Fernando Kuyumchoglu, coordinador general de las inferiores, describe el proyecto integral impulsado por el club y Axel Arrabit cuenta su experiencia en la pensión

San Lorenzo desde adentro

Franco Martínez

28 DE MARZO DE 2018

En la Ciudad Deportiva de San Lorenzo de Almagro conviven las tres partes fundamentales de un club: la dirigencia, el cuerpo técnico y los jugadores; ya que en ella se encuentran tanto el Estadio Pedro Bidegain, las canchas auxiliares, los edificios administrativos, la pensión y los escenarios para la práctica de otros deportes.

Adyacente a la confitería, y junto a la cancha Nº 2, un edificio de dos pisos que contiene vestuario local y visitante, además de las oficinas del departamento de juveniles. La octava azulgrana derrotó fácilmente a su par de Godoy Cruz por 7 a 0 y Francisco “Pancho” Bonfiglio posa ante las cámaras oficiales del club con la “9” en la espalda y la pelota bajo el brazo. El goleador, y también jugador de la Selección Argentina sub-15, anotó tres goles. Al salir, le regalaron un short plateado con detalles azules de Emelec, equipo vencido horas antes por la Primera en la Copa Libertadores. Lo felicitaron todos los presentes y él, orgulloso, dijo: “Me quedé con bronca por esa del primer tiempo”.

Este es su segundo año en el club. Llegó desde Kimberley, de Mar del Plata, “con mucha ilusión de mejorar y debutar en Primera”. Sobre su presente en San Lorenzo, Bonfiglio comentó que se “adaptó fácil” por todos los beneficios que el club ofrece y ahora juega “más suelto”. Mencionó la importancia de las comodidades de la pensión y el “apoyo de todos los profes en el club que ayudan día a día”.

Con relación al cambio de vida que implicó mudarse desde el interior hacia una gran ciudad, Pancho Bonfiglio admitió que pensó que “iba a ser más complicado pero que en la pensión encontró amistades”, incluso de compañeros de otras divisiones. “Hay buena onda entre todos” y se hace fácil convivir, dijo.

Si bien admitió no ser hincha de San Lorenzo porque respeta la tradición familiar, Francisco Bonfiglio comentó estar “eternamente agradecido con el club que apostó” por él para impulsar su crecimiento futbolístico. “Tengo un cariño enorme por este club y siempre dejo todo en la cancha”, afirmó.

Finalmente, describió los entrenamientos con la selección sub-15 y dijo sentirse “afortunado y orgulloso” por tener como entrenador a Diego Placente quien, junto a Pablo Aimar, apostaron a reestructurar las juveniles del fútbol nacional. Se entrena de lunes a miércoles con la albiceleste mientras que el resto de la semana lo hace en el club. A pesar de solo contar con “pocos entrenamientos”, el goleador de San Lorenzo siente la diferencia en cuanto al nivel futbolístico en uno y otro lugar.

***

El sol ilumina el predio de la Ciudad Deportiva del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Unas pocas nubes blancas irrumpían en el calmo cielo celeste. Fernando Kugumchoglu terminó de entrenar con la Reserva. Es el preparador físico y coordinador general del proyecto que lidera Hugo Tocalli en las juveniles del club. “Me trajo Matías Lammens con Marcelo (Tinelli). Trabajé 10 años en River y decidí que quería hacer acá lo que allá faltaba: un proyecto integral y estable a largo plazo”.

Es un hombre alto, con el pelo corto, prolijo y canoso. Tiene ojos negros y una mirada fija. A pesar del tono de voz serio y algo intimidante, desborda amabilidad. En el trayecto entre la cancha de entrenamiento y las oficinas, se detuvo a hablar con madres que cebaban mate y logró robarles uno. Una vez en el edificio, lo saludaron dos chicos que aguardaban sentados en un sillón y también, al pasar, dos empleados que interrumpieron el tipeo para asentir respetuosamente con la cabeza. Abrió la puerta y dejó pasar.

La sala de conferencias tenía una mesa larga rodeada por cómodas sillas, que contaban con apoyabrazos, rueditas y acolchonados respaldos azules intercalados minuciosamente con otras de respaldo rojo. Apuntaban a un pizarrón que contenía imanes que simulaban jugadores en el campo. “Estoy muy conforme en San Lorenzo. Sentí apoyo total, no tuve problemas en cuanto a cosas que solicité”, agregó.

-¿Por ejemplo?

-Pedimos sintéticos, quizás parece un detalle pero podes llegar a ganar tres días de entrenamiento en una semana de lluvias. Sala de reuniones para multiuso donde miramos videos con los chicos. Sentimos el respaldo de la directiva para con el proyecto en juveniles. Cuando las tres patas de un club –dirigencia, cuerpo técnico y jugadores- van de la mano, todo se encamina. No hay forma de trabajar en inferiores si no es con un proyecto integral a largo plazo.

-¿A qué se refiere con “integral”?

