Matìas Almeyda pone la mirada en la actualidad y las posibilidades de Banfield, el equipo que dirige en Primera División. Pero también repasa su comienzo como técnico en River, admite sus equivocaciones en el manejo del caso de Cavenaghi-Domínguez y reconoce que le gustaría dirigir en Europa y a la Selección Nacional.

"El fútbol que juega Banfield no lo juega ningún equipo"

Federico Liuzzi y Leandro Aversente

28 DE MARZO DE 2018

Mañana lluviosa y fría en el predio deportivo que Banfield posee en la localidad de Luis Guillón. Termina la práctica de fútbol a puertas cerradas sin atención a la prensa y Matías Almeyda, técnico de Banfield se marcha a los vestuarios junto con sus jugadores para darse un baño caliente.

A unos 20 metros de la oficina que el Pelado tiene en el complejo, se escucha cumbia a alto volumen que sale del sector de duchas, señal de buen clima y relación entre los jugadores y el cuerpo técnico, dónde hace unos minutos igresaron Nicolás Bertolo, Lucas Viatri, Walter Erviti, Juan Cazares, Ricardo Tito Noir y el resto del plantel profesional.

Entre mates y algunas facturas de por medio, Almeyda todavía con el pelo mojado y en pantalones cortos de entrenamiento, recordó cómo fueron sus comienzos en su nueva etapa como entrenador profesional.

- ¿Matías, cómo decidiste ser técnico?

- Arranqué hace cuatro años, en el 2012 después del descenso de River, ahí me retiré del fútbol como jugador. Era todo nuevo para mí, porque venía con una idea de juego que era difícil poder plasmar en ese primer año que era justamente mi primera experiencia como entrenador, jugar el Nacional B, y además un panorama complicado políticamente en el club. A pesar de que el objetivo principal que fue volver rápido a primera se logró, mi idea de proyecto personal no lo pude lograr por una cuestión de tiempo.

- ¿Quiénes fueron tus maestros o técnicos en los que te viste y sentiste identificado para crear tu propio estilo?

- Arranque en las inferiores de River. Tuve una escuela con formadores como Federico Vairo, Martín Pando, Adolfo Pedernera, el brasileño Delém y César Laraigneé. Ya en la tercera lo tuve a Alejandro Sabella. Creo que Daniel Passarella me marcó mucho porque me enseñó a ser más profesional y detallista. Del Tolo Gallego aprendí también. Marcelo Bielsa fue otro de los mejores técnicos que tuve. En el exterior me dirigieron grandes entrenadores como Arrigo Sacchi, Alberto Zaccheroni, el sueco Sven Eriksson, Héctor Cúper, entre otros. Todos con diferentes estilos pero siempre rescaté lo positivo de cada uno.

Nosotros en las inferiores estábamos obligados a jugar siempre por abajo, por más que fuéramos duros, era pisar la pelota y jugar por el piso. Nunca se jugaba por arriba. Entonces cuando arranqué como entrenador dije: tenemos que volver a nuestras fuentes porque el fútbol argentino se estaba pareciendo mucho al italiano, con un 4-4-2 y mucho retroceso, sin arriesgar y en busca sólo del resultado. Ahí surgió esta idea de jugar con tres puntas y un enganche. Lo hemos logrado en Banfield. Hoy muchos técnicos están intentando ese modelo.

- ¿Cuáles son los equipos a los que te referís y dónde crees que nace la idea de los entrenadores?

- El Barcelona, el Bayern Munich, la Juventus que ha cambiado su sistema de juego, Bélgica, Estados Unidos. Para mí esta nueva idea nace en Alemania con Jurgen Klinsmann, con diferentes entrenamientos. Passarella en su momento en la década del 90 revolucionó el fútbol local con la implementación del pressing. Bielsa tiene otro estilo muy parecido. El fútbol ha ido cambiando y si no te aggiornas, quedas relegado. Mi idea como entrenador es ser parecido a lo que fui como jugador. Me preparo todos los días para crecer y así poder abrir nuevos horizontes en otros países.

Almeyda ceba mate y mientras prende un cigarrillo acomoda unas carpetas con detalles de los entrenamientos de la semana y algunos informes médicos.

