Fernando Cavenaghi anunció su despedida de River con la Copa en la mano. El hombre que volvió en el peor momento de la historia del club para jugar en la B Nacional se va por la puerta más grande. 

El ídolo que dice adiós

Ezequiel Max Tizzani

28 DE MARZO DE 2018

El ídolo.

16 de mayo de 2004, Torneo Clausura. Boca Juniors llegaba como puntero a la fecha 14 en la que debía recibir a su escolta y eterno rival: River Plate. El equipo del barrio de La Boca venía de conseguir el Apertura 2003 y el conjunto de Nuñez había obtenido los últimos dos Clausura: 2002 y 2003.

El partido estaba tenso y se jugaba como una final, la cual ninguno de los dos quería perder. En las tribunas, el aliento de las hinchadas era constante. En la segunda y tercera bandeja de la tribuna que da al Riachuelo, los hinchas de River se emocionaban con un remate de Maxi López que Roberto Abbondanzieri despejó al tiro de esquina. Desde ese córner, ejecutado por Marcelo Gallardo, llegaría el único gol del partido. Claudio Husaín cabecearía y dejaría solo debajo del arco al goleador de River: Fernando Cavenaghi. El invicto del equipo xeneize no existía más y el puntero era el conjunto millonario, posición que mantendría hasta el final del torneo, el cual fue el último de Cavenaghi en su primer paso por el club de sus amores.

Luego de ser goleador de River en los torneos Apertura 2002, 2003, Clausura 2002, 2003 y 2004, máximo anotador del torneo en el Clausura 02’, su venta era inminente. El CaveGol se iría al Spartak de Rusia, donde estaría tres años. Su siguiente club fue el Bordeaux de Francia, en donde pasaría su auge en el fútbol europeo: 5 títulos y 46 goles en 105 partidos. Pese a su excelente presente, el club francés lo cedería a préstamo dos veces en una temporada, al Mallorca de España y al Internacional de Brasil.

Mientras el préstamo de Fernando había terminado y debía volver a Francia, el club de sus amores sufría el peor momento de su historia, en el que tocó la lona como un boxeador a punto de ser noqueado: el descenso.

Al ver la situación crítica en la que uno de los clubes más grandes de Argentina, y del cual es hincha, se encontraba, Cavenaghi decidía regresar y jugar ese torneo que era desconocido para todo el pueblo millonario.

Allí se encontraría con rivales como Guillermo Brown de Puerto Madryn, Defensa y Justicia o Desamparados de San Juan, lugares a los que no estaba acostumbrados el CaveGol. Dejando atrás la posibilidad de seguir en Europa o de ganar muchísimo más dinero de lo que ganó en la B Nacional, él decidió volver.

“En los momentos buenos es más fácil estar, la gente se ve en las difíciles. Regreso decidido a poner todo para sacarlo de éste momento”, fueron las palabras del delantero al ser presentado en lo que sería su vuelta. Demostrando el amor por la camiseta de River y su agradecimiento con el club que lo hizo llegar a primera agregó: “Ahora quiero retirarme acá”.

Así, poco a poco, fue revalidando cada vez más como un ídolo de la institución. Durante esa temporada en la segunda división convirtió 19 goles en 38 partidos, goleador de River y asistencia perfecta, con actuaciones destacadas como tres goles frente a Atlanta en el 7 a 1 y cuatro goles a Gimnasia y Esgrima de Jujuy en la victoria por 4 a 1.

Una vez que el boxeador que parecía noqueado se levantó, en gran parte por Cavenaghi, y estaba dispuesto a ganarle a cualquiera que se le cruce por delante, ocurrió algo inesperado. Por una decisión del cuerpo técnico y la dirigencia, el goleador de River abandonaría la institución por la puerta de atrás, luego de brindarle tantas sonrisas. El deseo de retirarse en el club del que es hincha parecía que no se iba a cumplir.

El futuro del Torito sería el Villarreal, donde no tuvo muchos minutos, por lo que a los seis meses abandonaría el club español y se trasladaría al Pachuca donde jugaría hasta finales de 2013.

Con una nueva dirigencia y otra propuesta, Cavenaghi comenzó a sonar como posible refuerzo de River, frente a lo que él respondió “quiero volver a River”.

Y así fue, volvió, como siempre. Entregando todo y dejando el orgullo atrás, simplemente para jugar en donde más le gustaba y conseguir los títulos que tanto deseaba. En su primer año con River consiguió dos títulos locales y uno internacional, el cual no tenía: la Copa Sudamericana.

Durante el 2015 fue muy cuestionado, su estado físico y edad eran la burla de público, pero el demostraría con goles que estaba para seguir. A mitad de año su situación era incierta, parecía que no seguía y entre la dirigencia se pasaban la pelota de un lado para el otro, nadie respondía sobre su futuro. Finalmente se quedó, con voluntad y perseverancia, pensando que luego del receso, podría cumplir un objetivo: ganar la Copa Libertadores.

El objetivo se cumplió, River salió campeón del torneo más importante a nivel continental y era todo alegría. Sin embargo, luego de levantar el trofeo, Cavenaghi declaró que no seguiría más en River. Ese ídolo que estuvo siempre decía adiós de la nada, con la frialdad con la que definía frente al arco y se iba.

Había dicho que en las buenas estaban todos, y él no se lo podía perder. Había vuelto al barro mismo, en el momento más difícil del club. Había pensado que era imposible jugar en la Copa Sudamericana frente a Boca, y lo hizo. Había soñado toda su vida con ganar la Copa Libertadores, y lo consiguió como titular en la final. A los 31’ del segundo tiempo, Cavenaghi le dejaba la cinta de capitán al arquero Marcelo Barovero y se retiraba de la cancha ovacionado por toda la hinchada, demostrándole que estará siempre en el corazón del hincha millonario.

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