-A la comunidad interna en cada una de las partes, y luego entre sí. En cuanto al cuerpo técnico, intentamos conectar infantiles y juveniles con la reserva y el plantel de Primera, que en otros clubes cada una va por su lado. Las cuatro tienen que tener unidad de criterio. Por ejemplo: el DT de reserva no baja jugadores a juveniles para que no se lesionen pero quizás el pibe está dos semanas sin jugar. Apropiarse así de jugadores es un problema. Con el proyecto que propusimos entendieron que había que cambiar.

-¿Cuál fue el cambio más significativo?

-Creo que muchos cambios chiquitos pero orientados en un mismo sentido hacen al gran cambio. Igualmente, la llegada de Hugo Tocalli fue el salto de calidad que nos faltaba, porque consolidó el proyecto. Los pibes lo ven y saben que Messi, Agüero o Riquelme, entre tantos otros, pasaron por él.

-¿Hasta qué punto pierden libertad los técnicos de las inferiores en cuanto a la conformación de los equipos?

-Cada categoría tiene libertad en cuanto a la elección del sistema y el armado para que pueda ponerle su impronta. Intentamos de inculcar algunos aspectos del fútbol en sí, como salir jugando, tener volumen de juego con laterales que pasen al ataque, abrir bien la cancha. Los más chicos quizás jueguen con línea de cuatro porque es más fácil aprender a resolver situaciones del juego. Después, cada uno puede armar el esquema que quiere. Tenemos categorías que juegan con línea de tres, algunas con enganche. La idea es no automatizar y que los chicos aprendan muchos sistemas.

-Antes de ser entrenador, fuiste jugador. ¿Cómo es el nivel de los jugadores de ahora comparado con los de antes?

-Se desmejoró muchísimo en lo que es la técnica individual de los futbolista. Sobreestimamos que tenemos buenos jugadores y que cada tanto va a aparecer un crack. Se fue dejando la táctica, que con el tiempo se optimiza, por el resultado del fin de semana. Otro gran problema es que en Argentina no hay más potreros, no se juega en la calle como antes. Entonces, se tiene que volcar al entrenamiento lo que antes se aprendía ahí. Afuera no pararon y se ve, por ejemplo, en los europeos que mejoraron y mucho la técnica individual. Acá no se practica el control orientado, pegarle con la inhábil, jugar a dos toques. Todo eso ahorra segundos que, en el exigente nivel del fútbol moderno, es lo que marca la diferencia. La famosa jerarquía.

-¿De dónde provienen los distintos jugadores de las inferiores de San Lorenzo?

-Tenemos jugadores tanto del interior del país como del exterior. Son dos procesos de captación totalmente distintos. Cada tres meses vienen entre 30 y 50 chicos de afuera, categorías 1997 a 2003. Empezó con Perú y se extendió a México, Bolivia, Ecuador, Colombia; Costa Rica, donde hicimos una pretemporada. Se les cobra por las pruebas. El dinero que entra, va directo al presupuesto de juveniles, otra de las condiciones que impulsamos con el proyecto. Eso te da un recurso genuino. En cuanto a la Argentina, tenemos convenios en casi todas las provincias. Ellos organizan y te invitan, con todo pago, a que vayas a ver jugadores. A diferencia de la orientación económica de la captación latinoamericana, esto es más por necesidad de encontrar jugadores.

-¿Qué puestos son los que más hacen falta? ¿Alcanza el poco tiempo para observar al jugador?

-Laterales es algo que no abunda, sobre todo laterales de oficio y origen, no volantes rápidos que los retrasan porque “defender es fácil”. Con los enganches pasa algo parecido: hay jugadores que juegan en esa posición pero no tienen las características de un enganche clásico. En cuanto al tiempo, con verlos un solo día, alcanza y sobra. Cómo se para en la cancha, cómo y a qué mira, cómo corre, cómo se mueve. Los veo y comparo con jugadores que vi en mi vida, y al toque sé hasta dónde pueden llegar. Premiamos al chico que le vemos condicione: le regalamos la estadía y viene una semana a probarse, los llevan a ver a la Primera. Se quedan en un hotel y si convence, recién ahí se instalan en la pensión.

-¿Cuántos chicos son del interior? ¿Cuál es la edad promedio con la que llegan?

-Aproximadamente entre un 30-35%, en los últimos tres años se sumaron muchos. Llegan de todas las edades y cuando son profesionales se van a vivir solos. Esto hace que la diferencia entre los clubes de Buenos Aires con los del interior se agrande, porque acá se quedan con lo “mejorcito” de allá. La semana que viene es fecha libre pero la otra, jugamos de local contra Godoy Cruz. La diferencia va a notarse.

-Como formador, ¿qué es lo más difícil en cuanto a la pensión?

