Una charla mano a mano con Pedro Troglio, el actual técnico de Tigre, quien recuerda su paso por la Selección subcampeona del Mundial de Italia '90. Además, habla de su relación con los jugadores más jovenes y se define como "un tipo frontal, abierto y divertido".

"Lo unico que les pido a los jugadores es que amen lo que hacen"

Matías Moyano Lareo @matumoyano

28 DE MARZO DE 2018

Es uno de los pocos ex jugadores que formaron parte del plantel que disputó el Mundial de Italia 1990 y que se desempeña como director técnico en la actualidad. Sigue tomando su trabajo con el mismo ímpetu y la franqueza con la que ejercía su carrera de jugador. Pedro Troglio es querido y respetado en cada grupo de trabajo por los que ha pasado. Cuando uno habla con él, ve que no ha sido superado por su propia figura, o como se diría en el barrio “no se la cree”. Es el mismo “Pedrito” de 17 años que debutaba en River, pero con mucha más experiencia.

Luego del entrenamiento de Tigre, en Pilar, El Equipo charló con él de su pasado, su presente y del futuro de su equipo.

-¿Qué edad tenías y por qué equipos habías pasado cuando te convocan a la Selección Nacional?

-La primera vez que me convocan fue a una selección juvenil, y en aquel momento yo tenía 19 años. La convocatoria me llegó en la previa del partido que jugábamos la semifinal de la Copa Libertadores de América contra Argentinos Juniors en la cancha de Vélez, para después debutar en la selección mayor el 10 de diciembre de 1987, cuando tenía 21 años, en un partido de revancha de la final del mundo de 1986 contra Alemania, también en la cancha de Vélez, que ganamos 1 a 0. Primero había jugado en las inferiores de Boca, porque me quedaba cerca “La Candela”, en Morón, donde yo vivía, y después desde octava división en River hasta mi debut en primera, a los 17 años.

-¿Cómo fue para vos formar parte de ese plantel? ¿Eras de los más pibes?

-Sí, tenía 20 años y empezaba a jugar al lado de jugadores como Maradona, Ruggeri, Brown, Burruchaga, era un sueño impresionante. Yo ya estaba jugando en River con la mayoría de ellos, campeones de América y del mundo, entonces el entrar no fue tan complicado, porque conocía a Pumpido, a Ruggeri, al negro Enrique, así que fue simple, pero igual fue un orgullo la primera vez que me cruce a Diego. Imaginate la emoción de compartir un hotel, una comida, un vestuario y un partido de fútbol con el más grande de la historia. Así que para mí fue, y sigue siendo, el recuerdo más lindo que tengo.

-¿Con quién compartías habitación en las concentraciones?

-En River y en la Selección, siempre con Caniggia, ya que yo vivía en Ituzaingó, al igual que Claudio, que había venido de Henderson a la casa de una tía, y nos íbamos, desde que él tenía 13 años y yo 15, en el tren y en el colectivo a entrenar todos los días, e hicimos una gran amistad, y cuando llegamos a primera, primero yo y después él, empezamos a compartir habitación ahí, y después en la Selección.

-¿Hay alguna anécdota en la habitación o en la convivencia con tus compañeros?

-La anécdota más conocida era en la previa del Mundial, cuando nos agarró Bilardo jugando al Nintendo, a un juego que había que rescatar a la princesa, que se llama Mario Bross, y estábamos hora tras hora. Un día entró el Narigón y estábamos jugando, así que nos cagó a pedos y después llamó a un testigo, que era Pumpido. Al otro día hicimos fútbol y nos sacó del equipo titular, como que no estábamos pensando en lo que era un Mundial, así que, a partir de ahí, a lo único que me dediqué fue a ver videos y, lógicamente, nunca más jugar en la previa de un Mundial.

-¿Y alguna otra con Carlos Bilardo debe haber, no?

-Con Bilardo hubo miles. El Narigón, por ejemplo, le hizo hacer una entrada en calor al “Cabezón” Ruggeri, para ver si estaba bien, arriba de un avión, o a mí me hizo cortar un cactus en Roma, ya que había uno en la puerta de un vecino, del portero del edificio. El vino a ver un partido conmigo en mi casa y me hizo cortar el cactus porque dijo que traía mala suerte, así que yo, a las tres de la mañana, con mi hermano, cortándolo. Al otro día hubo un quilombo con el portero, cuando se levantó y vio que el cactus no estaba. Pero bueno, Bilardo también nos agarró en una época, donde creo que hoy sería inviable, ya que los chicos de hoy no te dan la pelota que nosotros en aquel momento le dábamos a un entrenador.

-¿Por qué crees que el Mundial de Italia 90 está tan arraigado en el sentimiento de la gente? Incluso pareciera que se lo recuerda con más emoción que hasta el mismo México 86.

