Esta es la historia del nadador que se sumerge en las aguas más frías del mundo sin traje. Además de haber cruzado muchas veces el conocido lago del sur argentino, también nadó en Hawai, Estados Unidos, Ibiza, entre otros lugares.  

Sergio Salomone: el argentino que nadó 10 años seguidos el lago Nahuel Huapi

Lucas Salvatore

28 DE MARZO DE 2018

Cuando se habla de natación en la Argentina, los nombres que primero se vienen a la cabeza son, seguramente, los de José Meolans, Federico Grabich o Georgina Bardach. Cada uno de ellos fue galardonado mundialmente por sus logros obtenidos dentro de las piletas. Sin embargo, si mencionamos a Sergio Salomone, probablemente nadie sepa de quién se está hablando. Reconocido por el Comité Olímpico Argentino por ser el único atleta que cruzó el lago Nahuel Huapi sin traje de neoprene durante diez años seguidos, este nadador hace algo a lo que nadie más se anima: sumergirse en las aguas más frías del mundo sin traje de buzo y nadar durante horas.

Salomone tiene 50 años, está casado con Viviana –su novia desde los 15- con quien tiene dos hijos, Milton (25) y Sofía (18). De chico nadaba, pero cuando empezó la secundaria abandonó la natación para jugar al rugby. Ya de grande, practicó karate y aikido, y cuando se lesionó la rodilla volvió a retomar la disciplina que más le gustaba. Para ese entonces tenía 35 años y quería hacer algo distinto: “Busqué por Internet alguna carrera atractiva y encontré el cruce de 13 km del lago Nahuel Huapi. Me compré el traje de neoprene ya que me habían dicho que el agua iba a estar helada pero decidí tirarme sin ponérmelo. En ese momento fue cuando comenzó toda esta locura”.

Salomone cruzó no sólo el Nahuel Huapi sino que también entre sus logros se encuentran el cruce de las Islas Malvinas -los 5,6 km que separan Jersey Point (Isla Occidental) de Fanning Head (Isla Soledad)-, el Lago Titicaca, la carrera de Oahu Molokai, en Hawai, donde nadó durante 16 horas y 25 minutos seguidos, y el desafío Manhattan Island Marathon Swim de los Estados Unidos, donde braceó 50 kilómetros a través de tres ríos en 8 horas y 12 minutos. Asimismo, también cruzó el Estrecho de Gibraltar entre las costas de Tarifa y Ceuta, nadó alrededor de la isla de Formentera en Ibiza y finalizó octavo entre los 56 competidores del Ice Swimming World Champions, primera edición del campeonato mundial de natación en aguas abiertas gélidas que se desarrolló en Rusia en 2014, donde logró, además, la medalla de plata en la categoría de 45 a 49 años.

Las carreras en aguas abiertas están reguladas por la Federación Internacional de Natación y cada cruce en particular tiene una asociación específica que pone el bote que acompañará al nadador durante todo el recorrido y que será quién homologará que el atleta atravesó todo el circuito correctamente. En Argentina, por ejemplo, el cruce del lago Nahuel Huapi está supervisado por la Prefectura Nacional.

A diferencia de los demás nadadores de estas competiciones, Salomone no es un atleta profesional ni esponsoreado, sino que simplemente lo hace por amor al deporte. “Me financió todo. Podría tener apoyo económico o buscar algún sponsor, pero no quiero que me exijan resultados. Nado por placer y creo que justamente por eso estoy en el nivel que me encuentro ahora”, comenta Salomone.

El nadador argentino entrena todas las semanas, de lunes a sábado, dejando un día de descanso para que el cuerpo se recupere. Realiza todos los días un turno de una hora y media y, tres días a la semana, doble turno. Bajo las órdenes de su entrenador personal, Hugo Pellegrino, un ex nadador y triatleta, Salomone realiza distintos tipos de entrenamientos dependiendo de la carrera que le toque afrontar. Pellegrino le arma un plan que trabaja diferentes niveles aeróbicos y que va variando el consumo de oxígeno. En total, el nadador recorre 50 km por semana dentro de la pileta.

Para cada competición, Salomone se tira al agua, simplemente, con una sunga, antiparras y tapones para los oídos, dejando de lado el traje de neoprene utilizado por la gran mayoría de los nadadores. Durante la carrera, consume cada 45 minutos un gel de hidratos de carbono que le arrojan desde el barco y toma una Gatorade 20 minutos después. Todo esto lo realiza en no más de 30 segundos y, por supuesto, sin tocar el bote y manteniéndose a flote por su cuenta.

La travesía que más le costó fue el cruce del Lago Titicaca, ya que, como en cualquier deporte, a mayor altura, menor es la presión del aire, por lo que la cantidad de oxígeno que ingresa en los pulmones es menor. El lago que separa Perú de Bolivia se encuentra a 3810 metros de altura, lo que produce que se reduzca en un 86% el ingreso del oxígeno. “El cuerpo administra sabiamente el poco aire que entra al organismo y lo direcciona primero al cerebro, luego al corazón y, por último, a los músculos. Vos te tirás a nadar súper entrenado y es como si estuvieras constantemente cansado”, explica Salomone. Para cruzar ese lago tuvo que nadar durante seis horas y, una vez finalizada, al estar al borde de la hipotermia -el agua se encontraba a 12 grados- y tan abatido, tuvo que ser ayudado por los marineros para subirse al barco.

Igualmente, esa no fue la peor temperatura que le tocó experimentar ya que en 2014, cuando participó del Mundial de natación en aguas abiertas gélidas, tuvo que afrontar una carrera a 0 grados. En aquella ocasión, la pileta se fabricó dentro de un cubo de hielo gigante y como el agua estaba en constante movimiento, no llegaba a congelarse. “El frío extremo produce vasoconstricción llevando la presión a 220 y los organizadores te envuelven en toallas calientes hasta que el cuerpo se va aclimatando, un proceso que puede llevar varias horas hasta recuperar la sensibilidad en las manos y los pies”, explicó Salomone tras desfilar con la bandera argentina por la plaza central de Murmansk, donde la natación en el hielo constituye un evento que congrega a toda la ciudad rusa.

La clave del éxito para Salomone está en una matriz que él elaboró y que posee tres aristas: un objetivo concreto, un asesoramiento idóneo y la fuerza de voluntad para entrenarte todos los días. “Con estas tres características, un hombre común y corriente llega a hacer cosas inimaginables”, agrega el nadador. Del mismo modo, el argentino explica que eligió la natación en aguas abiertas por sobre los demás deportes ya que le otorga un elemento fundamental: la libertad. “Lamentablemente debo entrenar en pileta todos los días porque vivo en Capital Federal pero de grande me encantaría jubilarme en el mar”, sintetiza.

“No le veo un final cercano a mis carreras en aguas abiertas pero, si de acá a un mes ocurre algo que no me permita seguir nadando, seguramente empiece a escalar alguna montaña”, comenta Salomone sobre su futuro próximo. Nadando, escalando o corriendo, seguramente el porvenir de este atleta argentino será en el marco del deporte y seguirá exigiendo a su cuerpo al límite de sus posibilidades para demostrar que cualquier persona común y corriente es capaz de lograr todo lo que se proponga.

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