La Selección Argentina parece no encontrar su camino rumbo al Mundial de Rusia 2018 y las teorías conspirativas de los periodistas se escuchan hace meses. No es la primera vez que la Bombonera es sugerida como el escenario ideal para “solucionar” los problemas del plantel, como si generase un truco de magia que culminara en jugadas brillantes de Messi, un rendimiento superlativo de Di María y goles que dejen atrás el fantasma de esa camiseta número 9 que parece pesar.

Buscar la solución en la Bombonera

Bárbara Fritzler, Ignacio Oneto, Juan Pedro Bózzolo, Lucio Gabioud

28 DE MARZO DE 2018

Para llegar a saber cómo terminamos creyendo que un estadio puede provocar un cambio radical hay que analizar varios aspectos. Los planteos que sugieren problemas psicológicos son, por lo menos, dudosos. Se alega un “bajón anímico” y se diagnostica frente a cámaras de televisión, muchas veces sin ningún especialista que informe sobre el tema. Además, la prensa que tan libremente opina es la misma que mantiene hace años una relación conflictiva con los jugadores, que llegaron al punto de abstenerse a darles notas. Parece casi olvidado el acontecimiento del mejor jugador del mundo al borde de renunciar a la Selección, y ocurrió el año pasado. ¿Tanta agresividad por parte de los medios no habrá tenido que ver con los problemas psicológicos que ellos acusan a los titulares de sufrir?, ¿cómo es la Bombonera una mágica solución ante la presión? Un estadio famoso por “temblar” y por amedrentar a sus rivales con su supuesta mística podría generar efectos adversos y terminar beneficiando a Perú, si justamente la situación fuese anímica.

A su vez, a la hora de escuchar un profesional, Marcelo Roffé, psicólogo del deporte que ha trabajado con José Pékerman durante años, afirmó en una entrevista para la página de LT10: “Un psicólogo ahora puede ayudar poco o nada porque en la desesperación no se puede pensar”. Entonces, el foco pasa a ser otro si nos centramos en el tiempo de trabajo que se le debe dedicar a un proyecto futbolístico. Argentina ha tenido tres técnicos distintos después de Alejandro Sabella, quien consiguió clasificar a la final del Mundial 2014. La pregunta vuelve a ser la misma, ¿quién les hizo creer a los argentinos que íbamos a ganar todo? Si tres técnicos intentaron mejorar los resultados en estas Eliminatorias, ¿por qué la Bombonera cambiaría algo? Es fácil recurrir a una explicación psicológica después de tres finales perdidas, pero mucho más difícil pensar más allá de eso. Muy pocos se animan a hablar seriamente de las verdaderas preocupaciones, y el apuro por “ganar, ganar y ganar” sólo termina hundiendo.

El circo mediático juzgó a todos los que pudo, buscando un culpable ante cada derrota. Lo intentaron con Lionel Messi, con Sergio Agüero e incluso lo lograron con Gonzalo Higuaín, quien hoy no forma parte del equipo. Cuando se quedaron sin jugadores para atacar, acudieron a los directores técnicos. Un periodismo que se cansó de reclamar a Bauza al frente, pedía que lo echen sólo unos meses después. Lo mismo parece estar por suceder con Mauro Icardi, quien era señalado también como una alternativa milagrosa y generó murmullos por sus actuaciones ante Venezuela y Uruguay. El año pasado, todo el Mario Alberto Kempes clamaba por la presencia de Paulo Dybala, que hoy es otro apuntado por sus declaraciones en las que afirmó “es difícil jugar con Messi”. También dijo que de todas formas era su deber adaptarse al 10, pero eso los medios no lo consideraron tan importante. Ahora que ya no queda nadie por derribar, critican lo único que resta: el estadio.

Cada vez que se producen incidentes en el fútbol local todos parecen cansados de la violencia que se vive en las canchas. Hoy, que Argentina está en zona de repechaje y no encuentra su camino con la pelota, buscan recurrir a aquellos factores externos al juego como un método de salvación: el folklore, le dicen.

Sin importar el resultado, el discurso periodístico siempre se salvará. Quizás una suerte de castigo divino los azote con la realidad, pero siempre habrá una excusa. Por ahora, sólo queda esperar una victoria, por más que eso refuerce la absurda creencia instalada de que la Bombonera es el amuleto de estas Eliminatorias.

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