Maximiliano Flotta, ex futbolista que pasó por varios clubes argentinos y colombianos, recordó en El Equipo aquel amistoso que disputó en agosto de 2008, vistiendo la camiseta de Independiente Santa Fe, contra Real Madrid.

Mamá, yo marqué a Robinho

Santiago Ladino

28 DE MARZO DE 2018

En un café de Avellaneda, con señales evidentes de su amor por Racing y el tango en las paredes, ingresó Maximiliano Flotta. Zapatillas de lona blancas, jeans azul y camisa escocesa, lo vestían. Sin sobresaltos en su silueta y con ese metro ochenta y pico que caracteriza a un primer defensor central, saludó con entusiasmo hasta al último empleado y se sentó junto a la ventana. El paisaje eran decenas de autos y colectivos que iban y venían por la Avenida Pavón. Las bocinas de los taxis parecían coordinar de manera armónica con el Polaco Goyeneche que sonaba de fondo. Hasta la voz gruesa y poco ágil del exfutbolista combinaba perfectamente con el ambiente de barrio.

Una lágrima en jarrito lo templó. Un tarareo de “Naranjo en flor” lo afinó, y luego de eso el ex Independiente de Santa Fe de Bogotá comenzó a contar una de las anécdotas más valiosas que atesora de su paso por el fútbol colombiano. Su historia lo transforma en un privilegiado de este deporte, ya que se dio el lujo de enfrentar, nada más ni nada menos, que al Real Madrid.

-¿Qué recordás de aquel agosto de 2008?

-El motivo del partido fue la invitación que le hizo la dirigencia de Santa Fe al Madrid por el aniversario de la Institución. Jamás me voy a olvidar de ese día. Era todo un ambiente de fiesta. El estadio repleto. La gente no paraba de cantar. Los dirigentes alojaron a los familiares de los jugadores en un hotel para que también pudieran vivenciar el espectáculo. Tuve la suerte de que mi vieja y mi hermano estuvieran presentes para disfrutar a la par mía.

-¿Vos también lo viviste como una jornada festiva?

-En lo personal, sí. Pero hasta un cierto punto. El camino en micro hacia el estadio era todo entusiasmo. Íbamos todos cantando. Era un clima lindo, pero a medida que se iban acercando las horas para el partido, me fue cambiando la mirada. En el vestuario ya se sentía la tensión y el nivel de concentración se fue transformando. Podía encarar el partido con ese miedo escénico lógico que te genera tener a esos futbolistas galácticos enfrente o disfrutarlos. Más allá de que era una fiesta, era un partido de fútbol, y no íbamos a dejar que el Madrid venga a pasarnos por encima. Existe un espíritu competitivo tan fuerte que de entrada salís a querer ganar.

-¿Cómo fue el clima que se vivió en el vestuario?

-Cada uno comenzó a preparar su propio partido en la cabeza. Por más que se oían cantos alegres en las tribunas y del parlante del estadio se escuchaba música autóctona, nos mirábamos como si ya supiéramos lo que íbamos a hacer ahí adentro. Ese clima de amistoso comenzó a esfumarse. Nuestro director técnico era el “Bolillo” Gómez, un gran motivador. Dirigió la selección colombiana y la ecuatoriana, y actualmente lo hace en la de Panamá. Ese día el mensaje que nos dio el entrenador fue de absoluto disfrute pero con suma responsabilidad.

-¿Cómo se fue dando el juego?

-Al principio ellos entraron relajados. Con el nivel de jugadores que tenían, creían que lo ganaban trotando. Hacían circular mucho la pelota y mantenían la idea del orden como algo primordial. Terminamos el primer tiempo 1 a 0 arriba. Estábamos haciendo un buen trabajo.

-¿Y el segundo tiempo?

-Ahí se enojaron y se pusieron 2 a 1, jajaja. Jugaron como había que jugar. Se dieron cuenta que no jodíamos y se pusieron al ritmo que le marcamos nosotros desde el principio. Los goles del Real fueron de Van Der Vaar, a los 73 minutos, y el del central Pepe, a los 76.

-¿Alguna anécdota que recuerdes?

-Sí. Con Robinho.

El ex Vélez y Arsenal hizo una pausa, inspiró hondo, lo sostuvo dos segundos, y saltó una sonrisa que terminó en carcajada. Alejó la silla de la mesa para estirar aún más sus piernas y luego se frotó la cara como intentando disimular la picardía en su mirada.

-¿Le tiraste el barrio encima?

-Le dije: “Mirá, morocho. Apenas me hacés pasar papelones te saco la rodilla”. Me miró como diciendo: "¿Y éste quién es?, ¿qué le pasa?". Las jugadas que le siguieron a eso está de más decirte como le fui, ¿no?. Estuvo 15 minutos más en cancha y pidió el cambio. En dos oportunidades le entré un poco fuerte y bueno. Levantó la mano y pidió salir.

-¿Al menos te sirvió para sacarlo de la cancha?

-Callate. Entró Julio Baptista. A ese oso no le podía decir nada porque me sacaban en camilla a mí.

-¿Qué futbolista del Madrid te sorprendió más?

-En realidad todos. Cada uno tenía detalles que marcan la clase de jugadores que son. Trajeron un plantel de 22 profesionales. Los defensores uno mejor que el otro: Michel Salgado, Pepe, Sergio Ramos, Fabio Cannavaro, Gabriel Heinze. En el medio, el morocho de la anécdota: Robinho; Diarra, los holandeses Robben y Sneijder, Guti, Baptista, y como delanteros Ruud van Nistelrooy, Raúl, Saviola y Gonzalo Higuaín.

-¿Hubo alguna entrega de premios o tercer tiempo?

-No. Terminó el partido y cada uno a su vestuario. Algunos se quedaron saludando pero yo me fui algo caliente. Nada importante. Sólo un poco molesto por el hecho de haber perdido. Algo natural del futbolista que quiere ganar.

-¿Pudiste cambiar camisetas con alguien?

-Había quedado en cambiarla con Gabriel Heinze pero cuando finalizó el partido no me acordé de nada. Me fui enseguida al vestuario.

-En base a esta experiencia, ¿hiciste algún balance de tu carrera?

-Cuando te encontrás en medio de posibilidades así, es inevitable no hacer un balance. Salí de un club humilde como Arsenal de Sarandí, estando en la B, y que con el tiempo fue creciendo, al igual que mi carrera. La suerte se la genera uno mismo todos los días. Haber jugado en Vélez como en un grande de Colombia fue el resultado de mucho sacrificio. Y de pronto estar jugando contra Real Madrid fue ese regalo que me dio el fútbol por no bajar los brazos. Todo este camino habla de que nunca hay que renunciar y que vale la pena trabajar siempre para nuestros sueños o para nuestros proyectos. Todo el tiempo te cruzas con situaciones que desgastan tu confianza pero la clave está en creer en vos. Ser fuerte de espíritu. Tener lealtad en lo que estás haciendo. Los tiempos son de Dios y son perfectos, y por más que hay veces que te dan ganas de adelantar el tiempo para saber cómo va a seguir tu vida, no me queda más que agradecer por la manera en como se ha dado toda mi carrera deportiva.

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