Saber controlar la pelota y darle destino seguro en la menor cantidad posible de toques resulta indispensable en el fútbol de hoy en día. Hasta los arqueros deben manejar la técnica. Técnicos y ex jugadores coincidieron ante una consulta de El Equipo que la cara interna de los pies es la parte del cuerpo ideal para esa tarea esencial.

El buen pie

Octavio Hesayne (@tatohesayne) y Franco Milanese (@cacomilanese)

28 DE MARZO DE 2018

El pie y la pelota. Los que le pusieron nombre al deporte más lindo del mundo. La arquitectura del primero desencadena miles de variantes para el control del segundo, mil formas de conocerlo, de tratarlo. Cuando un jugador logra algo fructífero a partir del encuentro de ambos se lo llama jugador de “buen pie”, pero nadie tiene pies buenos o pies malos. Con esta definición buscamos explicar algo que no tiene justificación fisiológica, ya que el cruce ideal de estos dos elementos o el peor de ellos, parte desde la cabeza de uno.

Los tiempos, con sus pausas y sus aceleraciones, la figura corporal, el ángulo de los dedos del pie, del tobillo y de las rodillas, el contexto y la presión -sólo en algunos dotados este último factor no sugiere peso alguno- son algunas de las variantes que se ponen en práctica a la hora de hacer algo que, a la vista de muchos y sin detenerse a analizar con profundidad, es tan fácil como “parar la pelota”. Porque parar la pelota no es sólo detener su recorrido y adjudicarse su posesión, es también el paso previo, y a la vez primero, de una buena conducción o una acertada resolución.

Carlos Bilardo, director técnico campeón del mundo en México 1986 con la Selección Argentina, afirma que “con el fútbol de hoy en día hasta el arquero tiene que saber cómo controlar la pelota” ya que “no sirve pasarla hasta dársela al arquero y revolearla”. Carlos Bossio, exarquero profesional confirma lo sugerido por el doctor: “El puesto del arquero ha evolucionado mucho y hoy en día es indispensable que tenga una mínima idea de cómo jugar con los pies”. El exjugador de Estudiantes y Lanús entre otros, nombró a Mariano Andújar y Fernando Monetti como dos de los arqueros que mejor control poseen en el actual fútbol argentino. Además, Chiquito advierte: “el arquero siempre tiene que recibir ya perfilado y con la cara interna, después dependerá de la distancia que se quiera recorrer con qué parte se impactará”.

Planta con pelota se llevan bien desde el baby fútbol. Cuando el esférico se dirige directamente hacia uno, aprisionarlo entre la suela y la superficie es la salida de emergencia más eficiente si de controlar se trata. Pero así como se logra detener el viaje de la número cinco en un acto de pausa total, se pierde tiempo y dinámica en un juego general en el que los pases deben correr con más fluidez para ganarle algunos tiempos al rival. Este control es tan productivo como contraproducente ya que difiere junto con la cantidad de tapones que tenga el botín utilizado tal como lo recalca Daniel Lobo Cordone en sus entrenamientos como director técnico de Leandro N. Alem. “La cara interna es más grande que la pelota, por eso hay que dormirla con esa parte y no con la planta, que puede producir que la pelota vaya para cualquier lado y complique al control de mi compañero”, señala el exjugador de San Lorenzo y Newcastle United, entre otros.

Desde aquellos tiempos en los que se busca el control ideal de la pelota, los cordones no sólo sirven para asegurar la contención del pie por parte del botín. Estas sogas que cubren el empeine son siempre candidatas a amortiguar a la bella protagonista. Su interrupción en el momento justo puede provocar un control parcial ya que aunque el balón pase a ser propiedad del practicante, este rebotará sin pausarse para quedar a pocos centímetros del pie y esperar el casi siempre inmediato segundo golpe.

En el libro titulado “Técnica y táctica del fútbol”, de los exfutbolistas Argentino Geronazzo y Osvaldo Zubeldía, se nombran once diferentes partes del cuerpo –con un capítulo dedicado a cada una- con las cuáles tomar posesión de la pelota, algunas un tanto extrañas: “la cabeza, el pecho, el estómago, el muslo, una o dos canillas, el talón externo, el borde interior y el exterior del pie, la planta y la punta del pie”. Se recomienda su lectura para aplicar teoría de no contar con una práctica efectiva.

Las caras de un botín, tanto interna como externa, pueden ser aterrizajes ideales para el vuelo de una pelota. Los anteriormente nombrados “de buen pie” suelen apostar por cualquiera de estas dos opciones. Bilardo asegura que “los pases se dan con la cara interna y los controles también, lo que se debe tratar constantemente en los entrenamientos”. El técnico campeón del mundo ubica a Lionel Messi, Diego Maradona y Pelé en la cima del control de la pelota y un escalón más abajo a Zinedine Zidane y a Johan Cruyff.

Además, el doctor va al hueso: “Para copiar el control del Barcelona, hay que tener dinero, tener una pelota para cada uno, y no una para veinte”. Sin embargo, no todo parece ser cuestión económica ya que según el exjugador de San Lorenzo y la Selección, José Sanfilippo, “Neymar y Suárez tuvieron que adaptarse y dar pases al ras del piso, no para favorecer a Messi, sino al juego y control del Barcelona”. El Nene interpreta que “el pie funciona como una raqueta de tenis: para devolver una pelota que viene fuerte hay que amortiguar el impacto. En el fútbol lo mismo, tenés que abrir el pie y matarla”.

La cara interna parece llevarse, según estos especialistas, la medalla de oro en el podio del mejor control y posterior pase de la pelota. Pero no por esto hay que condicionarse y cegarse ante las diferentes condiciones y circunstancias que se desarrollan en la duración de un partido donde un movimiento erróneo puede obligar a controlar la pelota pero quieta, en el punto central de la cancha, para reanudar el juego.

VIDEO

EL ARTE DE CONTROLAR LA PELOTA

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