Pablo Pérez llegó al centenar de amonestaciones en su carrera y El Equipo intenta explicar qué sucede con el volante de Boca. El 75% de las que vio en los últimos tres años fueron por infracciones.

Cien veces no debo

Juan Pablo Bielak, Gastón Finos, Gastón y Loana Labandeira

28 DE MARZO DE 2018

Parece ilógico decir que los aspectos deportivos pasan a un segundo plano al analizar el rendimiento de un futbolista, pero es lo que ocurre en este caso. Sin importar donde juegue, o como lo haga, Pablo Pérez está en la mira de todos cada partido. Sus actitudes lo pusieron ahí y no parece que vaya a salir, al menos por el momento.

Los chistes acerca de su comportamiento y su acumulación de tarjetas son furor en las redes sociales, los periodistas son observadores e incisivos con este asunto, y es una cuestión que llama la atención de los hinchas y dirigentes del club del que forme parte, o al que esté por llegar.

Los números no mienten: desde que debutó a primera, hace diez años, jugó 241 partidos y recibió 100 tarjetas amarillas. Eso da un promedio de 0,41, es decir, cada dos partidos y 15 minutos, Pérez es amonestado. Pero si de números hablamos, resulta curioso que –con semejante historial- haya sido expulsado solo cinco veces, tres de ellas por roja directa.

En marzo de este año, el jugador de Boca había declarado en Radio Continental: “Después de la amarilla, siempre me tranquilizo”. Una frase que, por un lado, puede explicar la peculiar proporción de las tarjetas, pero también denota la necesidad de límites y abre más interrogantes respecto a su conducta. ¿Es un jugador agresivo? ¿Los árbitros se guían por el preconcepto que tienen de él? El Equipo dialogó con el psicólogo deportivo Marcelo Roffé para averiguarlo.

“Es interesante que esto lo hable con un profesional, ¿por qué necesita ese límite?”, explicó el ex ayudante de José Pekerman, quien anticipó que el caso de Pablo Pérez es de falta de control de impulsos y poco trabajo en su inteligencia emocional, aunque aclaró que sería arriesgado elaborar una hipótesis solo a partir de estos elementos.

Ya son 21 las amarillas que tiene en Boca, dónde juega desde 2015. En los últimos tres años, durante los cuales pasó por Newell’s, Málaga y su actual club, recibió 44 amonestaciones. En la primera mitad de su carrera había recibido 56. Las cifras pueden llegar a ser preocupantes.

De las 43 que le sacaron desde 2013, 33 fueron por cometer faltas, 8 por protestar y las tres restantes por motivos diversos: una por insultar a un rival, otra por desobedecer al árbitro y otra que corresponde a una mano mal cobrada. En resumen, el 75% de las tarjetas fueron por faltas.

Roffé insistió en que Pérez debía recurrir a un psicólogo deportivo, porque con su ayuda podría salir adelante y consideró común la frustración al perder la pelota y la consecuente agresión. “Es una pena porque es un jugador talentoso, no solo de marca, y estas conductas le limitan el potencial”, opinó para concluir.

Lo cierto es que a pesar de las habilidades y del nivel que pueda tener como jugador, si su temperamento afecta el desempeño que tiene dentro de la cancha, se vuelve uno de los aspectos más importantes y es por eso que merece un análisis. Cien amarillas no son poca cosa y es probable que Pérez necesite reflexionar al respecto.

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