Para José "Pepe" Romero, el ex DT de All Boys y flamante entrenador de Ferro Carril Oeste, el problema de la falta de buen juego en el fútbol argentino, parte de las divisiones inferiores y de las presiones que ejercen los padres sobre los jovenes jugadores. También responsabiliza a entrenadores y dirigentes a los que "solo les importa ganar".

"Es muy difícil que los chicos puedan divertirse"

Nicolás Argentieri @argentierinico

28 DE MARZO DE 2018

José “Pepe” Romero, extécnico de All Boys y nuevo DT de Ferro, mano a mano con El Equipo, relató cómo es el manejo dirigencial y la importancia que le dan a las inferiores en la actualidad. “¿Cómo salieron? Eso es lo único que te preguntan, lo demás no importa. Yo no quiero que ganen y nada más”. Además, habló de la presión que ejercen los padres sobre los chicos: “Les perforan la cabeza”.

¿José puedo contar con usted para el viernes?”, le pregunté por teléfono mientras llegaba el tren a Chacarita. “Sí, querido. Mándame la dirección por mensajito”. Cumplí con su pedido y le aclaré el horario. La entrevista estaba pautada para las 13.30 pero le pedí si podía estar 13.20 por las dudas. “Mira si no viene”, nos preguntábamos. A las 13.00 clavadas, José llegó a Tea y se dispuso a mirar las tapas de revistas y diarios que adornan la entrada. Estaba con un traje de esos que usaba cuando estaba en el banco de All Boys.

El hincha se amarga todos los fines de semana cuando rueda la pelota en el fútbol argentino. En realidad, casi que ya no anda por el piso sino más bien por el aire. Se observa, con frecuencia, al número tres de un equipo grande levantar la cabeza y pegarle sin asco para arriba. El cuatro hace lo mismo y así sucesivamente. Duelen los ojos, la cabeza y no hay respuestas. En una charla para El Equipo, José “Pepe” Romero enseña que toda esta problemática nace en las inferiores para luego convertirse en lo que vemos todos los domingos y ahora también, lamentablemente, los días de semana.

-¿Cómo es el manejo hoy en día en inferiores?

-Hoy es muy difícil que los chicos puedan divertirse. Tienen mucha presión, empezando por los padres. Es una contra enorme que tienen porque yo imagino a esos padres que están en la cancha gritando, diciéndole de todo al hijo, me los imagino cuando llegan a la casa. Quizás el chico está comiendo, mirando tele o quiere un poco de paz y no pueden tenerla porque hay padres que son pájaros carpinteros, te perforan la cabeza. Son tan fanáticos, quieren que sean buenos jugadores, quieren que sean lo que no fueron ellos. Hay chicos que sienten mucha presión. Ojo, no podemos generalizar, otros no sufren lo mismo.

Romero es una voz autorizada para hablar de la formación de los chicos y reniega de jugar sólo para conseguir un resultado ya que él piensa que eso los deja “vacíos”. Trabajó durante 20 años como preceptor en un colegio de Caseros, barrio donde vivía anteriormente. Actualmente, eligió la calma de El Palomar. Además, estuvo muchos años en las inferiores de All Boys hasta que le llegó la oportunidad de dirigir la primera y lograr en seis años dos ascensos: de la B Metropolitana a la Nacional y posteriormente a Primera División. “Creo que el mejor equipo que dirigí fue el de la Primera B. Fue el equipo que mejor jugó y encima en una categoría donde muchos dicen que no se puede jugar bien al fútbol”, subrayó José. Esta fue la segunda vez en la historia que los de Floresta jugaron en la máxima categoría del fútbol argentino. La primera fue en 1972 y él formó gran parte de ese equipo como jugador. Su nombre es un sinónimo del Club Atlético All Boys.

Romero (quien también jugó en Temperley) cree que toda la histeria transmitida por la sociedad, influye en el trabajo de los entrenadores. “Muchos quieren ganar para que los padres no le digan nada, para conservar su trabajo. Cuando estuve en inferiores traté de que los chicos jueguen para que progresen en su carrera y lleguen a primera no para que ganen y nada más. Es así, vos vas con los chicos a jugar a cualquier lado y viene un dirigente y te pregunta el resultado no por cómo jugó el equipo. ¿Cómo salieron? Es lo único que preguntan, lo demás no importa. Ahí es donde se empieza a trabajar mal”, relató Romero con cierta desazón.

-Trabajaste como preceptor del San José Obrero mucho tiempo. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Surgió por una necesidad laboral que yo tenía en ese momento. No tenía trabajo, sólo escuelas de fútbol que lo hacía por la tarde y también tenía la necesidad de trabajar a la mañana. Yo el fútbol no lo quería dejar. Me anoté en un colegio de mi zona, quedaba a dos cuadras de casa y me llamaron. Ahí empezó una vida que no imaginé, yo pensé que iba a estar un tiempito corto y estuve 20 años. Fue un buen sostén para mi vida ya que era un trabajo del Estado, sabés que llega fin de mes y cobrás, tenés obra social. Una tranquilidad, aunque nadie puede vivir con el sueldo de una docencia.

Lejos de ser un preceptor de esos que se fijan si tenés prolija la patilla o si las mujeres se pintaron las uñas, Pepe siempre estuvo al lado de los chicos para entender sus problemas y escucharlos. “Uno trata de tener mucha paciencia y quizás en el colegio era diferente ya que exigían más límites. Ahora no tanto, cambió un poco todo eso y me parece bien. Lo de ser preceptor me ayudó muchísimo, son experiencias que te van formando y acompañando. Te enseña a compartir, a ayudar, a entender los problemas que tienen los chicos. Cuando yo era preceptor y me ganaba la confianza de los chicos, ellos después te cuentan situaciones que quizás no se la dicen a nadie como cosas de la casa, cosas privadas, problemas. Terminás siendo un consejero y una especie de psicólogo”, explicó Romero

Por último, hizo mención al campeonato de 30 equipos que se viene y al presente del fútbol argentino. “Como idea la veo bien. Quizás quite un poco de presión. Pero lo que estamos esperando todos es ver buen fútbol. Salvo dos equipos, el resto tiene mucha irregularidad. Ojalá que todos empecemos a pensar en el futbol como espectáculo para la gente”.

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