San Lorenzo lleva a cabo el programa Adolescencia, en el que mediante el deporte le abre las puertas a casi 500 chicos que viven en la villa y barrios marginales que rodean el club.

El deporte y la inclusión

Juan Ignacio Saravia y Patricio Vicente

28 DE MARZO DE 2018

La Ciudad Deportiva de San Lorenzo, en el barrio de Flores, está pegada a la Villa 1-11-14. El club es una de las tantas instituciones que promueve la inclusión social a través del deporte, de jóvenes de entre 14 y 18 años con domicilio real en Capital Federal mediante el Programa Adolescencia, en conjunto con el Gobierno de la Ciudad.

Los jóvenes que viven en barrios aledaños al complejo tienen la posibilidad de realizar distintas actividades deportivas en San Lorenzo al anotarse en los Portales Inclusivos. Luego, el Gobierno de la Ciudad, a través de un ránking de prioridad por situación de vulnerabilidad, decide quiénes pueden ser incorporados al programa y quiénes no. Por ejemplo, un chico que presenta un cuadro de adicción al consumo de drogas tendrá menos posibilidades de ser incluido que alguien con la misma problemática que, además, no tenga contención familiar. Esta modalidad de inclusión se debe a que el Estado asigna un presupuesto determinado para esta área aunque, de todas maneras, hay casi 500 adolescentes haciendo deporte en la Ciudad Deportiva. Al momento de inscribirse, ellos deciden qué actividad realizar y, depende dónde vivan, son designados a las distintas instituciones en las que se ejecuta este espacio.

“El rol social de San Lorenzo va más allá del convenio con el Gobierno de la Ciudad, que nos ayuda a financiar el proyecto. Es una decisión política del club”, dice el presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, quien agrega que las gestiones anteriores proponían agrandar los muros para que no entraran jóvenes provenientes de la villa pero que, la conducción actual hizo lo contrario y les“abrieron las puertas”.

Los martes y los jueves a la mañana, la entidad deportiva ofrece actividades como fútbol masculino y femenino, handball mixto y hóckey sobre césped femenino. A la tarde, vóley, boxeo, natación y básquet. Cada deporte cuenta con un entrenador que se dedica a la parte deportiva y con un operador social que se encarga de contener a los chicos. “Cada operador tiene una profesión distinta y la idea es aportar una visión diferente en cada deporte desde lo social, la educación, la salud y hacer un seguimiento de la escolaridad, de las problemáticas que puedan surgir”, señala Lucía, psicóloga y operadora de handball.

“La idea del programa es trabajar con los chicos como sujetos de derecho, dice Emiliano Suárez, licenciado en arte y operador de fútbol masculino.

“No hacemos ninguna diferencia. Es un proyecto de inclusión pensado para lograr el acceso de los pibes de la zona al club, teniendo en cuenta sus deficiencias económicas”.

“Les conseguimos escuela a los chicos que la dejaron y quieren retomar”, dice Lucía, quien agrega que su función consiste en escuchar a los chicos para, entre otras cuestiones, identificar la existencia de episodios de violencia familiar: “Nos quedamos hablando después del entrenamiento, acá tienen un espacio de escucha que en otros lugares no poseen. Si es menor y hay un peligro, se puede hacer una denuncia o pedir una intervención al Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y ahí evalúan el caso. Ese es el rol principal que cumplo como operadora”. El entrenador de fútbol José María Sánchez señala que uno de los problemas con el que estos chicos conviven es la mala nutrición y que, por eso, no les exige demasiado a la hora de la parte física.

“Los casos son bastante personalizados, es una población donde uno se encuentra con situaciones que nunca atravesó”, dice la diseñadora gráfica y operadora de hóckey Paula Asunce. En el handball hay una chica que padece enanismo pero que realiza los ejercicios con normalidad. En cuanto al fútbol, Emiliano Suárez pone como ejemplo un chico de la villa que padece autismo: “Yo lo voy a buscar, lo llevo y lo traigo con mi auto. Logró adaptarse dentro del equipo, ellos lo aceptan y saben compartir con él. Tratamos de no hacer diferencia, este grupo es inclusivo”.

A veces, hombres y mujeres comparten partidos de fútbol para divertirse. “Se ha logrado hacer un trabajo de género, hubo talleres y se trató la problemática de respetar al otro”, dice Suárez. En el caso del handball, chicas y chicos juegan juntos. La profesora Victoria prefiere hacer la clase de una forma lúdica y dinámica: “Yo trato de sacar de foco el deporte como competencia y el resultado porque genera diferencia entre los mismos chicos. Así, pasa a ser algo por diversión o aprendizaje y no por nivel. Esto lo hace mucho más integrador y genera que los chicos quieran venir porque se sienten más motivados”. Asunce afirma que no existe conflicto entre ellas y que se llevan muy bien. Suárez coincide: “El pibe que se pelea con otro se va”.

En cuanto a la comunicación, todos los entrenadores y operadores comparten la idea de que tener un grupo de WhatsApp es fundamental. “El día anterior los convocamos y si no les avisamos piensan que no hay clase. Es una forma de seguimiento durante la semana y hay que estarles encima”, dice la profesora de handball mixto.

“No todos los chicos tienen la misma capacidad. Cada uno tiene dificultades y facilidades motrices. Lo que hacemos es realizar un trabajo similar para no hacer diferencia, y en cada caso se remarcan cosas puntuales que tiene por mejorar. Buscamos que los ejercicios sean los mismos para todos. Yo misma hago diferencia si divido las actividades en vez de unir”, señala Victoria.

Tres veces por año se disputa en Parque Sarmiento un torneo llamado La Liga, en el que participan diferentes equipos y escuelas. “Es una posibilidad de ir a un lugar distinto, ya que están todo el día ahí, comen y conocen gente nueva”, dice Lucía. Sánchez agrega: “La idea es que compitan y se relacionen con otros chicos. El torneo es riguroso, además de sumar puntos por ganar, te pueden restar por las tarjetas”.

“Los hinchas estamos orgullosos de lo que hacemos”, dice Lammens. “Cualquiera lo estaría si su club colaborara para sacar a los chicos de la droga, la delincuencia y los protegiera. Si San Lorenzo fuera una sociedad anónima (S.A.) esto no podría realizarse. Nosotros pensamos en términos de rentabilidad social, no económica. Para nosotros es rentable que haya casi 500 adolescentes jugando en la Ciudad Deportiva.”

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