Se acerca el final del programa que se implementó en 2009. Existe un razonamiento -inducido por los medios- que indica que el malestar social se debe, en parte, a la mala inversión del Estado, que priorizó el fútbol en lugar de educación o salud. ¿Cómo se distribuyó el dinero?  

La pelota no será televisada

Brenda Bianchi

28 DE MARZO DE 2018

El fútbol es considerado el deporte más popular en Argentina. Villas miseria, countries, potreros y clubes son ambientes que se distinguen en muchos aspectos, pero comparten una cualidad: ser escenarios perfectos para jugar con una pelota. Además, la copiosa cantidad de variables que tiene el deporte (como el material y la forma de lo que servirá de balón, o el número de participantes) permite que lo practiquen grandes y chicos, sin la necesidad de contar con un estereotipo de físico en particular.

El deporte es la expresión cultural más importante del país; incluso distintos presidentes, desde Juan Domingo Perón hasta el dictador Rafael Videla, se percataron de la relevancia que tomó en diferentes momentos históricos. Fue en los años peronistas que los Juegos Evita entraron en vigencia, persiguiendo el anhelo de la inclusión social. Y fue en la última dictadura cívico-militar que se desarrolló un Mundial de fútbol, para lo que el Estado destinó fastuosas sumas de dinero. Utilizado como un medio de instrumentación política, o tan solo como un pasatiempo entre amigos, se torna innegable el hecho de que el deporte –y principalmente el fútbol- es una parte importantísima de la vida social.

Según el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”. Esto implica que es deber del Estado ayudar a cada miembro de la sociedad a aprovechar al máximo todas las ventajas de las que se disponga (entre ellas, las culturales). Por otro lado, el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales respalda lo mencionado: “Entre las medidas que habrá de adoptar cada uno de los Estados partes en el presente Pacto para lograr la plena efectividad de este derecho deberá figurar (…) la preparación de programas, normas y técnicas encaminadas a conseguir un desarrollo económico, social y cultural constante (…)”.

En consecuencia, se evidencia que es labor de los Estados fomentar la difusión de la cultura, y siendo el fútbol la máxima expresión de la misma en Argentina, resulta indispensable la implementación de programas como Fútbol para todos, que cuenten con alcance nacional (y así abarcar a “toda persona” que integre la sociedad, tal como lo estipula la DUDH).

Es recurrente prender el televisor y escuchar periodistas criticando los paros docentes o el mal estado de los hospitales, y acusando al gobierno kirchnerista de optar por financiar el FPT en vez de priorizar el sistema educativo y sanitario. Ante esta situación, la sociedad ya ha naturalizado la postura de adjudicarle al programa creado por Cristina Fernández de Kirchner en 2009 la responsabilidad del deterioro de las escuelas, por ejemplo. En principio, este razonamiento (inducido primeramente, como se ha mencionado, por los medios de comunicación) deriva a la sociedad a creer que se trata de un subsidio. Sin embargo, tal como se menciona en la Decisión Administrativa 221/2009 (la cual fija la creación del programa), “VISTO el Presupuesto de la Administración Pública Nacional para el ejercicio 2009 (...) y el CONTRATO DE ASOCIACIÓN DE LA JEFATURA DE GABINETE DE MINISTROS CON LA ASOCIACIÓN DEL FÚTBOL ARGENTINO PARA LA TRANSMISIÓN DE ESPECTÁCULOS DE FÚTBOL POR TELEVISIÓN ABIERTA Y GRATUITA celebrado el 20 de agosto de 2009 (...)”. Por ende, queda explícitamente mencionado que se trata de un contrato, y no de un subsidio.

