Jugó en las mejores canchas del país y, cansado de lidiar con sus rodillas, estuvo a un papel de poner su propio supermercado. Pasó siete veces por el quirófano y ahora le pone el pecho a un enorme desafío. El central de la revelación del Torneo Federal le abrió las puertas de su casa a El Equipo, contó su historia de perseverancia, y desmintió los mitos que circulan acerca del club y su presidente, el empresario Bernardo Grobocopatel.

Lucas Vesco, el ave fénix del Agro

Agustín Stella y Giuliano Marchetti

28 DE MARZO DE 2018

El sol pega fuerte como rara vez en junio. Son las 11 de la mañana y la ciudad está plagada de cortes de calle. Se hacen las 11.30. Las diagonales y los nombres de las calles dificultan la llegada a destino de dos foráneos. Suena el reloj: son las doce. Al llegar, el entrevistado comprende. Él tampoco es de allí. Está pasando su quincena de vacaciones cerca de su hermana y su pareja, en la ciudad de La Plata. Con una tonada difícil de omitir, invita amablemente a pasar. Antes de preguntar, pone la pava y prepara unos mates. Lucas Vesco tiene una historia para contarle al mundo.

-¿Cómo te encontrás después de lo que consiguieron?

-Estoy muy contento. No esperaba que me pasara esto con Agropecuario, más aún teniendo en cuenta que fui solamente para hacer fútbol. Había estado todo el 2015 en Quiroga, mi pueblo, sin ganas de jugar nunca más. Sinceramente, estaba muy cansado de romperme y harto de pasar por el quirófano. Tuve siete operaciones.

-¿El equipo cómo se lo tomó?

-Nunca pensamos que podíamos llegar a jugar en la B Nacional. Bianco es muy buen técnico, nos cambió la cabeza. Cuando agarró él, de 12 partidos sólo perdimos uno y entramos terceros en el pentagonal. Nos hicimos muy fuertes de local y a la hora de jugar de visitante, a los demás equipos se les hacía muy difícil ganarles.

-¿Tuvo mucha influencia el entrenador en el ascenso?

-Si, ni hablar. Es un técnico que sabe mucho. Sabe cuando hacer los cambios y no se equivoca nunca. Cada cambio que metía, hacíamos un gol. De los doce partidos que ganamos de local, diez los ganó él con los cambios. Eso sí, es muy conservador. Es dificilísimo hacerle un gol a sus equipos, cuida mucho el 0 y de contra te liquidan.

-¿Los jugadores tienen contacto con el presidente?

-Sí, todo el tiempo. Al llegar, creía que por su perfil iba a ser distante con los jugadores. Pero me equivoqué mucho. Es muy intenso, muy hincha. Se pone tan nervioso cuando jugamos que toma pastillas para dormir. Está todo el tiempo en el club. Va a todas las concentraciones. En pretemporada está todos los días, va todos los partidos a la cancha. Llega al predio y te juega una tanda de penales por un asado o un televisor. Se sube al micro antes de los viajes y nos dice: "Confío en ustedes, yo se que son los mejores". Vive por y para el club.

-¿Se veía entusiasmado para ascender?

-Creo que no se esperaba la clasificación. Cuando habló con Bianco para traerlo, le decía que era difícil ascender. Él calculaba que para el año que viene recién iba a poder armar un equipo para lograrlo.

-Entonces fue algo que surgió casi de imprevisto

-No, de imprevisto no. Se trabaja muchísimo. La idea de Bernardo es llegar a jugar en Primera. Él le prometió al padre que Racing, el club del que son hinchas, iba a jugar en Casares. Nosotros estamos todos al día. Cobra desde el más chico al más grande. Hizo un predio increíble con 16 hectáreas. Armó un lago artificial para sacar el agua para el riego. Ahora que se metió en AFA, hizo una pared de 80 metros y levantó vestuarios y cantinas para las inferiores. Él nos decía que no había presidente que se merezca tanto ascender más que él y creo que tiene razón, ja.

-¿Cómo llegaste al Agro?

-Venía recuperándome de una lesión, ya no tenía más ganas de jugar. Es más, estaba a punto de poner un supermercado en La Plata junto a unos amigos. Fui a mi pueblo para terminar de recolectar las cosas pero uno de mis compañeros se demoró y al final tuvimos que postergarlo. Al tiempo volví a tener energías para jugar y empecé a ir a ver al equipo. Un conocido me comentó que andaban cortos de jugadores y pensé en darme una última oportunidad. Son esas cosas del destino. Si mi amigo no se hubiera demorado, hoy estaría cortando fiambre.

-¿Te tenés confianza para lo que viene?

-Si, mucha. El club limpió varios jugadores pero, por lo menos, a mi me dijeron que me van a tener en cuenta. Sé que ahora van a hacer cola para entrar al club. Nadie puede creer que en la B Nacional paguen bien y al día. Si viene un central de jerarquía voy a tener que pelearla, pero estoy dispuesto.

-¿Con las lesiones cómo estás? Tenés una historia complicada con ellas…

-Ahora bien. Ya no tuve más problemas con la rodilla. El último que me operó fue Batista, que es médico de Boca y la Selección. Yo me lesioné muy de chico, tenía 17 años y jugaba en Rivadavia de Lincoln. Me rompí los meniscos y un año después los cruzados. Cuando me recuperé, a los 22, me vino a buscar Racing. Alternaba entre reserva y primera. Ya llegando a final de temporada, en 2013, me rompí los meniscos de la otra rodilla. Quedé libre y caí en Tigre. Jugué de titular con Diego Cagna y con Fabián Alegre, que era interino. Cuando había empezado a agarrar continuidad, me vuelvo a romper los ligamentos. Era un infierno.

-Y lo de Sarmiento de Junín te cayó del cielo pero terminó siendo peor...

-Si, cuando llegó Gustavo Alfaro a Tigre trajo muchos jugadores suyos. Por suerte me salió lo de Sarmiento y me fui para Junín. El primer día entrené, el segundo pasé la revisión médica, el tercero firmé contrato y el cuarto me rompí los ligamentos en la práctica. Ahí sí, dije “hasta acá llegué”. Llamé a mi representante y le dije que me iba a mi casa con mi familia, que no quería saber más nada. No sabía qué hacer de mi vida, si operarme o no. Lo terminé haciendo para al menos poder jugar con mis amigos. Y al tiempito llegó lo de Agropecuario.

-Ahora que pasaste todas, ¿sentís que te cambió la cabeza?

-Sí, soy un chico que piensa mucho en el futuro. Siempre fui así. Mirá, yo tenía un Chevrolet. Cuando dejé de jugar y me volví a Quiroga, mi pueblo, pensé que era imposible mantener ese auto. Lo vendí y compré vacas. Si bien ahora tengo el auto de nuevo, sigo manteniendo las vacas y voy seguido al campo también, que me gusta mucho. Después de la idea truncada del súper, surgió la idea de poner un gimnasio. Pero mirame ahora, no puedo pensar en eso. Vivo en Casares, a 50 kilómetros de mi pueblo. Tengo a mis viejos cerca, y estoy haciendo lo que me gusta. Además, voy a jugar la B Nacional. ¿Qué más quiero? Si en el fútbol yo soy un tipo con suerte…

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