-Separar a los chicos de los padres. Por eso los visitamos periódicamente para ver cómo están, compartimos almuerzos. A veces somos los únicos a quienes les dan un abrazo. A veces pienso que es una locura traer pibes tan chicos pero la realidad es que, si no lo hacemos, otro club lo va a hacer. Preferimos afrontarlo con la responsabilidad que se merece. Por ejemplo tenemos una psicóloga que trabaja con los chicos. Si no están bien mentalmente, lo que les digas de táctica no les va a llegar. El club hace el esfuerzo y otorga desayuno y almuerzo a más de cien chicos. Si tienen algún problema familiar se los deja ir a su ciudad natal, no hay problema. Intentamos que la pensión sea una familia que aporte contención y que se formen amistades. Incluso tienen una comisión con un presidente que ellos eligen por votación para proponer mejoras en el lugar, que es su casa. Son educados y respetuosos, suelen saludar a quienes visitan el club. Intentamos inculcar eso. Lo tomamos como una inversión mas que como un gasto. Hoy, tenemos 55 chicos en la pensión que comen las cuatro comidas del día, duermen en habitaciones con todas las comodidades y van a un colegio al que nosotros los derivamos. Hasta cierto punto acá les salvamos la vida.

***

El Estadio Pedro Bidegain, bautizado como “El nuevo Gasómetro”, cumple varias funciones como tener la cancha donde los jugadores de la Primera disputan sus partidos. Además, Tiene la sala de utilería, la enfermería del club y bajo la tribuna popular local, alberga la pensión de los juveniles. Vista desde afuera, parece un bloque íntegro de cemento agregado a la estructura principal.

A la pensión se accede por el mismo camino que a la popular, salvo que, antes de superar la última puerta hacia las escaleras y para-avalanchas, un pasillo escondido hacia la izquierda conduce a una puerta blanca que sostiene una postal de la Virgen.

El primer ambiente es la sala de espera y su adyacente oficina (del encargado de la pensión), que cuenta con dos sillones, un dispenser de agua, cuadros con los números y las firmas de varias glorias del club.

A un costado de la oficina, una sala cuenta con dos mesas de pool, una de metegol y otra de ping-pong, un equipo de música y una mesa rodeada por bibliotecas. “Acá es donde estudiamos para el colegio o donde venimos con las maestras particulares a repasar”, explicó Axel Arrabit, enganche de la novena de San Lorenzo, quien vive hace casi dos años en la pensión. Al otro lado, la sala de manualidades: un espacio de creatividad donde los chicos realizan trabajos que luego llevan como regalo a sus familias. Allí también está el proyector donde pasan películas los jueves a la noche. Aún más allá, por el pasillo de la izquierda, el comedor que tiene mesa para todos y parrilla para los asados que hace Miguel todos los viernes.

Sobre el cambio de vida que tuvo que afrontar, Axel opinó que “perseguir este sueño implica sacrificios”. No solo mencionó que deben ser los primeros en llegar a los entrenamientos, sino que además los jóvenes de la pensión están obligados a ir al colegio. “La escuela es acá en frente del club, nos llevan y nos traen”, explicó. Según él, son estrictos en cuanto a la asistencia y al rendimiento. Tienen “muy buenos” profesores particulares que los ayudan en las materias que los dificultan.

Aspira, como todos, a debutar en Primera División. San Lorenzo es un club que en los últimos años promovió jugadores de las inferiores al plantel superior: Bautista Merlini y Grabriel Rojas como habituales titulares, Nahuel Barrios, quien ingresó por Copa Libertadores e hizo un gol salvador, Marcos Senesi y Tomás Conechny, entre otros. “Es muy importante para nosotros, los chicos, ver que los juveniles llegan a debutar en Primera. Nos da ilusiones para luchar cada día y soñar con llegar”, afirmó Axel Arrabit.

Un pasillo conduce a las habitaciones. La de Axel es la número 24, y él abrió la puerta lento pero con entusiasmo. El cuarto ofrece un honesto desorden adolescente: ropa por todos lados, cables y cargadores, toallas que se secan, las cuatro camas de las dos cuchetas con las frazadas revoloteadas. Un compañero de cuarto que saluda y vuelve a descansar acostado con su celular. Ofrece, también, televisión con cable, aire acondicionado, estufa eléctrica, ventana con vista a la ciudad deportiva. Un baño con ducha y cortinas corridas dando lugar a que la ropa interior se seque en la soga: “Dos veces por semana dejamos la ropa sucia en un canasto y Celeste nos las lava”. Celeste, Charly y los cocineros, son uno más en la pensión. “Lo único que nosotros nos lavamos son los calzoncillos, el resto anotamos en una lista qué deja cada uno, para que después no haya quilombo y listo”, describió Axel.

Otra particularidad de la casa de los jóvenes de la pensión es que le saltan encima, cantando y gritando, cada vez que San Lorenzo hace un gol. “Los días de partido nos dan lugar arriba de todo en la platea y si tenés suerte, te toca ser alcanzapelotas. A veces cuando volvemos, tenemos que reacomodar los cuadros”, bromeó. “La pensión está buenísima. Somos los privilegiados del club”.

El Estadio Pedro Bidegain, bautizado como “El nuevo Gasómetro”, cumple varias funciones como tener la cancha donde los jugadores de la Primera disputan sus partidos. Además, Tiene la sala de utilería, la enfermería del club y bajo la tribuna popular local, alberga la pensión de los juveniles. Vista desde afuera, parece un bloque íntegro de cemento agregado a la estructura princip

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