Miguel Angel Russo formó con Eduardo Manera la dupla técnica que dirigió a Estudiantes de La Plata en su paso por el Nacional B. A 20 años del título que significó el retorno a Primera, el actual DT de Vélez recuerda las claves de ese éxito. "El logro fue del equipo y de la gente" dijo.

"El objetivo era ascender en el menor tiempo posible"

N. Albornoz, N. Falcón, R. Manini y L. Mazzucchelli

28 DE MARZO DE 2018

Miguel Ángel Russo, director técnico de Vélez Sarsfield, recuerda su paso por Estudiantes de La Plata en el período 1994 / 95, cuando formó una dupla, junto a Eduardo Luján Manera, que dirigió al equipo albirrojo en el Nacional B y concretó un fugaz operativo retorno que demandó ocho meses. En ese lapso, el club platense se coronó campeón y selló el ascenso cuando faltaban cinco fechas para el final del torneo.

- ¿Cómo le llegó la oportunidad de dirigir a Estudiantes junto a Eduardo Manera?

- El club descendió en la penúltima fecha del Clausura 94 después de empatar 3 a 3 con Lanús. Ese mismo día fui a ver a River contra Rosario Central junto con Manera, Carlos Bilardo y Alberto Poletti. Cuando volvíamos en auto escuchábamos el final del partido de Estudiantes. Los comentarios por la radio decían que con ese resultado se había ido al descenso y nos dolió porque somos gente del club. Después, a los tres días de ese partido, desde Estudiantes nos fueron a buscar junto con Manera para ser los nuevos directores técnicos desde la última fecha en primera. Planteamos las exigencias a nivel de trabajo y así arrancamos porque conocíamos bien al club. Teníamos un solo objetivo, que era ascender y en el menor tiempo posible porque sino Estudiantes iba a tener muchas consecuencias a nivel financiero y futbolístico.

- ¿Y cómo fue dirigir el último partido en primera división?

- Estudiantes jugaba en la última fecha contra Racing, ganamos 4 a 1 y ahí se vivió una fiesta. La gente no dejaba terminar el partido, pero por la alegría que tenía, porque desde esos últimos noventa minutos en primera el público entendió rápidamente que el futuro en la B iba a ser promisorio. Ese día se acercaron desde todos los sectores del club y hasta estuvo Bilardo presente.

-¿Fue difícil aceptar el reto de hacerse cargo de aquel Estudiantes que descendió?

- Se hizo una apuesta importante con gente del club y no podíamos fracasar. Estaba en juego el futuro de Estudiantes, también nuestro futuro personal porque yo venía de dirigir cinco años a Lanus en la B y Manera era un técnico muy capaz que hasta había estado a cargo de la selección de Paraguay. Había muchas cosas en juego. Sabíamos que la campaña en la categoría tenía que ser fugaz y así lo fue. Duró solo ocho meses.

- Con respecto al trabajo junto con Manera, ¿tenían una visión de juego muy distinta o lograban un consenso?

- Eduardo siempre me dio libertad para trabajar. Entre los dos combinábamos nuestros trabajos con mucho respeto y humildad porque entendimos que el club era lo principal en ese momento. En cuanto al estilo de juego, en Estudiantes no se pueden tener dos ideas distintas. El equipo ya tenía una línea táctica desde la época de Osvaldo Zubeldía, Bilardo, Manera y después los que seguimos, al ser todos gente del club, intentamos mantener una misma línea porque la esencia histórica de Estudiantes es indestructible.

- ¿Cómo fue el acompañamiento del público en el Nacional B?

- Jugábamos siempre a cancha llena. La gente ayudó muchísimo porque entendió el momento por el que estaba pasando el club. No había que reconstruirlo solo en lo futbolístico sino también a nivel de política e infraestructura porque cuando una institución se va al descenso, no se va el fútbol únicamente, sino que hay un montón de cuestiones que giran alrededor que había que ponerlas en orden. Afortunadamente para eso tuvimos mucho apoyo de la gente

- ¿De qué manera afrontaron la doble competencia entre el Nacional B y la Supercopa Sudamericana?

- Eliminamos al Flamengo en la primera fase y después tuvimos que decidir que iba a ser lo más importante. Fue una lucha y una discusión muy importante con el club porque Manera y yo sosteníamos que este tipo de copas Estudiantes las jugaba siempre y que el Nacional B era un lugar por el que el club tenía que pasar una sola vez. En definitiva apostamos al torneo local. Pusimos un equipo suplente para la copa y tuvimos que resignar la segunda fase. Eso a nivel dirigencial nos trajo cierta complicación, porque significaba dinero para el club y el objetivo nuestro, lejos de eso, era deportivo.

- En la primera fecha Estudiantes empezó empatando 1 a 1 con Chacarita, a partir de ahí ¿fue difícil afrontar la ambición de los rivales en un torneo de ascenso?

- Después de ese partido lancé una frase que quedó reproducida en algunos medios que era “bienvenidos al Nacional B, esto es así”. Fue como un bautismo de fuego para nosotros, porque cuando venís de una categoría superior creés que todo es más simple y la verdad que no es así. Al contrario, es durísimo. Pero para contrarrestar eso hubo que ser protagonistas y de hecho el equipo lo fue.

- ¿El equipo tenía un estilo táctico definido o lo desarrollaron durante el torneo?

- Estudiantes era un club que no estaba acostumbrado a jugar en una categoría menor y por lo tanto los jugadores se fueron acomodando con el paso de las fechas. Llegó la aparición rutilante de Juan Sebastián Verón y después estaban Rubén Capria, que ya era del club, José Luís Calderón, Claudio París y Edgardo Prátola. A su vez, tratamos de reforzar al equipo de la mejor manera posible trayendo entre varios jugadores a Juan Manuel Llop, que fue importante por su experiencia en Newell’s. En resumen fuimos armando un equipo con gente del club que vino de afuera y se amoldó enseguida a lo que era Estudiantes. La esencia que buscamos fue que el club estuviera por sobre todo.

- ¿Qué reflexión le queda de aquella campaña?

- Lo veo como un objetivo cumplido. Pero la gente tuvo mucho que ver en eso. Por ejemplo cuando teníamos que jugar con Deportivo Laferrere de visitante, ellos tenían que hacer de local en la cancha de Independiente porque Estudiantes llevaba 30.000 personas. Yo siempre digo que el logro del ascenso es del club y de la gente. Ni siquiera es un logro mío junto con Manera por más que estábamos a la cabeza del equipo. Todos los jugadores y la gente de Estudiantes entendieron la situación. Transformaron todo lo negativo en positivo y por eso las cosas se dieron así.

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