-Porque, primero, nosotros llegamos a ese Mundial con muchos jugadores lesionados, entre ellos Diego, en una pierna, como se podrá ver en las imágenes del tobillo totalmente negro y las dos uñas encarnadas, y el tipo jugaba con infiltraciones para poder entrar a la cancha, diezmado, y lógicamente, no en el nivel de México 86, y era el referente. Otras razones fueron porque nos silbaron el himno, porque el “Cabezón” Ruggeri estaba con pubalgia, porque llegábamos bastante golpeados, y encima jugamos en contra de toda la gente, sobre todo la gente del norte, porque la del sur de Italia nos apoyó, porque nos robaron la final, con un penal que no fue, por eso yo no me olvido más, y mi recuerdo imborrable es el día que aterrizamos, y el avión se puso de costado y veíamos a toda la gente festejando abajo, y tardamos cinco horas desde el aeropuerto de Ezeiza a la Casa Rosada. Son cosas que pasa el tiempo y uno tiene el recuerdo imborrable de eso que viví, que fue algo que nunca más voy a olvidar, ya que pasaron 26 años y sigo teniendo un recuerdo increíble.

-¿Cómo te toca vivir hoy, como entrenador, la gran diferencia que tienen los planteles con los de antes? Antes era mate, truco y los más chicos aprendían mucho escuchando a los más grandes. ¿Hoy se da eso, o cada uno está metido en su celular, en el Play Station, Facebook, Twitter, etc.?

-Me tengo que adaptar. Yo tengo la suerte de tener hijos adolescentes, de todas las edades, y si yo no me subo a esa realidad, quedo en el camino. Lamentablemente no puedo hacerle sentir a los chicos que en mi época tomábamos mate, jugábamos al truco y mirábamos cuatro canales, porque hoy tienen 100 canales, tienen televisión, tienen Mac, tienen todo. Entonces tengo que adaptarme a esta vida y sentir que no va a ser igual que antes, nunca. Lo único que les pido es que amen lo que hacen, porque no hay nada más lindo que vivir de lo que te gusta y, entonces, al menos les pido eso; yo no les prohíbo nada, y esto sí que se puede, porque los chicos de hoy siguen haciendo lo mismo que nosotros, como con nuestras novias; eso no cambió, entonces el amor por el fútbol tampoco tiene que cambiar.

-¿Cómo es tu presente en Tigre? Es un equipo que se ganó su lugar en Primera y pareciera ser que nadie lo mueve de ahí, ya que, generalmente, más allá de las buenas o malas rachas no se lo ve en problemas de promedio o pensando en el descenso...

-La tranquilidad de estar así hace que yo pueda pensar en positivo y pensar en algo más de lo que hace Tigre, de mantenerse en Primera. Creo que tenemos un grupo de jugadores con una técnica bárbara, y confío en que el campeonato que viene podamos aspirar a algo más, pero bueno, lógicamente, depende de lo que uno les pueda trasmitir en la cabeza. Es un club que esta ordenado, cómodo, sin deudas, al día, así que lo único que hay que hacer es jugar, y tratar de hacerlo bien y dejar todo adentro de la cancha, así que ojalá que podamos hacer un salto de calidad.

-¿Cómo te ves vos como técnico? En cada lugar por donde pasaste, al igual que cuando eras jugador, todos te respetan, te quieren y hablan muy bien de vos; como profesional y como persona.

-Yo siempre intenté ser bastante frontal. Esta es una profesión donde el que juega está contento y el que no juega no te quiere, y lo que sí, ninguno va a poder decir que nunca le dije las cosas que había que decirle en la cara. Y después soy un tipo abierto, divertido, y eso provoca también que la gente venga a trabajar con alegría, no solamente los jugadores, sino también los utileros, con los cuales me junto a comer asados. Entonces, si te va mal, al menos dejás un buen recuerdo como persona, y si te va bien, encima dejás un buen recuerdo como todo, pero generalmente me ha ido bien, porque en definitiva, cuando te manejás de esta manera, a la larga, te va siempre bien, porque todos tiran para el mismo lado y hay una química que genera que todo salga bien.

-Una sola pregunta de Gimnasia: Muchas veces se habla de presión de las hinchadas y hasta amenazas a los planteles. Muy lejos de todo eso ¿Qué me podés contar de tu relación con una tripera de ley, como lo es Ofelia Wilhelm (madre de Cristina Fernández de Kirchner)?

-Ofelia, primero, que es una hincha de Gimnasia enferma, y como tal, te manifiesta todo lo que siente, y encima es una tipa con un carácter fuerte, parecido al de la hija, en el sentido que tiene su presencia de líder, y venía ahí y capaz que te reprochaba algo que habías hecho mal en la cancha, o a alguno que había errado un penal lo cagaba a pedos o lo volvía loco, pero tengo una relación bárbara. Es una tipa a la que quiero mucho, a la que voy a visitar cuando puedo y seguramente que va más allá de la política o no, porque yo conocí, como a tantos hinchas de Gimnasia, a otra hincha de esas fervientes, pero que aprendí a quererla mucho.

Pedro es así como se lo ve, una persona sencilla y transparente. Respetuoso de su trabajo y de los que trabajan con él. Y como siempre, es un gusto hablar con él.

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