Cuando llegó a Almirante Brown desde Formosa, Ibars no tenía lugar en la pensión y se construyó su propio techo cerca de la cancha para poder ir a los entrenamientos. Hoy juega en el primer equipo y alquila un departamento en González Catán.

Vivió un mes en una choza para cumplir su sueño

C. San martín @cami_sanmartin, J. Contreras @jimenacontreras y L. Romana @lii_romana

28 DE MARZO DE 2018

Sebatián Ibars tiene 23 años y nació en Formosa. Hace unos años intentó probarse en Almirante Brown, pero al no ser tenido en cuenta, volvió a su provincia decidido a abandonar su pasión por el fútbol tras los malos resultados. Para mantenerse económicamente trabajó en una constructora y su única relación con el deporte fue jugar con sus amigos en el club Estrada. Pero su vida cambió.

Hace cuatro años, en su segundo intento en el club, el formoseño arribó a Buenos Aires con la ilusión de formar parte del primer equipo de Almirante Brown y de cumplir el deseo de su padre. "Él siempre quiso que llegase a jugar profesionalmente", recordó emocionado Ibars. Pero, una vez más, sus inicios en la institución no fueron fáciles: la pensión, que actualmente alberga a jugadores del interior, no tenía un lugar para él, y al no poseer dinero para instalarse en otro sitio, decidió fabricarse su propio hogar.

Junto a dos compañeros, en iguales condiciones, decidieron construir una choza sobre la vereda, a cinco cuadras del estadio. "Agarramos cuatro palos, una lona y después hicimos un contrapiso", contó el defensor. "Por suerte un vecino nos prestó unas camas y pudimos dormir ahí, pero pasamos hambre y frío", explicó Ibars, y luego continuó: "Decidimos vivir en esas condiciones porque el sueño de todo provinciano es jugar en primera en un equipo de Buenos Aires".

A pesar del poco espacio que había en la pensión, la utilizaron para poder almorzar y cenar junto al resto de los jugadores que dormían allí. Y además, hicieron uso de los vestuarios del club para poder bañarse antes de regresar a la choza. "Son situaciones que te pone la vida que hay que saber superar", reflexionó Ibars.

Cuando todo parecía perdido, y la única salida favorable era volver a Formosa, la dirigencia de Almirante Brown fue comunicado de las precarias condiciones en las que se encontraban los jugadores, y decidieron, provisoriamente, trasladarlos al salón de utilería de Patín Artístico, ubicado en la sede del club. Una vez allí, les compraron camas para que pudieran descansar y rendir mejor en los entrenamientos. "En comparación a donde estabamos viviendo, era un hotel 5 estrellas", reconoció el formoseño.

Finalmente, Ibars quedó seleccionado por el cuerpo técnico y tuvo su propio lugar en la pensión de la institución hasta que consiguió mudarse y vivir de forma independiente. "Estoy muy agradecido al club, me cambió la vida. Yo siento los colores como cualquier hincha por todo lo que tuve que pasar", sostuvo el defensor.

"Ahora alquilo un departamento en González Catán, con mi esposa y mi nene de 2 meses y hasta tengo mi propio auto", contó con emoción el jugador y luego enfatizó: "Cuando falleció mi viejo hace dos años yo le prometí que iba a jugar en Primera, y acá estoy".

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