El defensor de Tigre, Gastón Bojanich, que se sumó al Matador en el último mercado de pases, se sentó a hablar con El Equipo y contó cómo fue estudiar y ser jugador al mismo tiempo.

“Todos somos parte de este circo y debemos poner algo para cambiarlo”

Stefania Vera y Daniela Simón

28 DE MARZO DE 2018

Aquella mañana de miércoles, lo único que se divisaba celeste en las alturas era el estadio de Temperley, Alfredo Martín Beranger, que parecía tener brillo propio. La calle y los alrededores estaban húmedos y pintados de gris.

“Ya terminé, avisame cuando estén”, aparecía en la pantalla del celular. Gastón Bojanich había salido de entrenarse.

El futbolista y kinesiólogo se sentó en un banco de plaza ubicado frente al microestadio Alejandro "Palo" Metz. Con el botinero bajo el brazo, el actual defensor de Tigre, por ese entonces de Temperley, se dispuso a charlar con El Equipo.

-¿Siempre te imaginaste siendo futbolista?

-Empecé a jugar a los 4 años, arranqué de chico porque mis viejos me llevaron a la escuelita de Racing en Villa del Parque. A los 6 descubrí que me encantaba jugar, llegaba a mi casa de entrenarme y seguía peloteando. Uno de chico siempre sueña con llegar a Primera después de mucho tiempo jugando en el Ascenso. A mí se me dio a los 28 pero creo que las cosas llegan cuando uno está preparado, cuando ya estaba más maduro como futbolista y como persona. Lo que uno es en la vida, también lo es en el fútbol. Sabía que en algún momento iba a tener la oportunidad de llegar porque siempre trabajé duro para eso. De todas formas, depende de uno, de su rendimiento y esfuerzo.

-¿Por qué decidiste estudiar kinesiología?

-Empecé por su conexión con el fútbol. La carrera del futbolista es corta y siempre hay que tener un plan B. Además tuve compañeros de secundaria que me motivaron a hacerlo. Me recibí hace dos años y medio, cuando estaba en Primera.

-¿De qué manera llevaste la carrera universitaria con el fútbol?

-Se pueden hacer ambas cosas paralelamente. Es muy difícil, yo lo hice con mucho sacrificio mientras jugaba. Salía de entrenarme y me iba a cursar, a veces, hasta cinco horas. Llegaba a mi casa a las 23 y estudiaba. Buscaba los momentos para leer, me llevaba las carpetas y libros a las concentraciones, hay que rebuscárselas. Pensaba que sin duda podía hacerlo. No la hice en cinco años, la hice en siete porque manejé los tiempos con el fútbol y las materias.

-¿Cómo fue el día que te recibiste?

-No le avisé a nadie porque no me gusta lo de los huevos y harina. A mi familia le mandé un mensaje apenas salí. Rendí la tesis y tuve que ir al club, porque jugaba al otro día. No sé cómo se enteraron, cuando entré al vestuario me tiraron con todas esas cosas que no me gustan.

-Ahora que sos kinesiólogo ¿pensás trabajar de eso?

-Trabajé hasta hace poco en un consultorio en Devoto, cerca de casa. Por las exigencias del día a día y mi salud mental, lo dejé un poco de lado. Cuando me retire tengo pensado seguir en eso, me gustaría trabajar en algún club de fútbol, eso es a lo que apunto.

Bojanich responde entre pausas que dejan al descubierto su minuciosidad para declarar. Cada palabra que utiliza es la indicada y parece haber tenido un trabajo de análisis previo. Mientras habla saluda a todo aquel que pase por allí, sin descuidar la conversación. Define al fútbol como un circo del cual asume que es parte.

-¿Crees que es importante que otros chicos estudien o lean además de tener una carrera como futbolistas?

-Quizás uno de chico no se da cuenta, piensa que va a ser jugador toda la vida y la verdad es que no. A los 36 se termina, a esa edad sos grande para el fútbol y muy joven para la vida. Habría que concientizar a los chicos de que todo continúa después y estudiar es muy importante. Para mí, es un cable a tierra, el estudio me despega de todo el ambiente, de la locura que se vive. Le aconsejaría a los más chicos que trabajen, porque la base del éxito está en uno mismo, en superarse día a día entrenándome, quedándose después de hora. Que estudien, que lean y no dejen de lado eso, que te abre la cabeza y te ayuda a la hora de jugar.

-¿Dónde creés que radica la “locura” del fútbol?

-En la presión por ganar sí o sí. La sociedad exitista que tenemos exige un montón de cosas. Uno es consciente: esta profesión tiene cosas que son muy lindas, y la presión del hincha y de los dirigentes que es muy grande. Estamos obligados a ganar siempre.

-¿Creés que existe un sector que se olvida de que son personas además de futbolistas?

-El periodismo entra en esta locura del exitismo, a ellos les sirve. A veces no hablan de fútbol en sí o no se detienen a analizar cuestiones que suceden dentro de la cancha y hablan de peleas y otras cosas que no suman. Todos somos parte de este circo y debemos poner algo para cambiarlo.

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