En segundo lugar, se torna indispensable conocer el Presupuesto Nacional (PN) para luego evaluar si FPT fue una de las causas del malestar social. Las leyes presupuestarias de cada año brindan los siguientes datos con respecto al PN y al presupuesto destinado al FPT, que depende de la Jefatura de Gabinete de Ministros: en 2009, sobre un PN de 233 mil millones de pesos, fueron 600 millones los presupuestados para el programa (es decir, un 0,25%); en el año 2010, se le destinaron al programa 648 millones de pesos, por lo que representó un 0,24% sobre un PN de 273 mil millones de pesos (según el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas); en 2011, el PN también fue de 273 mil millones de pesos (ya que no se aprobó el proyecto de ley que fijaba un monto de 373 mil millones de pesos), mientras que lo destinado al FPT (690 millones) significó un 0,25%; en 2012, 505 mil millones de pesos constituyeron el PN, por lo que la suma de 1.201 millones de pesos representó un 0,14%; en 2013 se destinaron al programa 1.201 millones de pesos, es decir 0,18% del PN que fue de 628 mil millones de pesos; en 2014 el porcentaje fue de 0,16%, habiéndose destinado 1.410 millones de pesos sobre un PN de 859 mil millones de pesos; finalmente, en 2015, sobre un PN de 1 billón 251 mil millones de pesos, el 0,13% fue para el FPT, ya que el monto fue de 1.634 millones de pesos. Si bien en las cifras mencionadas no están incluidas las rectificaciones de partidas, el único proyecto de ley que el Congreso no aprobó fue el del año 2011, por lo que los incrementos anuales se contemplan año tras año a la hora de decidir la aprobación de una nueva ley.

Por ello, es preciso cuestionarse los mandatos que naturalizamos a partir de los medios gráficos o televisivos, por ejemplo. Mientras que el 0,16% del PN (en promedio desde el 2010 al 2015) fue destinado al FPT, que constituye una gran parte de la cultura popular, sería interesante calcular qué porcentaje se le destina a la cultura de élite.

El Teatro Nacional Cervantes es uno de los receptores de una parte del presupuesto del Estado. Al tomar de referencia datos del 2014, se puede evidenciar que el flujo de espectadores fue de 191.579 personas, mientras que el presupuesto destinado fue de 106 millones de pesos –según la Secretaría de Presupuesto-. Esto significa que, por persona, se necesitaron 553 pesos. Mientras tanto, sobre los datos de la Jefatura de Gabinete del 2014, encargada del FPT, se necesitaron 35 pesos por espectador. Lejos de buscar formar una crítica hacia el teatro, que también constituye un elemento primordial en la identificación cultural del pueblo argentino, cada uno debería preguntarse el motivo por el cual el FPT es considerado uno de los principales responsables del malestar social, y cuestionarse los mandatos que se tienden a adoptar como propios (por ejemplo, “en vez de hacer escuelas, el gobierno prefiere invertir en fútbol”).

La propaganda oficial que se transmitía, principalmente, en los entretiempos, aún sigue despertando diversas controversias. ¿Acaso el fútbol fue utilizado como un instrumento para “hacer política”? Para analizar este punto, conviene detenerse en el término “política”: según Aristóteles, es “todo aquello referente a la polis”. Una definición más actual, como podría ser la de la Real Academia Española, sugiere que es “la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.

Por ende, el espectáculo del fútbol ya es un acto político. Siguiendo este razonamiento, cualquier tipo de propaganda sería considerada política; el contrato del FPT habilita la transmisión de la publicidad oficial, la cual debe “informar a los ciudadanos respecto de políticas públicas”, según la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Independientemente de que podría utilizarse como parte de una estrategia del gobierno de turno, no es correcto suponer que las propagandas oficiales que refieren a la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, “no tienen nada que hacer en el entretiempo de un partido de fútbol”, como critican desde ciertos grupos de poder.

Manifestar que el nombre “Torneo Nietos Recuperados - Copa Raúl Alfonsín”, que se disputó en 2014, es una “forma de hacer política” es simplemente absurdo: son precisamente los nietos recuperados por las Abuelas y Madres de Plaza de mayo, y el presidente que signó la vuelta a la democracia, fidedignos ejemplos de construcciones de la memoria, soberanía e identidad argentina. ¿Y qué mejor que el fútbol, que desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad ha sido un pilar destacado en la construcción de la identidad del país, para plasmar aquello que nos une como sociedad?

Quizá el FPT no sea el culpable de los vidrios rotos en los edificios estatales, ni de la larga demora en las salas de espera para la atención por guardia en los hospitales públicos; quizá no sea el fútbol el opio de los pueblos, como tienden a suponer las críticas de los medios de comunicación. Quizá sean los grandes grupos empresarios, dueños de buena parte de los canales de información, quienes constituyen el peor opio del pueblo argentino.

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