- ¿Cuál es la clave de este Banfield que da gusto ver y no aburre a los amantes del fútbol?

Todos hacemos un fútbol parecido pero a la vez diferente. El que practica Banfield no lo hace ninguno. Eso no significa que sea mejor o peor, sino por la estrategia que utiliza. Nosotros muchas veces defendemos con dos jugadores y atacamos con cinco. Jugamos apostando mucho sin tener un plantel tan largo como los equipos grandes. Contamos con tres delanteros, un enganche y un volante mixto, como (Walter) Erviti. Tenemos un equipo muy reducido, por eso, el proyecto es que pueda nutrirse de jugadores de las inferiores.

- En Banfield ya estás consolidado y reconocido como entrenador, y de esta nueva generación, ¿con quiénes te identificas?

- Hay muchos a los que les gusta el fútbol de mucho toque, presión y buen juego. Pero todos nos manejamos diferente. Hay más entrenadores que juegan de esta manera que los anteriores. Pero es muy difícil decir que los de ésta generación son mejores que los de antes porque nosotros crecimos con ellos. Me gustan Marcelo Gallardo, Darío Franco, el Vasco Arruabarrena, Guillermo Barros Schelotto. Jorge Almirón es uno de los que más me gusta, porque trabaja muchísimo, a pesar de que es resistido por la gente de Independiente por unas declaraciones que hizo, apenas empezó su ciclo.

- Por tu idea y presente lograste devolver a Banfield a primera y afianzarlo a la máxima categoría, la dirigencia te apoya y te convertiste en ídolo de la hinchada, pero ¿cuánto te queda de contrato?

- Tengo contrato hasta diciembre con la posibilidad de que si aparece una buena oferta desde otro país, lo consulto con el presidente. Él ya sabe que deseo crecer, pero tampoco quiero sacar mi mente de lo que es ésta realidad de Banfield.

- Seguramente habrás recibido propuestas para dirigir en Italia o España, y Banfield va a hacer lo imposible para retenerte, pero llegada una oferta ¿la analizarías?

- Si, ofertas tuve varias. Pero hay que estar bien preparado para eso y ver, porque de las que recibí, no todas me motivan. Lo importante es que cuando uno tiene un proyecto sea creíble y que no sólo sea una oportunidad económica, sino uno deportivo que me permita seguir creciendo como entrenador y tratar de lograr cosas importantes. Viví diez años en Europa y no sólo me motiva dirigir en Italia o España, también analizaría ofertas de otros países en los que me gustaría dirigir, como por ejemplo Alemania. De todas formas, tiene que ser un cambio grande para que me traslade con mi familia a otro país. No me desespero porque acá estoy muy bien y el proyecto está encaminado.

- Si haces un balance por lo hecho hasta acá, ¿cómo consideras tu trabajo y cuáles son los próximos objetivos?

- Primero soy un agradecido a este grupo de jugadores, sin ellos no podríamos ser nada. La idea es poder llenarlos de herramientas para que crezcan como profesionales. Quizás el resultado no sea un éxito como el que buscamos que es salir campeones, obviamente. Pero en diciembre pasado cuando quisieron comprar a más de la mitad del equipo, sentí mucho orgullo. Hicimos 20 puntos pero, ¿quién venía a buscar 10 jugadores de Banfield hace cinco años atrás? Entonces, el balance es positivo. El proyecto tiene que seguir porque la idea es que Banfield dentro de un año tenga ocho o nueve jugadores titulares que vengan de las inferiores. Para eso uno es insistente con los proyectos y los tiempos. Tenemos que pensar que el objetivo mayor es el club. El mío es dejar marcado un estilo que vaya desde las inferiores hasta la primera, jugando todos de igual manera. Eso se logra con trabajo, esfuerzo y confianza.

Matías mira por la ventana de su oficina en los vestuarios y observa como los ayudantes de utilería terminan de juntar pelotas, redes y conos. Está atento a todos los detalles. Mientras fuma su segundo cigarrillo, se le ponen los ojos vidriosos de quien sabe si es de emoción, bronca o tristeza, cuando ineludiblemente se toca el tema River, Passarella, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez y la Selección Argentina.

