En medio de una crisis social galopante, la Selección Sub 20 logró unir al país bajo la pelota. El éxito del subcampeonato en Corea de Sur tiene sus razones y puede servir de ejemplo para salir adelante.

Venezuela, un país que quiere rehacerse desde abajo

Germán Trucchi

28 DE MARZO DE 2018

Tic-tac. Las agujas del reloj realizan su curso habitual. Marcan las 5.30 de la mañana del domingo y Venezuela espera expectante la final del Mundial Sub-20 que dará inicio en media hora. Tic-tac. Por un rato la crisis socio-política queda relegada a un segundo plano. No se habla del prisionero Leopoldo López, opositor al Presidente Nicolás Maduro. Tic-tac. El pueblo venezolano está unido. A 14.478 km de distancia de Caracas, en el Estadio Mundialista de Suwon, Rafael Dudamel, entrenador de la vinotinto, da las últimas indicaciones antes del partido ante Inglaterra. Lo cosechado ya es histórico pero no sorpresivo. “No es casual que el equipo esté en una semifinal, es causal por trabajo, planificación y sacrificio”, le confío a El Equipo Yair Ruiz, periodista de Venezuela, en la previa al triunfo con Uruguay.

Las estadísticas demuestran que Venezuela, en el Mundial disputado en Corea, y antes de enfrentar a los ingleses, jugó seis partidos, ganó cinco, empató en la semifinal con Uruguay –luego venció 4-3 en penales- convirtió 14 goles y le hicieron dos. Pero detrás de los números hay un proceso. “Lo de la Sub-20 tiene mucho mérito porque se viene preparando desde la Sub-17 para esto”, afirmó Ruiz. El 31 de agosto de 2015 Dudamel juntó a 33 futbolistas para trabajar de cara a la máxima competencia. Tras 22 meses de preparación y con 30 partidos amistosos internacionales en el camino llegó la recompensa: la final del mundo. Pero el reloj sigue marcando el ritmo. Tic-tac. Son las 5.45 de la madrugada del 11 de junio y las ilusiones están intactas.

Pero mientras la vinotinto va detrás de un sueño, el país acecha una situación crítica: el 1 de abril comenzaron las manifestaciones en contra del gobierno que preside Maduro. Desde la oposición exigen elecciones libres pero son reprimidos y el saldo, por el momento, es de al menos 67 muertos y más de 15.000 heridos. Dudamel, posterior al triunfo que catapultó a la selección en la final del mundo declaró: “Por favor, paren ya las armas, la alegría nos la ha dado un chico de 17 años y ayer (miércoles) murió uno de 17 años”. Tic-tac. Venezuela se divide entre fútbol y política. Gloria y crisis. Y las agujas del reloj no se detienen.

El partido entre venezolanos e ingleses está por comenzar. La aguja pequeña del reloj ya se encuentra en el número seis. La aguja grande va camino al doce. Tic-tac. Las protestas frenan su curso, para alimentarse de esperanzas por los jugadores que mantienen en vilo a Venezuela. Y el periodista Ruiz afirma esa conexión: “Hay muchos que llegan de protestar, de luchar por la libertad del país, se acuestan un rato, se levantan para ver a la selección y luego salen, con más ilusión, a seguir batallando”.

Tic-tac. Van 34 minutos del primer tiempo y Calvert-Lewin ya marcó lo que será, a futuro, el único gol del partido. Los ingleses están en ventaja pero para entender este torneo jugado por la selección vinotinto hay que viajar en el tiempo: los cambios en el desarrollo de las inferiores del fútbol venezolano datan de más de diez años para atrás. La Federación Venezolana de Fútbol (FVF) obligó a los equipos de Primera División a que tengan un juvenil entre los titulares, así se promovió a las canteras y se dio inicio a una etapa de re-construcción de categorías menores. Louey Salah, entrenador del Ureña Sport Club, y con pasado en la dirección técnica de las inferiores de Deportivo Táchira –sub 12, 14, 18 y 20- le comentó a El Equipo: “Hace varios años se viene cambiando la base del fútbol venezolano, donde antes había deficiencias a tal punto de que el jugador llegaba al primer equipo sin tener el trabajo necesario, ni físicamente, ni psicológicamente”. Luego agregó: “Se invirtió en la base de los juveniles, en material deportivo y canchas aptas, pero lo más importante fue el cambio en el material humano, personas que se han preparado, personal calificado”.

Ya pasaron 73 minutos de juego. Alberto Peñaranda, una de las figuras de Venezuela, tiene en sus pies la posibilidad de empatar el juego desde los doce pasos. Pero el arquero Woodman ataja el penal con una mano. Tic-tac. Quedan quince minutos para una hazaña que no será posible. En Corea del Sur van a ser las 9 de la noche. En Venezuela el reloj va rumbo a las 8 de la mañana. Tic-tac. El pueblo venezolano encontró en sus futbolistas un motivo de unión. Así lo reflejó Salah: “El Mundial sirvió mucho, hubo esperanza en un pueblo envuelto en tristeza, levantarnos a las 4 de la mañana para apoyarlos, la gente se mostró muy agradecida con ellos. Son un orgullo”.

Tic-tac. El árbitro holandés Bjorn Kuipers se lleva el silbato a la boca. Finaliza el partido con triunfo de Inglaterra 1-0 sobre Venezuela. Pero lo conseguido por la vinotinto traspasa podios y medallas. La Selección que nunca jugó un Mundial en la mayor comenzó otro proceso para serle esquivo a los malos resultados. Con las escuelas integrales de fútbol, apoyadas por los futbolistas de élite: Juan Arango, Tomás Rincón, Salomón Rondón entre otros, que sirven de vías de escape a la delincuencia y la violencia que atrapa a los jóvenes, Venezuela sueña.

Planificación. Trabajo. Esperanza. Tic-tac. El anhelo mundialista terminó con un segundo puesto. Sin embargo, Venezuela ganó más que eso: la posibilidad de creer que un futuro mejor los está esperando.

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