El Vasco salvó con la nuca el empate de Lineker cuando se terminaba el partido ante Inglaterra. En diálogo con El Equipo recordó: "Esa era la final del mundo para nosotros".

Olarticoechea, el otro héroe

Federico Racchi

28 DE MARZO DE 2018

Julio Olarticoechea llega caminando por una de las intersecciones más famosas de la Ciudad de Buenos Aires en una mañana fría de junio. Entra a un bar, en donde el cantinero le grita “Hola Vasco” y se sienta en una mesa. Los presentes no advierten el ingreso de un campeón del mundo, o lo disimulan bastante bien. “Tenés el pelo como Menotti en el 82”, lanza como primera observación antes de pedirle al mozo un café y una medialuna. No hay rastros de campeón mundial en Olarticoechea. No es famoso, la gente no lo reconoce en la calle ni le pide una foto y mucho menos es el ídolo de los chicos. Y hasta ofrece pagar su café. Olarticoechea sigue siendo el Vasco de Saladillo, aquél que alguna vez partió con muchas ilusiones y volvió campeón del mundo.

Mundial de México 86. Diego Armando Maradona ya hizo de héroe y convirtió un doblete en menos de cuatro minutos para que Argentina esté arriba en el marcador ante Inglaterra en los cuartos de final. Pero a menos de diez minutos del final del partido Gary Lineker, goleador del Mundial, descuenta e Inglaterra se pone a tiro. Faltan segundos, milésimas. Los ingleses son una marea blanca en ataque en el sofocante calor azteca y un centro desde la izquierda deja a Lineker solo frente al arco con Nery Pumpido, abatido en el primer palo. Ahí donde no está Pumpido, ni Maradona ni algún jugador de azul, aparece Olarticoechea. El otro héroe se anticipa al delantero y golpea la pelota con su nuca para evitar el empate. Faltan segundos, milésimas.

“Era cábala, sí. Cuando vos te sentás por primera vez en un micro para ir a los entrenamientos, mantenés el lugar. Una vez que te sentás en la mesa para la primera comida, ya mantenés la misma ubicación para siempre”, explica el Vasco sobre su relación con Maradona en aquel 1986. El héroe y el otro héroe fueron juntos por la concentración y no se despegaron ni para comer. “Se dio conmigo en el Mundial del 82, un poco más por la edad. Éramos de la misma generación. El andaba muy bien con Barbitas (Juan Barbas), que había sido su compañero en el juvenil 79'. Pero, éramos una camada que teníamos, más o menos, la misma edad, contra los grupos de muchachos que eran más grandes que nosotros. Hablábamos de las mismas cosas”, cuenta sobre los inicios de su amistad con Diego.

A 30 años de la victoria ante los ingleses, Olarticoechea recuerda con nostalgia la victoria, pero también recuerda, y con mucha más nostalgia, la guerra de Malvinas: “Ese gran detalle ayudó y potenció ese partido, al grupo. Ese partido nosotros lo tomamos como que era la final. Esa era la final del mundo para nosotros. Ese partido teníamos que ganarlo. Jugamos como una final. El grupo estaba muy, muy metido”, rememora con la mirada perdida en el horizonte. De la final ante Alemania, el Vasco se acuerda pocos detalles, pero sobre el encuentro ante Inglaterra lo recuerda todo, a la perfección: “Había mucha ansiedad, queríamos ir a la cancha antes de lo normal, salir media hora antes, cuando normalmente vos tenés un horario. Dos horas antes vos salís, en micro. Tenés horarios estipulados. Pero recuerdo que ese partido media hora antes estábamos todos ya prestos para salir, queríamos ir a la cancha, queríamos salir. Teníamos esa necesidad de demostrar y de tratar de darle a la gente esa alegría, y mismo a nosotros, de ganarle a los ingleses. También en memoria de lo que había pasado cuatro años antes”, revive como si hubiesen pasado apenas algunos meses de aquél partido.

Habían pasado un par de años de la guerra de Malvinas, pero los jugadores argentinos la tenían presente. En otro infierno, más humano y menos terrorífico, como era el Azteca en un mediodía de sol radiante, Argentina volvía a medirse ante Inglaterra: “El tema Malvinas lo teníamos presente. Pero ojo que fue un partido correcto, no es que hubo agresividad. Jugamos fuerte como hay que jugar una final, era una final. Sabíamos que después de ese partido lo que viniera era yapa. Pero pasando ese partido nosotros quedábamos en la historia. Aun perdiendo los que vinieran me parece, porque ese era el partido. Ese era el partido. Inglaterra era la final, y la jugamos y la pudimos ganar. Se ganó de la mejor manera, con un Diego extraordinario, con un gol con la mano y con el mejor gol de la historia, bien argentino, si lo hay es eso, no nos quedó decir más”, sentencia Olarticoechea, el otro héroe, ni el de la mano, ni el de las gambetas a mil revoluciones, el del nucazo. No quedó decir más, Argentina, contra Inglaterra, con la mano, con la mejor gambeta del mundo y hasta con la nuca.

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