- Matías, vos decís que se necesita tiempo para poder desarrollar un proyecto serio de trabajo, ¿consideras que en River no lo tuviste?

- En River me quedaban ocho meses más de contrato y venía la pretemporada en la que pensé que se podía hacer un click en el cambio de sistema. Estaba esperanzado y muy ilusionado con esa chance. Bueno, se terminó antes de lo previsto y no me permitieron poder desarrollarlo, porque era prácticamente el mismo plantel que está hoy. Si comparamos el esquema que utilizamos nosotros hoy en Banfield, es muy parecido. Pero claramente por otras cuestiones, no pudimos hacerlo.

- ¿Cómo quedó tu relación con Passarella?

- No sé cuál es la palabra justa. Pero creo que fue entendible su postura que obviamente, yo no acepté. Él llegó a una situación en la que: o sigue Passarella y se va Almeyda o viceversa. Evidentemente, esa mesa chica que él tenía, a mí no me quería más. El día de la despedida terminó llorando, pero pensó en él. Esas lágrimas me demostraron su desacuerdo a la decisión del resto de la comisión directiva.

Daniel hasta antes de que empezara su mandato como presidente de River, era el señor Passarella por todo lo bueno que había hecho. Después de su gestión como dirigente, lo empezaron a matar. Tuvo muchos errores como cualquier presidente o político, y como todos sabemos, no le fue para nada bien al frente del club. A pesar de todo lo que pasó, no me puedo olvidar de lo bueno que hizo el tipo por los jóvenes del club. River llegó a ganar más de 250 millones de dólares por jugadores que él mismo fabricó. Yo podría ser el primero en ensuciar a Passarella, pero no es mi estilo. El final no fue el que yo deseaba. Tampoco puedo mirar a atrás y olvidarme de todo lo que me tocó vivir.

- En una oportunidad dijiste que te habías equivocado con Cavenaghi y Domínguez, ¿pudiste aclararlo con ellos?

- Me equivoqué en la forma. La manera que utilicé para comunicarlo fue desacertada. Nunca hablé ni hablaré de lo que nos dijimos con los dos jugadores en una reunión unos meses antes de que pasara todo lo que ya sabemos. Un día lo llamé a Fernando porque estaba cansado de que se hablara de mí cuando ya había pedido disculpas públicas por el mal manejo que tuve. En cambio, el caso de Domínguez era diferente. Él no se podía quedar por un tema personal y contractual. Sin embargo, ellos siempre jugaron conmigo y Cavenghi fue goleador en el Nacional B, cosa que hasta hoy no lo pudo volver lograr.

Reconozco que la comunicación mía fue pésima y me arrepentí de eso. La situación me llevó a cometer ese error del que se va a hablar toda la vida. Vivimos en un país en el que si te arrepentís, no pasa nada porque siempre se sigue hablando de lo mismo. Yo me arrepentí de corazón y ya está.

- Soñas con dirigir a la Selección Argentina?

- Todavía no. Pero si algún día tengo la posibilidad de que me ofrezcan ser el técnico, voy de utilero, de portero o de lo que sea. Como técnico, uno siempre tiene que aspirar a dirigir la Selección. Es lo máximo y lo más lindo que puede existir en el fútbol. Es pertenecer a la AFA y representar a un país por intermedio del deporte más lindo y popular de Argentina. Yo estuve ahí como jugador y sé lo que se siente. El deseo de volver siempre está latente.

Matías Almeyda es un entrenador joven que tiene un buen presente, un promisorio futuro y una gran proyección internacional. El tiempo dirá si puede lograr sus sueños de dirigir en el exterior, volver alguna vez a River, (tema que aunque él públicamente lo niegue le produce sensaciones y emociones de alegría y nostalgia) y por qué no a la Selección. Almeyda es un hombre frontal, honesto, trabajador y pone todo su sentimiento y corazón en lo que hace, con la misma convicción que lo hizo en su etapa como jugador.

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"ESTE BANFIELD TIENE UN ESTILO"

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