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El futbolista disputa la pelota en un partido frente a Talleres de Remedios de Escalada. /Foto: Mono Gómez.

Defensor de sus valores

Tomás Fonseca, jugador de Acassuso, le cuenta a El Equipo sus opiniones acerca de la problemática docente universitaria, el fútbol inclusivo y cómo fue la “decisión rupturista” en su familia a la hora de elegir el fútbol como eje central para su vida.

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Matías Chiacchio
27 de Abril de 2017

Fonesca es defensor central de Acassuso, club que milita en la tercera división del fútbol argentino. Levanta la cabeza y deja volar su pelo negro. Con la mirada puesta en el delantero rival, defiende al equipo con el cuerpo erguido y los dientes apretados. Se prepara para una de las tantas batallas que se le presentan, cada vez la pelota se aproxima al área. La misma defensa hace de sus propios ideales, de la educación pública, desde su lugar como estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del fútbol inclusivo. Amante de la música de Los Piojos y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y de las lecturas de sus referentes Eduardo Galeano, Roberto Fontanarrosa, Eduardo Sacheri y Osvaldo Soriano.

En la entrada a la sede Constitución de la Facultad de Ciencias Sociales, lugar donde cursa Fonseca, previo al paro general de la CGT, se desarrolla una asamblea en el patio lateral organizada por el Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales (CECSO), en contra de las medidas, mayormente económicas, que aplican los titanes del orden viril. Al mismo tiempo cinco profesores deciden dar su clase sobre la calle Santiago del Estero. Muchos chicos sentados en el pavimento hacen girar las rondas de mate.

Las líneas amarillas en el piso, junto a los pupitres apilados en la puerta principal, guían a los estudiantes a las salidas de emergencia y pasan por todos los pasillos del edificio. En el recorrido hasta el aula HU01, en el ala Humberto Primo (nombre por la calle que desemboca la puerta), te cruzas con los puestos de las organizaciones políticas y sociales, el comedor, el buffet, la biblioteca “Norberto Rodríguez Bustamante” y el espacio Rodolfo Walsh. Al costado, un mural de la memoria, muestra los ojos de 400 bebés, recordando los secuestros de recién nacidos en la última dictadura cívico-militar. Además de los carteles en contra de las causas de carácter nacional, en especial a los femicidios y un pedido de restitución de los 380 empleados de AGR Clarín.

-¿Qué opinión tenés sobre la problemática docente y cuál es tu postura al respecto, teniendo en cuenta la protesta que se está desarrollando en la puerta de la facultad?

-Cada uno, desde su lugar, tiene que dar batalla para defender la universidad pública, porque es uno de los recursos más valiosos que tenemos, a pesar de que algunos la miren como un gasto y usen frases hechas como "apaña a muchos vagos". Esto se da en un entorno político que aprieta. Yo soy un agradecido a la UBA, ya que me permite estudiar y desarrollarme en mi profesión

-¿Qué pensás sobre el apoyo que se le da a la UBA, teniendo en cuenta que el “Ranking de universidades QS”, realizado por Top Universities, la ubicó en el puesto 86 este año?

-La UBA es un faro intelectual y académico muy interesante. Si se le daría un interés genuino y recursos para darle una mayor envergadura y desarrollo, sería mucho mejor. Aunque, así todo, es punta de lanza en muchos proyectos. Llegan de muchos países a estudiar, por ejemplo mi abuelo costarricense vino al país en la década del 50 a formarse. Esto significa que es algo importantísimo en toda Latinoamérica y hay que cuidarlo porque es historia y presente.

-Hace un tiempo twiteaste sobre tu abuelo, ¿qué es para vos en tu vida?

-Por un tema de envejecimiento de mi abuelo Rafael, disfruto cada charla y cada anécdota que tengo con él. Reconozco que siempre son las mismas y demuestra que son verídicas. Tengo un vínculo muy cercano porque es el que más confianza me tuvo en mis comienzos en el fútbol. Me llevaba a entrenar, me compraba la ropa y me apoyó en muchas reuniones familiares cuando me decían que no podía jugar, porque mi familia al ser profesionales de la psicología, contaduría y odontología creían que no iba a llegar.

-¿Dónde naciste y cómo era tu familia?

-Nací en Caballito y al poco tiempo nos mudamos a Recoleta. Fui a la escuela de El Salvador, la misma a la que fue mi papá. Era una familia bien que no pasaba muchos sobresaltos, por eso mi decisión fue rupturista. Ahora vivo en Villa Urquiza y si vamos a los pequeños detalles yo tomo mate y mi familia no.

-¿Tenés alguna palabra que te caracterice?

-Una palabra no, pero si, últimamente, estoy usando mucho una frase: “Para adelante, siempre para adelante”. Porque aunque pasen cosas hay que ponerle el pecho y sobreponerse, siempre. Además me molesta lamentarme, no me gusta. Siempre hay que volver a salir.

