Perfil de Ángel Cappa, el entrenador que pregona por el mundo el buen fútbol pero que todavía no puede sacarse la espina por la final perdida con Huracán en 2009. "Fue un robo", sostiene cada día desde entonces.

El hombre que se levanta y se siente estafado

Nicolás Lacunza

28 DE MARZO DE 2018

Defensor a ultranza de lo que denomina el “buen juego”, es quizás Ángel Cappa uno de los técnicos que intentó con todos sus equipos siempre plasmar una idea basada en la tenencia de la pelota y que alcanzó su máxima expresión en Huracán en 2009.

Estuvo muy cerca de ser campeón con ese equipo, aunque igualmente quedó en la memoria no solo del hincha sino también del amante del fútbol y, principalmente, en la suya, donde guarda un dolor interminable: “No hay un solo día en el que me despierte y no piense en esa final, no por haberla perdido sino por la injusticia en el modo en que se perdió”.

El ex técnico que fue campeón con Universitario de Perú ubica muy bien los orígenes de su manera de entender el fútbol: “Es sin dudas Rinus Michels el entrenador más importante, después Cesar Menotti”.

No es casualidad que nombre a quien obtuviera el primer campeonato mundial para la Argentina, ya que formó parte de su cuerpo técnico no solo en el siguiente mundial en España en 1982, sino también, en Barcelona.

Es inevitable que ante su constante declaración en relación a la manera de jugar surja la pregunta ¿qué es el buen juego? Y Cappa, fiel a su estilo, nunca eludió la respuesta: “Agarren un video del Barcelona de Guardiola o de la selección española campeona del mundo o del Huracán del '73: eso es jugar bien”.

Su sentido de pertenencia es tan grande que no pudo evitar enamorarse de los equipos que dirigió ; tal es así que aún hoy y luego de haber pasado ya ocho años desde su partida, sigue yendo a ver a Huracán en cada oportunidad que viene a la Argentina, ya que reside en Madrid hace muchos años. “No solo soy hincha de Huracán sino que también soy socio del club, yo siempre digo que llegó un entrenador y se fue un quemero”, declama.

Racing, al que dirigió en dos oportunidades en 1998 y en 2003, fue campeón del mundo en 1967 y Cappa lo recuerda con cariño por una razón: “Fue una alegría muy grande porque yo jugué al 'baby' con el Coco Basile que es de Bahía Blanca, me sentí representado un poco egoístamente y muy orgulloso de que alguién de mi ciudad ganara algo tan importante”.

Como jugador no tuvo una historia vistosa. Surgió de Villa Mitre y luego hizo toda su carrera en Olimpo. Ambos equipos de su ciudad natal, Bahía Blanca, a la que recuerda siempre con cariño aunque hoy viva lejos de allí. Se desempeñó como un sobrio volante central aunque soñó ser un Adolfo Pedernera.

Correcto siempre en su discurso, sus facciones se tensan, su semblante se oscurece y su tono de voz se eleva cuando le toca hablar de aquel partido que enfrentó a su Huracán en 2009 con el Vélez del Tigre Gareca en lo que fue casi una final: “Eso fue un robo y no puedo denunciarlo porque no tengo las pruebas, pero así fue”.

Radicado en España y ante la necesidad de denunciar los negocios y negociados del fútbol es que se embarcó en la escritura de su último libro, junto con su hija, María, a quien admira y por quien se ilumina su cara con solo pronunciar su nombre.

Ella nació en España y a pesar de que no le gusta el fútbol, se sumó a ese trabajo por pedido de su padre, que solo le dio un importante consejo: “Lo único que le dije es que por cada dato que ponga en el libro tenga un documento para demostrarlo”.

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