte de los materiales dado que muchos padres de los chicos son albañiles y ayudarían los fines de semana en la mano de obra. Luego, el siguiente paso será equipar el lugar con mesas y sillas y, por último, conseguir más alimentos para que cada vez más chicos puedan tener un plato de comida.

-Lionel Messi les pidió a los invitados a su casamiento que donaran como regalo dinero para su fundación. ¿Es cierto que vos pensás hacer algo similar para ayudar al comedor?

-A los invitados de mi cumpleaños les pedí que en lugar de darme un regalo colaboren con algo para el comedor. Es un gesto que está bueno y que lo copié de mi viejo y no de Messi.

Bettini se ríe con la ocurrencia. Pero enseguida retoma la seriedad. Es que más allá de las necesidades lógicas y, de muchas veces, tener la panza vacía, los chicos se refugian, también, en una cancha de fútbol que se construyó hace unos años en las cercanías del comedor. "Caminé bastante la villa y me encontré con una cancha de 11, que quieras o no, los ayuda a salir de la calle, los alienta a realizar otra actividad, a tener la cabeza enfocado en una actividad, a pensar en otra cosa". Y agrega: "El hecho de estar metidos todo el día en algo que les gusta y que encima les hace bien al físico me parece la combinación perfecta para que puedan distenderse un rato".

-Brian Sarmiento es otro jugador que colabora habitualmente con otras fundaciones. ¿Tenés compañeros que se sumaron a tu iniciativa?

-Muchos se interesaron con lo del comedor. Al toque se lo comenté a Brian y se copó. Pablo Mouche dijo que iba a colaborar, Nico Bertolo lo mismo. Así como también algunos periodistas, entre ellos Martín Souto y Juanky Jurado, que ayudaron a difundir la iniciativa.

Sobre el propio Jurado, que es uno de los mentores del libro Pelota de Papel, afirma: "Seguramente hagamos juntos algún taller literario en la villa para también darles otras herramientas a los chicos". Además, Bettini participó en las últimas semanas en algunos eventos para continuar con la difusión de ese ejemplar que son historias de "jugadores como yo" y que tienen un fin benéfico.

Mientras la charla finaliza, Bettini se toma un tiempo, analiza cada respuesta, pasa de una mano a la otra su celular y reflexiona: "No tengo una constancia de lectura. Uno sabe que leer te abre la cabeza, te brinda herramientas para un montón de momentos, el vocabulario, entre miles de otras cosas. Lamentablemente ese hábito es una cuenta pendiente".

"Mi viejo es mi ídolo"

La charla llega a su punto final. Sin embargo, Bettini guarda un espacio para hablar sobre su padre, a quien considera su ídolo. "Siempre explico que para mí, él es Messi porque hace lo mismo que el Diez, pero, en este caso, con mi hermano y conmigo fuera de la cancha. En todo momento está atento a nuestras necesidades, buscando que seamos felices", asevera mientras se le pone la piel de gallina y los ojos se tornan vidriosos intentando que la emoción no lo supere. Aunque parece más complicado controlar esa situación que marcar cada domingo al wing más habilidoso del equipo contrario.

De todos modos, aguanta las lágrimas y añade: "Para cualquier cosa que uno haga en la vida está bueno tener el apoyo constante de su familia debido a que sin esa contención que ellos te brindan uno la termina buscando en otro lugar y no todos esos lados son genuinos y honestos".

Termina la charla. Y el defensor, que sueña con ser manager de un club cuando cuelgue los botines, no pierde un segundo para seguir diagramando el camino de las colaboraciones.

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