De la mano de Sócrates, Corinthian fue un pilar para el retorno de la democracia en los '80. ¿Cómo convivirían el Doctor con la actualidad de Temer?

Ayer y hoy, Brasil es caldo de cultivo para pasar de la crisis a la revolución

Por Solano Gómez @alfresolano

28 DE MARZO DE 2018

Durante la década de los '80 se dio un fenómeno deportivo dentro de la política brasileña. Sí, hoy parece raro asociar las palabras fenómeno deportivo y política brasileña, pero durante esa época el fútbol fue uno de los medios para recuperar la democracia de un país que vivió bajo dictadura militar durante 21 años.La presente crisis política que vive Brasil y su presidente Michel Temer son el marco perfecto para recordar a la "Democracia Corinthiana" promovida por Sócrates, no el filosofo de la Antigua Grecia, sino el médico y futbolista que le proporcionó poder político a la pelota de fútbol.

El actual período democrático brasileño tiene 32 años, y fue impulsado por el fútbol, por la ideología y por liderazgo de un poeta con la pelota y las palabras.
Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, tan grande como su nombre y apellido, nunca fue un jugador normal. De hecho, en 1978 no sólo se convirtió en jugador del Corinthians, sino que ese mismo año se recibió como médico en la Facultad de medicina de San Pablo. El Doctor Sócrates medía 1,90 de estatura, calzaba 41 y prefería tocar la pelota con su talón dándole la espalda al contrario. Siempre celebraba sus goles de pie, con la mano izquierda levantada y el puño cerrado, como un guerrero luego de vencer en el campo de batalla.

Cómo extraña el fútbol actual a personajes como éste, capaz de usar el deporte más lindo del mundo, no para enriquecerse y salir en las publicidades de Nike o Adidas, sino para construir a la sociedad, para educar y promover cambios que mejoren y ordenen la política de un país. Sócrates, capitán de Brasil en el Mundial del '82, se convirtió en un héroe nacional e hizo entender con goles y gambetas, que la igualdad y la democracia eran necesarias para vencer la dictadura que sufría el pueblo carioca en ese entonces (1964 - 1985).

Cuando el Doctor llegó al Timao, el equipo estaba atravesando una gran crisis estructural y futbolística, y fue entonces cuando el volante que usaba la dorsal número ocho comenzó a reclutar compañeros que compartían su ideología, para revertir la situación que vivían, de una manera revolucionaria.

La ejecución de las ideas de Sócrates comenzaron desde la izquierda, pero no precisamente la política de izquierda, sino desde el lateral defensivo de su equipo, el zurdo Wladimir Rodrigues dos Santos fue en su momento un líder para la clase obrera, y esto último lo convirtió en un pilar importante en el desarrollo de la Democracia Corinthiana.

A este par, se unió uno más joven, Walter Casagrande Junior, delantero que tenía 19 años en aquel 1981. Usaba el pelo largo y crespo como una estrella de rock, y a diferencia de Sócrates, cuando celebraba sus goles revolucionaba a toda la hinchada, los gritaba mientras corría de un lado a otro para terminar arrodillándose o abrazándose con sus compañeros. El goleador fue uno de los partícipes del fenómeno que comenzó a crearse en San Pablo. Su juventud y rebeldía fueron importantes para atraer a gente de su edad a compartir su filosofía.

En abril de 1982 culminaba la gestión presidencial de Vicente Matheus en el club y se anunciaba la llegada de su sucesor, Waldemar Pires, quien no tardó en gestionar cambios para el equipo, comenzando por su entrenador. Pires designó a un sociólogo para hacerse cargo de la creación de juego en el equipo paulista, Adílson Monteiro Alves, un técnico que defendía la idea de escuchar a los jugadores.

Con un sociólogo como entrenador y con jugadores con cierta militancia política como Sócrates, Rodrigues y Casagrande, el Timao comenzó a implementar un sistema de autogestión, en el que jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleados tenían la oportunidad de tomar las decisiones de manera conjunta, a través del voto: los viajes antes de cada partido, las horas de entrenamiento, la contratación de jugadores, las publicidades en las camisetas, todo esto y más.
Mientras en el mundo del fútbol aparecía un cambio nunca antes visto en la política de un club, Brasil atravesaba un momento difícil, porque tenía una gran deuda externa, la inflación comenzó a dispararse y el Estado brasileño se declaró en quiebra.