Comenzó en las inferiores de Huracán en novena y llegó hasta la reserva. Luego, en 2009, pasó a la cuarta de River. Debutó en la segunda división de México en 2010, pasó por Colegiales, a Cipoletti y a San Vicente de Jujuy. También, antes de Acassuso, estuvo en A. D Municipal Pérez Zeledón, en Costa Rica y comenta que, al haber estado sólo, y como los entrenamientos matutinos eran muy tempranos por el calor, durante la tarde su refugio era mirar series o novelas en televisión.

-En “Fútbol a sol y sombra”, Eduardo Galeano, habla del jugador y dice que siempre quiere jugar. ¿Cómo lo ves vos?

-El jugador siempre quiere jugar, por eso se calienta y no quiere resignar su puesto. Si fuera como un oficinista y sólo le importase cobrar su sueldo, no pelearía cada pelota como si fuera la última. El jugador quiere sentirse activo, jugar, participar, mostrarse.

-¿Te gustaría que el fútbol sea más inclusivo?

-Me gustaría que el deporte sea más inclusivo. Sé que en los clubes se necesitan los recursos y hay muchos que los hacen. Los clubes cumplen un rol social importante y no hay que ahogarlos. Por eso se habló, pero no tienen que ser sociedades anónimas, porque estos ven muchos gastos y lo único que les interesa es tener ganancia. El club con estas prácticas les deja valores a los chicos, alimenticios, educativos, de integración, entre otros.

Tomás Fonseca se levanta, todos los días, a las seis de la mañana para entrenar y piensa "no pares, no es el final". Sale de la casa y va a la parada del colectivo, para ir hasta Flores donde se junta con sus compañeros y van hasta La Reja, lugar de entrenamiento de Acassuso. Dos horas de ida y otras dos de vuelta. Además de ir a la universidad, los martes y jueves, entrena a un equipo amateur en la plaza República Oriental del Uruguay.

-¿Hace cuánto tiempo entrenás a este equipo amateur?

-Hace tres meses unos chicos me convocaron para que les de una mano, ya que están disputando el torneo interno del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) y quieren estar en buen estado físico para afrontar la competencia y ascender a la segunda categoría. En este poquito tiempo progresaron muchísimo.

En la plaza ubicada en Avenida del Libertador y Tagle, frente a la sede del Automóvil Club Argentino y bajo la mirada de la estatua de José Gervasio Artigas y las gárgolas que representan a los ríos Uruguay, Paraguay, Paraná y el Río de la Plata, alrededor de 100 personas hacen ejercicio al lado de los postes de iluminación. Muchos grupos organizados arman sus rutinas con conos, sogas, colchonetas y pelotas. Los aviones que despegan de Aeroparque son los principales espectadores de esta rutina. “La elección del lugar es por varios factores: los chicos viven cerca y les queda cómodo para venir y cuando yo vivía acá y tenía tiempo libre, me venía a correr. Yo me hice mis propias marcas, por eso cuando les digo tantos metros, sé dónde es. No me gusta el tiempo libre, siempre estoy en movimiento.”, expresó el jugador y estudiante.

Los ocho integrantes del equipo Dalma Nerea (nombre en homenaje a la segunda hija de Diego Maradona) esperan a Tomás Fonseca, su entrenador, pasándose la pelota de YPF blanca y azul delante de un banco verde muy grande, donde dos personas duermen sobre cartones y tapados con una frazada. Cruzando la Avenida del Libertador se lo ve venir a Fonseca, con una campera gris, una mochila en su espalda y un botinero de la Selección Argentina. A las 20.15 arranca el entrenamiento con una entrada en calor con ejercicios aeróbicos y conos naranjas.

Con un reloj-cronómetro en la mano derecha toma el tiempo de los “alargues” de los flacos gimnastas de América, mientras grita: “Obligate, Obligate, dale, dale”. El eco de voz invade el ambiente y se mezcla con el sonido de los bongó de una persona que está sentada en el medio de la Plaza Evita. Luego de una hora de entrenamiento no queda mucha gente en el lugar y, en cada pausa de los ejercicios, se escucha el suspiro de los jugadores para buscar aire y apoyan las manos en la cadera.

-¿Te gustaría dedicarte a esto cuando te retires del fútbol?

-No lo pensé todavía. Además tengo mis días, ya que pienso en no hacer nada que esté relacionado con la pelota y otros que me gustaría. Igualmente, por eso arranqué una carrera que no tenga relación con mi profesión. No quiero cerrarme, preferí salir de la zona de confort

-En relación a tu carrera, ¿qué te gustaría hacer?

-Periodismo político. Me gusta mucho.

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