En ese período de inestabilidad política y económica, Corinthians lograba hacer cada vez más eco de su nueva ideología, y la prensa local comenzó a publicar artículos nombrando la palabra "Democracia" como titular, una palabra que anhelaba todo el pueblo carioca, pero que sólo sucedía en Sao Paulo, en un club de fútbol.

El equipo paulista aprovechó para ser el foco de la prensa y darle un nombre a su movimiento contratando a Washington Olivetto, el publicista más importante en el Brasil de los '80. Olivetto bautizó el fenómeno que encabezaba Sócrates, como: "Democracia Corinthiana", y estampó estas palabras en la parte superior trasera de la camiseta blanca del equipo paulista.

Con esta nueva imagen en el uniforme, y todo un movimiento revolucionario en el mundo del fútbol, el Corinthians de Adílson Monteiro comenzaba a mostrar superioridad ante sus rivales y su estilo de juego atraía cada vez más a los aficionados. Esta pasión que se estaba generando dentro del Estadio Morumbi todos los domingos, atrajo a mucha gente a compartir el pensamiento corinthiano.

Luego de que los militares que estaban a cargo del país concedieran las elecciones directas para gobernador en San Pablo el 15 de noviembre, tras la fuerte campaña que desarrollaba el Timao, el equipo alvinegro envió un mensaje a toda su fanaticada para que asistieran a las votaciones y así evitar el voto nulo. Los jugadores volvieron a utilizar sus camisetas y publicaron en el dorsal la frase: "Dia 15 vote". El equipo paulista decidió que su patrocinador iba a ser una causa social y no una empresa que les generara ingresos.

Corinthians fomentó discusiones políticas con el lenguaje del fútbol en un país de gente con poca educación formal, en donde la pelota era su conocimiento general, el que todos entendían.

En 1983, cuando el Timao consiguió un nuevo pase a la final del paulista, nuevamente ante su rival de patio, Sao Paulo, el equipo que lideraba el Doctor decidió salir al terreno con una pancarta que decía: "Ganar o perder, pero siempre con democracia", y así seguir demostrando su compromiso con el cambio político que necesitaba el país.

El voto se convirtió en un símbolo dentro de la sociedad brasileña, como insignia de la democratización. Y el 25 de abril de 1984, cuando todo parecía dado para acabar con la dictadura, el proyecto que restablecía el proceso electoral democrático fue derrotado por el Congreso, que rechazó la Enmienda originada de la campaña por una pequeña diferencia de 22 votos.

El fin de la dictadura llegó en 1985, con Sócrates jugando en la Fiorentina, pero ya con todo un país revolucionado y una mentalidad distinta, con menos ignorancia política.

Tancredo Neves fue elegido por el pueblo para asumir la presidencia de Brasil el 15 de marzo de 1985, sin embargo una inflamación intestinal que se complicó, lo llevó al hospital, donde murió el 21 de abril. Su vicepresidente, José Sarney terminó asumiendo el cargo para así dar inicio al gobierno de transición de la dictadura hacia la democracia.

"Donde hay crisis e inestabilidad, hay espacio para la revolución", dijo alguna vez el Doctor Sócrates. Actualmente, Brasil atraviesa un momento parecido al que mencionaba el futbolista en aquella frase, con un Vicepresidente que asumió el máximo cargo tras la destitución de Dilma Rouseff por presuntas irregularidades fiscales en los presupuestos. Y hoy, Michel Temer, es acusado de irregularidades en la campaña presidencial de 2014. Además se ha iniciado otra investigación en su contra por los supuestos delitos de corrupción pasiva, obstrucción a la justicia y asociación ilícita. De la primera acusación, el máximo mandatario fue absuelto por el Tribunal Electoral por cuatro votos a tres, por lo que declaró: "En las últimas semanas vimos la demostración de la vitalidad de la democracia brasileña, con el funcionamiento pleno y libre del poder Judicial".

¿Qué pensaría Sócrates de esta declaración si aún estuviese vivo? La democracia por la que tanto luchó, hoy absuelve a un Presidente que a ojos del pueblo es culpable, y que ni siquiera logra unanimidad en votos para demostrar su inocencia. A esta crisis e inestabilidad, le falta la revolución de sus ciudadanos, de sus pueblos, de sus Sócrates.

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